Más allá de quién ocupe el sillón principal de la Casa de Gobierno provincial, tanto Kicillof como Vidal serán actores centrales de la política bonaerense.
Más allá de quién ocupe el sillón principal de la Casa de Gobierno provincial, tanto Kicillof como Vidal serán actores centrales de la política bonaerense.
LA PROVINCIA

La disputa por el poder político entre dos representantes de la nueva generación

Los bonaerenses decidirán hoy si María Eugenia Vidal fue solo un intervalo en la sucesión de gobiernos peronistas que tuvo la Provincia desde 1987 o si, por el contrario, su administración tendrá sobrevida más allá del 10 de diciembre.
No se trata de una opinión ciudadana soltada al azar. El resultado de las Primarias estableció un marco electoral que acaso condicione el final de la historia. Vidal corre en desventaja luego del pronunciamiento de agosto donde su principal contendiente, Axel Kicillof, la derrotó por largos 18 puntos. El candidato del Frente de Todos arranca el segundo round electoral claramente mejor posicionado proyectado desde ese trampolín.
El oficialismo ha procurado no dar por cerrado el capítulo final de esta historia. Vidal pegó un brusco giro de campaña tras un derrape pronunciado, de una magnitud que ni los más entusiastas dirigentes del propio peronismo esperaban. Pero su camino en busca de tomar cierta distancia de la figura de Mauricio Macri se llenó de obstáculos. El esfuerzo por volver a sus orígenes, a los encuentros cara a cara con la gente, a reuniones con instituciones y distintos sectores que fueron marca registrada de su sorprendente aparición en la Provincia hace poco más de 5 años, se vio erosionado por una situación económica cada vez más compleja.

La crisis todo lo abarca
La crisis que mezcla inflación muy alta, desempleo y un drástico freno al consumo, se pasea sin freno. Y si bien recorre la Provincia sin escalas, descarga sus efectos con más furia sobre los sectores sociales más pobres del Conurbano.
Es justamente en el determinante Gran Buenos Aires que concentra los dos tercios del electorado bonaerense, donde Kicillof obtuvo ventajas indescontables en las Primarias. El oficialismo ha buscado inflar el pecho con las marchas del “Sí, se puede” que Macri encabezó y de las que Vidal participó en sus estaciones bonaerenses, pero ese apoyo conseguido en las calles en esas demostraciones públicas acaso encuentre en los mayoritarios sectores más postergados de la Provincia una barrera poco permeable.
La comodidad del antecedente electoral profundizó la estrategia de campaña vintage del ex ministro de Economía. Recorridas por los pueblos, reuniones con vecinos y actos a la vieja usanza se transformaron en un insumo esencial para Kicillof. También, su discurso horadando sobre el flanco más débil de Juntos por el Cambio: la crisis económica.
Esa modalidad tendiente a no hacer olas y mantener un status quo que el Frente de Todos juzga altamente favorable, también le permitió al candidato esquivar algunas definiciones incómodas. Por caso, las que le vienen pidiendo distintos sectores del peronismo en torno de un eventual gabinete con la mira puesta en el reparto de cargos.
La elección bonaerense anota otra particularidad: la de aparecer monopolizada por dos exponentes de una nueva generación política: la de los 40 y pico. Y que, más allá del resultado electoral, se presume que tendrá una fuerte influencia en el futuro institucional ya no sólo bonaerense sino también del país.
Ese es otro dato a tener en cuenta. El peronismo había optado en los últimos turnos electorales por dirigentes de mayor experiencia. Kicillof, si bien de origen porteño como varios de ellos, representa la novedad de una renovación kirchnerista que podría desempeñar desde el 10 de diciembre responsabilidades de gobierno no sólo en la Provincia, sino también en municipios densamente poblados a través de dirigentes peronistas.
La propia Cristina Kirchner brindó una pista sobre ese trasvasamiento durante su discurso de la semana pasada en el Bosque platense, donde habló de dar paso a las nuevas generaciones. También podría especularse sobre otro aspecto: que la elección bonaerense puede empezar a mostrar al kirchnerismo haciendo su base principal en la Provincia como nunca antes.

Nuevo rol
Vidal, aún con una gestión bajo el brazo, también representa la generación que procura abrirse paso en la discusión del futuro del país. La mandataria ha dicho que cualquiera sea el resultado de la elección, seguirá haciendo política en la Provincia.
Imagina para sí el rol de articuladora, si es que el resultado de las Paso se reitera, de una oposición junto a Horacio Rodríguez Larreta, dirigentes del radicalismo y peronistas que hoy abrevan en la Casa Rosada. Un rol que la empezaría a alejar de Macri si es que el Presidente no logra su propio milagro de forzar el balotaje.
Vidal ha puesto manos a la obra para robustecer ese eventual futuro. Por demás notorio fue el brusco viraje que quedó patentizado en el acto de cierre de campaña que encabezó en la cancha de Platense, en Vicente López. El amarillo, tono distintivo del PRO, fue prolijamente eliminado por los estrategas de campaña del vidalismo. En cambio, aparecieron banderas rojas y gorros del mismo tono con el apellido de la mandataria.
¿Será el anuncio de la toma de distancia del esquema oficialista tal como hoy se lo conoce? ¿Y al mismo tiempo un guiño al radicalismo con el que pretende compartir ruta?
La Gobernadora parece haber comenzado cierto camino de independencia política de Macri. Aquel que prefirió no transitar cuando se puso en juego la posibilidad de adelantar las elecciones de la Provincia para privilegiar más que su futuro, la suerte de su jefe político.
Más allá del resultado electoral, tanto Kicillof como Vidal serán actores centrales de la política bonaerense. Los ciudadanos se encargarán de asignarle a cada uno el rol que tendrán que desempeñar desde el 10 de diciembre. Pero el uno y el otro deberán verse las caras.
Si el Frente de Todos reitera su victoria de agosto, tendrá que dialogar con Vidal para encontrar gobernabilidad y apoyo en la Legislatura ya que la mandataria conservará un abigarrado pelotón de diputados y senadores.
Antes, si ese resultado se confirma y no se registra una sorpresa mayúscula, deberán encarar una posible transición en un clima económico y financiero por demás espeso. Allí comenzarán a poner a prueba una relación personal y política todavía inexistente.

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