Alberto Fernández, tras el amplio triunfo obtenido en las primarias, aspira a convertirse en nuevo presidente de los argentinos.
Alberto Fernández, tras el amplio triunfo obtenido en las primarias, aspira a convertirse en nuevo presidente de los argentinos.
LA COLUMNA DE LA SEMANA

La disyuntiva de votar a ciegas

Tras un largo e intenso peregrinaje, la campaña electoral 2019 llega a su fin con una votación presidencial en la que parecen dadas las condiciones para que emerja un ganador en primera vuelta: el postulante del Frente de Todos (FdT), Alberto Fernández.
El ex jefe de Gabinete del kirchnerismo arrasó en las PASO del 11 de agosto pasado, al obtener 16 puntos de ventaja sobre el mandatario Mauricio Macri, candidato a la reelección por Juntos por el Cambio: 47,78% contra 31,79%, de acuerdo con el recuento definitivo de votos. Con semejante envión, el aspirante del Frente de Todos, Alberto Fernández, encara esta instancia decisiva.
El oficialismo comenzó a transpirar tinta china después del resultado de las primarias, unos comicios en los que esperaba ubicarse apenas unos peldaños por debajo de la dupla Fernández- Cristina Fernández de Kirchner en el ranking de preferencias del electorado y desde entonces debió lidiar con una espesa sensación de ciclo cumplido en el Gobierno.
Al macrismo se le vino el mundo abajo tras las PASO, no solo por su ruidoso traspié en las urnas sino también por una nueva devaluación del peso inmediatamente después de los comicios y una consecuente profundización de la crisis económica en el país que conspiraron aún más contra sus aspiraciones de renovar su contrato de locación en la Casa Rosada.
Si bien las marchas del "Sí, se puede" envalentonaron a Macri y a sus estrategas electorales, el Gobierno sabe que se aferra a una quimera política por estas horas, esperando cosechar este domingo un respaldo que le permita evitar la derrota en primera vuelta y alcanzar un balotaje (pactado para el 24 de noviembre venidero).
Casi 34 millones de personas se encuentran habilitadas para votar este domingo, de acuerdo con datos de la Cámara Nacional Electoral (CNE), y se espera que el 80 por ciento de ese total divida su apoyo entre la dupla Fernández y el binomio oficialista integrado por Macri y el senador peronista Miguel Pichetto.
Así las cosas, se disputarán en la Argentina unos comicios sumamente polarizados y atomizados, en los que solo dos fuerzas políticas absorberían el grueso de los votos, relegando a los demás competidores por la Presidencia a un papel de reparto, más allá de las pretensiones de Roberto Lavagna (de Consenso Federal) se asomar como un tercero en discordia.
La campaña ha sido exigente, con meses de recorridas por todo el país para los candidatos y dos debates presidenciales incluidos, pero sin embargo, ni Macri ni Fernández, los dos principales aspirantes de la Primera Magistratura, han presentado al electorado un programa concreto de propuestas de Gobierno tendientes a revertir la crisis.

Promesas y esperanza
Macri insistió en las últimas semanas en que "lo mejor" está por venir luego de cuatro años de gestión de Cambiemos en el Poder caracterizados por políticas de ajuste y una inflación por las nubes, que propiciaron un deterioro de la calidad de vida de los argentinos y un consecuente aumento de la pobreza, además de un constante retroceso de la actividad productiva.
Por su parte, Fernández cerró en Mar del Plata su campaña proselitista junto a la ex Presidenta diciendo: "Sabemos lo que hay que hacer para poner al país de pie", una frase que infla el pecho de la militancia y dispara interrogantes.
Si el peronismo efectivamente sabe lo que es necesario hacer para poner a la Argentina de pie, por qué terminó ocultando los datos sobre evolución de la pobreza en el país durante el tramo final del Gobierno de Cristina Kirchner, con el ahora candidato a la gobernación bonaerense, Axel Kicillof, cumpliendo funciones de ministro de Economía en ese momento.
Al igual que Macri, Fernández solo empleó parte de su tiempo en la difusión de iniciativas -un puñado- que podría llevar a la práctica en el caso de imponerse en las elecciones, pero la estrategia medular de su campaña consistió en tratar de generar esperanza, confrontando y diferenciándose del actual Gobierno.
En este contexto, da la sensación de que millones de argentinos concurrirán este domingo a las urnas envueltos en la disyuntiva que supone votar a ciegas, es decir, desconociendo efectivamente qué vías de escape planean tanto Macri como Fernández para lograr que el país salga del pozo en el que ha caído.
Ciertamente, nada garantiza que ganando uno u otro candidato a la Presidencia la Argentina esté mejor a partir del próximo 10 de diciembre, o al menos comience a desandar un camino de desarrollo y crecimiento, más allá de las expectativas con las que el electorado acuda a los centros de votación.
Inspirados tanto por deseos de progreso o simpatías personales -nadie puede negar el liderazgo carismático de Cristina- como por antipatías ideológicas y recelos políticos en la intimidad del cuarto oscuro, los argentinos volverán a participar en unos comicios que tendrán nuevamente a la "grieta" como protagonista, aunque en esta ocasión, con una enorme dosis de incertidumbre con respecto al futuro inmediato del país.

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