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OPINIÓN

La democracia argentina se encuentra ante la posibilidad de un partido único

Elaboro como tesis a contrastar con la realidad política futura la teoría de que la Argentina, a partir del encumbramiento en el poder político nacional de Alberto Fernández, en el marco del espacio político Frente de Todos, pueda convertir a la disputa política multipartidaria, que caracteriza a nuestro modelo político, en un sistema de Partido Único y/o cuasi Partido Único al estilo del PRI Mexicano cuando este fue hegemonía política en su país.
Esto que esbozo es solamente una tesis, que admite antítesis y que se corroborará o no durante el proceso histórico que dure la presidencia de Alberto Fernández.
Esta teoría fundada en argumentos mucho más imaginarios que fácticos se argumenta en que la distribución del poder político a partir del 10 de diciembre en la Argentina no estará establecida entre oposición formal y oficialismo, sino entre la disputa de poder interna que se desatará irremediablemente dentro de las filas del nuevo gobierno.
Esta disputa de equilibrios de poderes estará caracterizada por la particularidad de conformarse con un un presidente con legitimidad de origen surgida de los votos prestados por otro.
Así, si la gestión ejecutiva de Fernández ordena la microeconomía, si recupera el consumo y el salario, si hace reaccionar a la pequeña y mediana empresa y establece una situación de Estado de bienestar en la clase media alta y media baja, en los votantes de Cambiemos -en un porcentaje importante-, por una convicción anti kirchnerista, se producirá una traslación social de apoyo político a Fernández basada en ese anti kirchnerismo, sin que signifique filiaciones partidarias explícitas a la interna del propio gobierno del Frente de Todos. Aparecerá entonces el Albertismo.
Albertismo, término aún sin nacer que verá su germen en el anti kirchnerismo de los que no formaron nunca parte del núcleo duro del macrismo pero que acompañaron ese proceso político por su odio a Cristina Kirchner.
Si los resultados económicos del nuevo gobierno resultan atractivos para ese sector de la población, la discusión de la macro política nacional se convertirá en la discusión de la micro política del espacio que gobierna.
El resultado entonces será la disputa de los equilibrios de poder dentro del propio espacio oficialista, y el Albertismo generará su legitimidad propia como la generó el macrismo desde los sectores que aborrecían al kirchnerismo.
Otra vez en la Argentina el poder político estará definido por la negación y el odio y no por la convicción y las ideas. Alguna vez alguien dijo “el peronismo no es ni bueno ni malo, es incorregible”, yo ampliaría esa afirmación y diría que la sociedad argentina no es ni buena ni mala, es incorregible.

(*) Abogado.

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