ANÁLISIS

Una victoria más exigua que plantea una transición con menos condiciones a Macri

La victoria electoral de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri fue más exigua que lo esperado. El candidato opositor se había planteado como objetivo superar el 50% de los votos para empezar a construir el poder político que necesitan todos los presidentes al comienzo del mandato. La remontada final del oficialismo, aunque no le sirvió para alcanzar el balotaje, plantea ahora un escenario de transición distinto al que se había bosquejado con el resultado de las PASO.
Anoche mismo el Gobierno se encargó de quitar una piedra del camino, al anunciar el endurecimiento del cepo cambiario, evitándole al ganador de los comicios el costo de pedir esa medida. El inicio de la transición será, entonces, el encuentro de un vencedor y un vencido, pero el presidente electo no tendrá margen para imponer una rendición incondicional al saliente.
Consciente de esa fortaleza inesperada, Macri no sólo se comunicó telefónicamente con Alberto F. sino que lo invitó a desayunar esta mañana, emulando el estilo de transición que es costumbre en Chile, aunque no sea éste el momento para imitar al país trasandino. El ahora presidente electo confirmó anoche el encuentro y prometió “colaborar porque lo único que importa es que los argentinos dejen de sufrir de una vez por todas”.
La victoria del Frente de Todos se cimentó en la provincia de Buenos Aires –lo que explica la amplia diferencia que le sacó Axel Kicillof a María Eugenia Vidal-, pero perdió volumen en otros distritos como Santa Fe (en las PASO Alberto F. había ganado por 10 puntos y ayer empató con Macri) y especialmente Córdoba, donde el presidente saliente estiró la ventaja de 18 a 30 puntos porcentuales, ratificando la supremacía electoral en el territorio mediterráneo.
También retrocedió el peronismo en Entre Ríos, respecto de la sorprendente performance de las PASO, pero ratificó su poderío en el Norte del país y en buena parte de la Patagonia. La zona central, a excepción de la provincia de Buenos Aires (y específicamente el Conurbano), evidenció ayer un cambio en el comportamiento del electorado, tal vez empujado por sectores medios que reaccionaron ante la victoria desmesurada de Alberto F. en agosto.
De acuerdo a los cómputos oficiales, la performance del Frente de Todos no consiguió mejorar demasiado lo hecho en las PASO – Alberto F. sacó solamente unos 300.000 votos más-, pero en cambio Macri sí hizo la diferencia, al sumar dos millones de votos nuevos que evidenciaron que la segunda parte de su campaña, basada en las marchas del “Sí se puede”, fue exitosa para levantar el ánimo y la convocatoria oficialista.
Por lo pronto, al ubicarse en torno al 40% de los votos, Macri se garantiza una salida del poder mucho más decorosa que lo esperado y por ende, queda en condiciones de permanecer en el primer plano de la política argentina, obturando de algún modo el surgimiento de un “posmacrismo” más colegiado que ponga en pie de igualdad al PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Aunque la holgada victoria del alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta lo pone como un “primus inter pares”.

El “nuevo” peronismo
Para Alberto F., el resultado de la víspera no fue auspicioso en términos internos en el peronismo reunificado, porque al quedar por debajo del 50% de los votos dependerá más aún de la figura de Cristina Kirchner, que aportó el mayor caudal electoral al Frente de Todos. Así las cosas, la relación que exista entre ambos en la convivencia del poder será motivo de interpretación permanente, por más que la dupla reniegue de ello.
Cristina se despachó anoche, de movida, con una advertencia interna: “Por favor, nunca más rompan la unidad que requiere el campo nacional y popular”, dijo y cuando giró para mirar a los dirigentes que estaban detrás de ella en el escenario, se detuvo en la figura de Sergio Massa.
El estilo de Alberto F. no es el mismo que patentó Cristina, más férreo y autorreferencial. La ahora vicepresidenta electa ensayó una autocrítica –a su estilo, sin admitirla- al designar a Alberto como candidato, corriéndose ella del primer plano, pero al mismo tiempo se aseguró la postulación de Axel Kicillof en la Provincia, donde tendrá asiento La Cámpora los próximos cuatro años. “Se viene una etapa de reconstrucción”, sostuvo anoche el gobernador electo.
El prematuro regreso del peronismo a la cúspide del poder, que se terminó de confirmar anoche a las 22.24 cuando Macri reconoció la derrota y estalló en euforia el búnker del FdT, puede atribuirse principalmente a una razón: el Gobierno de Cambiemos nunca pudo enderezar el rumbo económico del país y profundizó una crisis que no es nueva, pero que le valió la pérdida del apoyo de sectores que lo habían encumbrado hace sólo cuatro años.

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