¿Misión imposible?
OPINIÓN

¿Misión imposible?

Podríamos elegir el vaso medio lleno. Y decir que a Inglaterra, rival de Los Pumas en el decisivo partido del sábado próximo, le llevó 73 minutos marcar su cuarto try ante Tonga para lograr el deseado punto bonus. Argentina, en cambio, lo consiguió en apenas 28 minutos. El problema fue que Inglaterra mantuvo un ritmo regular todo el partido. Los Pumas no. Después de ese gran inicio, Los Pumas no pudieron sumar ayer un solo punto más. Otra vez faltó velocidad y precisión cuando se quiso mover la pelota con las manos. Y, más preocupante aún, Los Pumas fallaron el treinta por ciento de sus tackles. Una media impactante, que se desnudó en los dos tries de Tonga y que abre nuevas dudas. Jugando así, parece claro, suena imposible que Los Pumas puedan soñar con la clasificación a segunda fase.
Es cierto. Es fácil el análisis mirando por TV desde la casa y no dentro de la cancha, bajo una sensación térmica que trepó a los 45 grados, un duro sol de casi mediodía y contra tonganos que imponen su potencia física en cada contacto. Y que luchan hasta el final.
Lo hicieron en el debut contra Inglaterra y volvieron a hacerlo el sábado contra Los Pumas. Inglaterra es el primer país del Mundial de Japón con mayor cantidad de jugadores de rugby, afiliados o no (2.139.604). Argentina el octavo (138.241). Tonga es el último de la lista. Tiene apenas mil jugadores. Y varios de ellos son semiprofesionales, favorecidos estos últimos años por el programa de desarrollo Pacific Islands Combine, que la World Rugby impulsó en las islas del Pacífico Sur.
En el Mundial de 2015, Tonga costó más al inicio, pero Argentina, aún sin jugar bien, ganó 45-16 y aquella tarde terminó con fiesta en Leicester. Hasta Diego Maradona bailó dentro del vestuario con el capitán Agustín Creevy. Aquella victoria fue la quinta de Los Pumas en siete test matches. Las únicas dos derrotas habían sido contra los All Blacks. El triunfo de ayer rompió en cambio una racha de diez derrotas seguidas. Creevy ya no solo no es el capitán. Ayer tampoco fue titular. El nuevo capitán, Pablo Matera, sorprendió cuando al terminar el partido dijo que no sabía que Los Pumas llevaban diez cotejos sin triunfos. También sorprendió, pero a favor, el hooker reemplazante de Creevy, Julián Montoya, que marcó tres tries y fue elegido jugador del partido. Otro
contraste respecto del duelo de 2015 contra Tonga es el caso de Nico Sánchez. En 2015, el apertura fue goleador y figura anotando 25 puntos. Pero en 2019, igual que Creevy, él también perdió su condición de titular. Benjamín Urdapilleta, su reemplazante, confirmó que está en mejor forma.
Creevy y Sánchez (especialmente el segundo) son acaso la confirmación de cómo afectó a Los Pumas la gran temporada de Jaguares finalista del Súper Rugby. Ambos jugadores son caras principales en las publicidades en las trasmisiones de ESPN, un espacio que ganaron a fuerza de actuaciones notables. Pero llegaron sin frescura al Mundial de Japón. Se nota. Y el equipo lo sufre. Porque algo similar le sucede a los centros (Matías Orlando y Jerónimo de la Fuente). Y ayer también al full back Emiliano Bofelli y hasta a Diego Moroni. La pelota que volaba en Jaguares se cae en Los Pumas después de unos pocos pases. Los backs parecen sufrir con un estilo que privilegia el pase plano sobre la marca rival y no busca los espacios. Los forwards, pese a cierta declinación física de Matera, lideran con sus formaciones. Dan hoy las pocas esperanzas que se pueden tener contra Inglaterra.
El Hanazono, construido en 1929, es el estadio de rugby más antiguo en Japón. Ayer fue dominado por argentinos. Los locales se entusiasmaron unas horas después con la histórica victoria de su selección ante Irlanda. En el final del primer tiempo, Japón, que atacó siempre y dio gran espectáculo, cumplió diez fases con la pelota yendo de mano en mano, de un costado a otro de la cancha, sin que se le cayera absolutamente a nadie. Su try del segundo tiempo fue velocidad y precisión. Es la frescura que le falta a Los Pumas, que están claramente faltos de confianza. Solo así pueden explicarse los nervios y miedos previos al partido contra Tonga, considerado antes del Mundial como el rival más débil del grupo. “Ahora -escribió antes del partido Alejo Miranda, enviado del diario La Nación- hasta una victoria de los Pumas está en tela de juicio”.
En rigor, asegurado rápido el punto bonus, la victoria del sábado contra Tonga jamás peligró. Distinto hubiese sido, tal vez, si a Tonga le hubiesen dado try penal, como reclamaron muchos, en la última jugada del primer tiempo que Lavanini, oportuno, salvó de modo polémico. “A Tonga -ironizaron algunos después de esa jugada- la referearon como país chico”. El árbitro sudafricano Jaco Peyper, el mismo del Argentina-Tonga de 2015, aprobó la acción, igual que el árbitro TMO, inglés. Ambientes del rugby se quejaron estos días porque la protesta inicial (luego rectificada) del entrenador Mario Ledesma por el arbitraje contra Francia era propia del fútbol y no del rugby. Algo “futbolizada” podrá estar también la previa del duelo del sábado. Porque el rival es Inglaterra. Aunque ahora, eso sí, Maradona ni siquiera estará en la tribuna.

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