Axel Kicillof, tras la reunión con María Eugenia Vidal, se mostró preocupado por los números de la economía bonaerense y también por la crítica situación del BAPRO.
Axel Kicillof, tras la reunión con María Eugenia Vidal, se mostró preocupado por los números de la economía bonaerense y también por la crítica situación del BAPRO.
LA PROVINCIA

La transición bonaerense se mueve entre números e intrigas que impone la política

Los números están sobre la mesa. Axel Kicillof se los mostró a los intendentes con los que se reunió el jueves en la coqueta Tigre, horas después de que iniciara formalmente el período de transición con María Eugenia Vidal. Según las estimaciones de su equipo, el nuevo gobierno afrontará un “faltante de caja” de 45 mil millones de pesos para hacer frente a los sueldos y aguinaldos de fin de año y al pago de deuda que vence en enero.
Kicillof se arrimó a ese encuentro con un manojo de cifras que lo preocupa. Fue, más allá de la descripción de una situación que vienen analizando con inquietud sus colaboradores, el posible anticipo de que se vienen tiempos de vacas flacas para la Provincia en los que habrá poco margen para repartos discrecionales de fondos. El auditorio pareció más que adecuado: ya hay varios intendentes que están dejando trascender que necesitarán por lo menos adelantos de coparticipación para poder cumplir con sus empleados.
Aquella descripción sumó otra. La que tiene que ver con la situación financiera del Banco Provincia sobre la que la futura administración ha puesto la lupa. “Fue utilizado como un engranaje más de la política de endeudamiento y fuga llevada adelante por el gobierno nacional y provincial”, se describe en el informe que se le entregó a los alcaldes.
Abunda, al describir los activos de la entidad, que mientras en 2015 el 62 por ciento estaba integrado por préstamos, en 2019 esa participación se redujo al 44 por ciento. Y que los títulos públicos, incluidas Leliq, treparon en esos activos del 12 al 26 por ciento.
Cerca de Kicillof cuestionan además que los descuentos del 50 por ciento por compras en supermercados que vino aplicando Vidal le han costado al Bapro entre 6 y 7 mil millones de pesos. Esa promoción no sobreviviría al próximo gobierno.
La otra cuestión que se analiza con detenimiento es el reperfilamiento de deudas que dispuso la Nación y que afectó a Buenos Aires, entre otros distritos, que compraron títulos emitidos por el gobierno nacional. Son unos 500 millones de dólares que la Casa Rosada se comprometió a recomprar para aliviar la situación de las provincias.
De estos temas hablaron Kicillof y Vidal. La Gobernadora garantizó que ese alivio llegará. También se comprometió a dejar fondos suficientes para que el ex ministro de Economía pueda pagar sin sobresaltos los sueldos de diciembre y el aguinaldo.
Aquél mensaje de austeridad no tiene a los alcaldes como únicos destinatarios y empieza a llegar a los sindicatos docentes y estatales. Difícilmente haya el año que viene una recuperación salarial de estos sectores.
Mientras las reuniones de la transición avanzarán esta semana y definirán entre otras cuestiones cómo se diseñará y en qué momento se enviará el Presupuesto a la Legislatura, la política empieza a dar señales en la Provincia en sintonía con el viraje electoral. Habría que tomar nota del viaje a Tucumán y la foto que la vicegobernadora electa Verónica Magario se tomó junto a Alberto Fernández, gobernadores e intendentes. Magario conoce desde hace tiempo a Manzur con quien compartió gabinete en tiempos del gobierno matancero del fallecido Alberto Balestrini. Sin embargo, el dato filoso parece ser el hecho de haber compartido tarima con el presidente electo, cuando justamente ese acto se interpretó como la respuesta del propio Fernández y el PJ territorial al monopolio del festejo de la noche del domingo que ejerció Cristina Kirchner.
Habrá que ver si ese gesto tiene algún punto de contacto con el incipiente “albertismo” que estarían fogoneando algunos alcaldes del Conurbano. Y, en definitiva, cómo podría incidir ese presunto alineamiento en la relación con Kicillof.
Bajo el fuego de la derrota, Vidal debió soportar el asedio pos electoral de la Casa Rosada. La metralla amiga se esparció por las trincheras vidalistas a discreción, con el inocultable objetivo de responsabilizar a la Gobernadora por la derrota electoral del Presidente. En diversos sectores del PRO están convencidos de que el cerebro de esa embestida es Marcos Peña, acaso, como inicio de un proceso de reconfiguración de Juntos por el Cambio en la oposición, del que Macri no tiene en sus planes estar ajeno.
Pese a que el vidalismo se ocupó de rechazar los reproches, el macrismo puro concretó su avanzada bonaerense. Jorge Macri, intendente de Vicente López, habló de una conducción horizontal del espacio. Una forma más bien contundente de señalar que la Gobernadora afronta un escenario de disputa de su liderazgo.

COMENTARIOS