PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El oficialismo intenta una reacción, en un escenario altamente desfavorable

Las marchas de ayer, en apoyo a Macri, volvieron a apuntar contra el kirchnerismo, pero el mensaje del Gobierno choca contra la realidad económica.

Aunque los plazos legales no lo permiten hasta dentro de dos semanas, el país ya asiste al inicio de la segunda parte de la campaña presidencial. Serán dos largos meses de bombardeo proselitista sobre los argentinos, que recién acaban de pronunciarse en las PASO y afrontan graves problemas económicos, con otra devaluación incluida. La diferencia que le sacó Alberto Fernández a Mauricio Macri en el escrutinio definitivo se estiró hasta el 16,1 por ciento. Ese es el nuevo punto de partida.
En la oposición no lo dicen abiertamente, pero consideran que la elección está terminada. El Gobierno insiste, por su parte, en que tiene posibilidades de revertir la derrota de las primarias. Por eso comenzó un debate interno para reenfocar el mensaje a los electores. Tras el shock que se manifestó en la reacción de Macri el lunes post PASO, ahora el oficialismo intentará convencer que se viene un “doble comando” entre Alberto y Cristina Kirchner si ratifican la victoria electoral.
El cambio de estrategia es sutil pero realista: a la alianza gubernamental no le funcionó, por lo visto, con la propagación de la idea de que Alberto es un “títere” de la ex presidenta. De hecho, los votos potenciaron la figura del candidato del Frente de Todos y revalorizaron su palabra, para bien y para mal: el desliz que cometió Fernández al sugerir que podría impulsar una reestructuración de la deuda externa debió ser enmendado por Guillermo Nielsen en un mensaje a Wall Street.
En esa acción coordinada hubo una buena noticia. El Presidente y su principal rival electoral mantuvieron una segunda charla telefónica en la que acordaron mandar una señal de certidumbre a los mercados. Aunque la foto entre ambos se hará esperar porque a ninguno de los dos le conviene: Macri necesita estirar todo lo posible el inicio de la transición y Fernández debe cuidarse de transmitir la imagen de que es amigable con el Gobierno, porque representa su rechazo.
Por esos motivos, Macri y Fernández no se cruzaron en un encuentro que promovió el Grupo Clarín días atrás. En ese marco, el Presidente desnudó su necesidad de que Cristina Kirchner aparezca en la campaña electoral, mientras que Alberto se mostró tenso por la reiteración de preguntas sobre el segundo gobierno de la ex presidenta, del cual no participó.
Entre el pasado kirchnerista y el presente del Gobierno gira buena parte de la discusión política argentina.

Talón de Aquiles
Tanto Macri como Fernández tienen su Talón de Aquiles. El del Presidente es la situación económica, lo que motivó un fuerte voto de protesta en su contra. El de Alberto pasa por la sospecha de que las causas judiciales contra ex funcionarios kirchneristas, entre ellos la propia Cristina, pasarán al archivo en 2020. Fernández cuenta a su favor con que la acusación sólo podrá ser demostrada en el futuro.
Para Fernández, no obstante, sería tan perjudicial como lo fue para Macri su política tarifaria que los argentinos vuelvan a padecer la impunidad del poder político beneficiado por una Justicia oportunista y acomodaticia. Las miradas vuelven a posarse ahora en el fuero federal y, en última instancia, lo harán sobre la Corte Suprema de Justicia. En una eventual presidencia de Alberto, éste será uno de los factores políticos determinantes que caracterizarán su administración.
Además de la relación con la Justicia, se pueden proyectar otros dos condicionamientos que su propia compañera de fórmula infligiría a Alberto Fernández: el rumbo de la política exterior y la concentración del poder político del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, si Axel Kicillof confirma su victoria en las PASO por 17,8% sobre la gobernadora María Eugenia Vidal.
El kirchnerismo de paladar negro es, efectivamente, uno de los puntos de apoyo que tendrá Alberto Fernández en caso de llegar a la Casa Rosada. Los otros dos serán los gobernadores del PJ y el peronismo no kirchnerista. En especial, el candidato del Frente de Todos viene dando continúas muestras de que privilegia su relación política con los mandatarios provinciales.
Tanto es así, que al menos uno de esos gobernadores sería convocado al Gabinete nacional. Los que siguen al detalle la campaña del Frente de Todos apuntan al tucumano Juan Manzur. En el entorno de Alberto también tiene incidencia el Grupo Callao, integrado por dirigentes jóvenes como Santiago Cafiero y Guillermo Chávez. Entre los economistas sobresalen Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Guillermo Nielsen. El trío se verá las caras con los enviados del Fondo Monetario.

Explicaciones al FMI
Antes, será el turno del ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, cuyo principal objetivo tras la deserción de Nicolás Dujovne pasa por estabilizar la macroeconomía. El comportamiento del dólar en la última semana fue congruente con esos planes. La dificultad que se le presenta ahora al nuevo funcionario es explicarle al FMI que Macri decidió dejar la austeridad fiscal comprometida para avanzar con medidas de alivio a la población, que coinciden con la campaña electoral.
La eliminación del IVA para productos de la canasta básica de alimentos y la suba del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias demandarán miles de millones de pesos, que Lacunza piensa compensar con el incremento del consumo y la recaudación en términos nominales. Pero lo cierto es que eso no fue lo acordado con el FMI ni tampoco consultado con los gobernadores, que desde mañana corporizarán una andanada de recursos de amparo ante la Corte Suprema. Pero así se colocan en una difícil situación al aparecer como defensores de la aplicación del IVA a los alimentos.
También la provincia de Buenos Aires perderá 6.000 millones de pesos de coparticipación, pero Lacunza –que manejó la economía bonaerense todo el mandato de Vidal- dijo que el distrito hará “todo lo que tenga que hacer para absorber” el costo fiscal. Tanto para el Gobierno nacional como el bonaerense resulta imprescindible que la población deje de sentirse asfixiada por la economía. Las PASO mostraron que eso sucede incluso en ciudades vinculadas a la producción agropecuaria.
La presencia de Macri en el balcón histórico de la Casa Rosada, desde donde saludó a los manifestantes dio cuenta de un intento de reacción política del oficialismo tras la dura derrota electoral. Aunque las PASO evidenciaron una relativización al rechazo social hacia Cristina Kirchner, con lo cual la campaña de Juntos por el Cambio estuvo desenfocada: la mayoría de los votantes no internalizó la advertencia de que Alberto cometerá los mismos errores que la ex presidenta.
Peña llegó a presentar la renuncia, pero Macri se la rechazó. Más allá de la simbiosis política que existe entre ambos, el Presidente reconoció de esa forma que el rumbo económico no lo eligió el jefe de Gabinete, sino él mismo. Por eso Peña no puede ser, para Macri, un chivo expiatorio.

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