La estrategia en el bunker de Alberto Fernández apunta a superar el 50% de los votos para que el candidato pueda acumular poder político.
La estrategia en el bunker de Alberto Fernández apunta a superar el 50% de los votos para que el candidato pueda acumular poder político.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El fin de la ilusión de la mayoría

Macri, que presagia su propia derrota, apunta a consolidar el electorado propio, con definiciones que antes evitaba, mientras Alberto busca superar el 50% y ya tiene los problemas de un gobernante.

Una sucesión de hechos y definiciones políticas galvanizó en los últimos días un giro en la estrategia del Gobierno de cara a las elecciones del 27 de octubre. El propio Mauricio Macri pegó ayer un volantazo al pronunciarse abiertamente “a favor de las dos vidas” y, por ende, en contra de la legalización del aborto. En momentos en que se está jugando su futuro político, el Presidente ya no cultiva la equidistancia en asuntos que son centrales para la sociedad. Cambiemos tampoco.
La coalición gobernante adoptó finalmente un perfil que estaba en el sesgo de sus dirigentes pero que había sido diluido en pos de convertirse en un proyecto político mayoritario. El homenaje a soldados conscriptos que fueron ultimados por la guerrilla hace 44 años en Formosa; la implementación de controles de identidad en transportes públicos y la asimilación de las villas como guaridas narco –que hizo el candidato a vicepresidente Miguel Pichetto- forman parte de esa redefinición.
No se trata de una cadena de declaraciones al azar o medidas de gobierno que parecen tardías, porque Macri ya consumió prácticamente todo su mandato. Por el contrario, el Presidente y sus principales asesores decidieron avanzar en esa dirección. El pronunciamiento a favor de “las dos vidas”, que hizo en la marcha del “Sí se puede” en su paso por Mendoza, fue conversado con el jefe de la campaña de Juntos por el Cambio, Marcos Peña, y también con el secretario de Culto, Alfredo Abriani.
El jefe de Gabinete fue un adalid de las definiciones moderadas tanto en la faz pública como en la mesa chica del Gobierno, donde su influencia sobre Macri fue notoria en los últimos años. A tal punto, que Peña fue el máximo defensor del gradualismo en materia económica, bajo el precepto de que en la Argentina los ajustes no son viables en términos políticos. Pero ahora que las cartas parecen estar echadas, ya no frena las tendencias naturales del auténtico Macri.
El Presidente necesita sumar votos en las próximas elecciones y el 2,8% que sacó Ricardo Gómez Centurión –encaramado entre los pañuelos celestes- no sería desdeñable, ya que los últimos sondeos no están registrando un crecimiento de la candidatura de Macri sino un estancamiento e incluso un leve descenso. Las esperanzas de llegar a un balotaje empiezan, para el oficialismo, en la imperiosa necesidad de alcanzar el 35% de los sufragios, lo que aún no está garantizado.

Ambición peronista
Las proyecciones del opositor Frente de Todos son más ambiciosas en el terreno electoral. La estrategia definida en el bunker de Alberto Fernández apunta a superar el 50% de los votos para que el candidato pueda acumular poder político y consolidar mayorías parlamentarias. La tendencia le resulta favorable y, tal vez por eso mismo, los problemas del postulante del FdT no parecen propios de una campaña sino los de alguien que está muy cerca de gobernar.
La intervención de Alberto en las negociaciones con los gremios aeronáuticos –específicamente con los pilotos de Pablo Biró, el dirigente más beligerante del sector- fue una prueba de esta situación. El candidato opositor convocó a su propia casa al sindicalista y le pidió que bajara la intensidad del conflicto, que hubiera dejado sin vuelos a miles de pasajeros este fin de semana. La palabra de Alberto tuvo más peso que la pelea de Biró con el Gobierno.
El candidato del FdT ya había hecho un llamado a las organizaciones sociales a dejar las calles y ahora intercedió para que los pilotos no paralizaran el transporte aéreo. Contrariamente a la imagen que dejó el kirchnerismo en la “década ganada”, Alberto no es partidario de las manifestaciones ni de las huelgas. Por eso mismo propone un acuerdo económico y social como base para amortiguar el conflicto que proyecta la continuidad de la crisis económica.
Además de los sindicatos y las organizaciones, resulta indispensable para Alberto que las cámaras empresarias se involucren en las conversaciones. Mañana mismo se lanzará como prueba piloto un plan contra el hambre, que contará con la participación de la industria de la alimentación. Será para Alberto una forma de diferenciarse de Macri, tras el brusco aumento de la pobreza, pero también una demostración de la forma en que piensa gobernar la Argentina.
Mientras Alberto empieza a delinear el Gabinete, los técnicos del Grupo Callao redactan las bases de ese acuerdo, en el cual la Iglesia católica aspira a participar en condición de garante. Tanto es así, que no pasó inadvertido el lema de la peregrinación a la Basílica de Luján, en repudio a la grieta que divide a la sociedad desde hace una década. La armonización del clima político se empalmaría también con el interés del Papa Francisco por visitar el país el año que viene.

Tensión con la Justicia
Entre la dirigencia hay por ahora más desconfianza que vocación dialoguista. El foco de tensión está puesto en la Justicia federal, a raíz de una saga de excarcelaciones resonantes como las de Cristóbal López, Fabián de Souza y Gerardo Ferreyra. El dueño de Electroingeniería se atrevió incluso a vaticinar que nunca comenzará el juicio por los cuadernos de la corrupción. El cambio de clima político en Comodoro Py incluyó la renuncia del fiscal general Germán Moldes.
En el Palacio de Tribunales, en tanto, las suspicacias están a la orden del día. El fallo de la Corte Suprema que le dio la razón al Gobierno de Entre Ríos en su demanda contra el decreto por el cual el presidente Macri eliminó el IVA de los alimentos básicos y bajó el impuesto a las Ganancias, cayó como una bomba de profundidad en la Casa Rosada. Otra vez, en la sede gubernamental apuntaron contra el supremo Ricardo Lorenzetti por una supuesta maniobra a favor del PJ.
La diputada Elisa Carrió volvió a hacer blanco en el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, por su presunta tendencia a beneficiar a los gobernadores antes que a la Nación. Aunque Macri salió a defender a su ministro, las críticas de “Lilita” no cesarán porque, en el fondo, intuye que Frigerio participa de la construcción del posmacrismo, al cual ella no sería convocada, en la nueva etapa política que se abriría tras las elecciones.
De ese armado incipiente forma parte, en cambio, el mendocino Alfredo Cornejo, que acaba de garantizar la continuidad del radicalismo en la Gobernación provincial y que, pese a que ayer posó para la foto junto a Macri, ya dio señales de que no seguirá acatando su liderazgo en caso de que pierda la elección presidencial. Cornejo se perfila como un líder de oposición que tomará del legado de Macri el discurso anti-populista, pero con una concepción más política que la del PRO.
Macri no tiene tiempo, ahora, para proyectar a futuro. La urgencia que lo lleva a tratar de consolidar su propio electorado le bloquea, paradójicamente, el acceso a las mayorías que le dieron envión a la ilusión política de Cambiemos sólo cuatro años atrás.

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