Alberto Fernández se reunió con Matías Lammens, candidato en la ciudad de Buenos Aires, y hoy viaja a Córdoba, los dos distritos en los que ganó Cambiemos.
Alberto Fernández se reunió con Matías Lammens, candidato en la ciudad de Buenos Aires, y hoy viaja a Córdoba, los dos distritos en los que ganó Cambiemos.
PANORAMA NACIONAL

Un pacto político para que no se ponga en riesgo la gobernabilidad

La sanción de la emergencia alimentaria en Diputados corporizó un entendimiento para que las diferencias entre el Gobierno y el PJ no se resuelvan en las calles, sino en las urnas.

El presidente Mauricio Macri y el candidato con más chances de sucederlo el 10 de diciembre, Alberto Fernández, tienen ante sí tres meses mucho más complicados de lo que ambos pensaron que les podía esperar en este tramo final de 2019. La multiplicación de protestas en los últimos días dejó la imagen de un país en crisis, en el que irrumpen actores poco afectos a los acuerdos políticos, que en el fondo buscan marcar la cancha tanto al Gobierno como al peronismo. Las marchas y manifestaciones tuvieron ese objetivo.
Macri y Fernández siguen siendo los principales candidatos a la Presidencia para la elección del 27 de octubre, pero el resultado de las PASO le impuso al postulante del Frente de Todos una responsabilidad anticipada, para que no se ponga en riesgo la gobernabilidad. El mes largo transcurrido desde las primarias de agosto llevó al Presidente y a su más que probable sucesor a establecer un pacto político tácito, que se corporizó en la sanción de la emergencia alimentaria.
El comportamiento de los bloques de Cambiemos y de las distintas bancadas que sellaron la unidad peronista en este proceso electoral fue una muestra de que Macri y Fernández llegaron a un entendimiento básico:
la calle no será el escenario en el cual se dirimirán las diferencias entre el oficialismo y la oposición. De ahí el significativo llamado de Alberto a la desmovilización de las organizaciones sociales, pese a que buena parte de ellas se enroló en el Frente de Todos.
Macri ya había hecho lo suyo cuando autorizó al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, a establecer controles cambiarios para cauterizar la sangría de reservas del Banco Central, que es una de las principales preocupaciones de Alberto Fernández. El Presidente también tuvo charlas con otros referentes del Frente de Todos como Sergio Massa, con el titular de Diputados Emilio Monzó como facilitador. Con la única que no habló Macri todavía es con Cristina Kirchner.
El diálogo político entre el Presidente y su antecesora es nulo desde que ella se negó a traspasarle los atributos del mando en 2015. Y Macri no parece dispuesto a repetir esa historia negativa este año. Anida en el Gobierno la idea de retirarse del poder apegado a las formas republicanas. La misma lógica impera en la administración de María Eugenia Vidal. Pero Cristina –que estará en Cuba hasta fin de mes- ejerce un liderazgo que va más allá de lo que suceda el 10 de diciembre.

Cristina conducción
“Mi conductora es Cristina Fernández de Kirchner”, se le escuchó decir a Agustín Rossi, el jefe de los diputados kirchneristas, antes de la votación de la emergencia alimentaria en la Cámara baja. La pregunta que se hacía por lo bajo en el salón de los Pasos Perdidos era si esos diputados responderán a Alberto Fernández si éste llega efectivamente a la Presidencia. Los antecedentes del doble comando fueron conflictivos en el peronismo. Por eso Alberto amplía el tablero del PJ.
Sin ir más lejos, este mismo domingo participará de una misa en homenaje a José Manuel de la Sota en Córdoba, una provincia cuyo electorado no es, precisamente, afecto al kirchnerismo. Unos 100 intendentes locales le ratificarán allí su apoyo electoral, en el único distrito en el que ganó Macri en las PASO además de la ciudad de Buenos Aires. La estrategia del albertismo es rodear al gobernador Juan Schiaretti de tal modo de atraer a sus votantes de cara al 27 de octubre.
El candidato presidencial del Frente de Todos también potenciará la campaña en la CABA. El martes participará de un acto conjunto con Matías Lammens, quien enfrenta al alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta. Y el miércoles partirá rumbo a Lima, Perú, para una reunión con el presidente Martín Vizcarra. Fernández viene de mantener encuentros similares en España y Portugal. El hecho de que lo reciban presidentes en ejercicio da una idea de cómo ven la realidad argentina.
También hubo señales políticas de Washington. Si bien la administración de Donald Trump afirma oficialmente que la elección que vale será la de octubre –en línea con lo que dice Macri-, por lo bajo deja trascender que espera que Alberto sea más pragmático que ideológico en caso de llegar al poder. Al menos eso es lo que deslizaron integrantes de la delegación que acompañó a Ivanka Trump en su reciente visita a Jujuy. El embajador Prado también se comunicó con Fernández.

“El que suena, suena”
En este contexto, ya comenzó en el peronismo reunificado la danza de nombres para el eventual Gabinete de Fernández. Un diputado que figura entre los convocables ordenó a sus colaboradores que se mantengan en estricto silencio: “Alberto es como Néstor (Kirchner). El que suena, suena”, advirtió en una charla reservada en su despacho. También hay gobernadores e intendentes del PJ –uno bonaerense- que son mencionados para integrar el próximo elenco gubernamental.
En forma paralela, la estrategia electoral de la principal fuerza opositora está lejos de conformarse con el resultado de las PASO. En el bunker albertista de la calle México confían en que Macri seguirá perdiendo votos y trabajan para que vayan al Frente de Todos y no a Roberto Lavagna, de Consenso Federal. En el plano territorial, apuntan a ganar grandes ciudades como Mar del Plata y Bahía Blanca. Y eventualmente provincias como Mendoza.
Pese a que el kirchnerismo fue rechazado por la clase media, lo que explicó el advenimiento de Cambiemos en 2015, en el Frente de Todos advierten que esa franja de la sociedad fue castigada por la política económica de Macri y que la votación de las primarias fue una protesta masiva en su contra. Desde el oficialismo, solamente Miguel Pichetto ensaya un discurso tendiente a empatizar con esos sectores medios, cuando afirma que financian –al pagar impuestos- los planes sociales.
Pichetto ya decía lo mismo cuando era una figura del peronismo federal, antes de acompañar a Macri en su proyecto reeleccionista. Ahora, sus declaraciones le provocaron algún cortocircuito con la mesa chica de la Casa Rosada, tal como blanqueó el propio senador. Pese a ello, el próximo miércoles ratificará su postura en la sesión de la Cámara alta en la que se terminará de sancionar la ley de emergencia alimentaria, tal como fue acordado entre el oficialismo y la oposición.
El compañero de fórmula de Macri no es el único molesto con la imagen de brazos caídos que transmite Cambiemos. Lo mismo sucede con Elisa Carrió, quien por su carácter se mueve más suelta en la adversidad. En el PRO, en tanto, parece haber relaciones quebradas: una de ellas es la de Vidal y el jefe de Gabinete, Marcos Peña. El propio Macri habría intentado, sin suerte, una recomposición. La derrota oficialista fue tan contundente que golpeó el ánimo de sus dirigentes.
En el Frente de Todos, el ánimo es inverso, pero a la euforia inicial le siguió una preocupación creciente por la situación en la que le tocaría a Alberto Fernández tomar las riendas del país. Por eso el candidato ya propuso de antemano a la CGT y la UIA un acuerdo social que fije una tregua de 180 días entre precios y salarios, como una forma de alejar el fantasma de la hiperinflación. El 4% de agosto –y de 4,5% si se toma sólo a los alimentos- fue una clara señal de advertencia.

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