Mauricio Macri depende de que el dólar y los precios internos se mantengan estables, para tener posibilidades de aspirar a su reelección.
Mauricio Macri depende de que el dólar y los precios internos se mantengan estables, para tener posibilidades de aspirar a su reelección.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El gobierno y el kirchnerismo todavía no dan en la tecla electoral

Ya en campaña para las PASO de agosto, tanto el oficialismo como la principal fuerza opositora “desafinan” y dependen más de los errores ajenos que de los méritos propios.

La campaña electoral hacia las PASO del 11 de agosto comenzó desafinada. El oficialismo incurre en un exceso de negociaciones con mercados extranjeros, alentado por el resonante acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, mientras que la oposición no logra articular un discurso unificado y descansa en el supuesto rédito que le puede dar la crisis económica. Unos y otros parecen depender más del error ajeno que de los méritos propios para conseguir el apoyo mayoritario del electorado.
En los últimos días, las alarmas empezaron a sonar en el búnker del Frente de Todos. Sobre todo, los gobernadores del PJ mostraron ante el precandidato presidencial Alberto Fernández cierta preocupación porque está comenzando a cambiar el humor social –ya no es tan negativo para la Casa Rosada como algunas semanas atrás- y la principal fuerza opositora continúa guiada por una lógica idéntica a la de 2017, cuando Cristina Kirchner perdió las elecciones en la Provincia.
El kirchnerismo sigue apostando a visibilizar los efectos del programa económico vigente. En la ciudad de Buenos Aires, eso se materializó con las denuncias sobre el aumento de la cantidad de personas en situación de calle, un flagelo que se agravó con la llegada del crudo inverno. Pero la remozada alianza peronista aún no encuentra la manera de generar expectativas en la sociedad. Y con certeza que no lo hará con acciones como la visita de Alberto Fernández a Lula en Brasil.
Por el contrario, la imagen del candidato opositor hablando con un altavoz en la puerta de la cárcel de Curitiba, donde está preso el ex presidente brasileño, lo emparenta mucho más con el pasado que con el futuro de la política sudamericana. Fernández ya había cometido un desliz cuando afirmó que los jueces deberán “dar explicaciones” sobre su actuación en las causas por corrupción, que justamente tienen como principal imputada a su compañera de fórmula.
El extravío de la estrategia opositora -que hicieron notar los gobernadores y que, en voz baja, también critican algunos intendentes del Conurbano- consiste en que la designación de Fernández buscó bajar los niveles de kirchnerismo explícito en la campaña electoral del Frente de Todos. En la misma línea fue pensada la incorporación de Sergio Massa y la estudiada ausencia de Cristina Kirchner, que no aparece en público más que en las presentaciones de su libro Sinceramente.

Lejos de la campaña
La ex presidenta viajó a Cuba para reunirse con su hija Florencia, que ayer cumplió 29 años en medio una situación por demás complicada para ella: su estado de salud físico y psicológico no sería el mejor, al tiempo que la causa judicial denominada Hotesur la tiene en la mira como una presunta integrante de una asociación ilícita, lo que sería un motivo de discordia con su madre.
Más activo en la campaña se encuentra el precandidato a gobernador Axel Kicillof, quien advirtió que el acuerdo Mercosur-Unión Europea será “una tragedia” para el cordón de la industria automotriz ubicado en el norte del Gran Buenos Aires. El ex ministro suele enfrascarse en discusiones técnicas sobre la macroeconomía que difícilmente conectan con las vivencias cotidianas de los votantes que tendrán que acudir a las urnas en poco más de un mes.
Tampoco el oficialismo las tiene todas consigo. Ahora que el humor popular está menos espeso, el jefe de Gabinete y jefe de campaña de Juntos por el Cambio, Marcos Peña, fijó en el calendario electoral dos timbreos masivos antes de las PASO. El macrismo había dado de baja esta modalidad de cercanía porque los funcionarios y dirigentes soportaban una hostilidad creciente de la población en sus recorridas territoriales. Pero ahora el oficialismo podría volver a la carga.
Luego de haber anunciado que la campaña se desarrollaría principalmente por Whatsapp, mediante el activismo de personas a las que el PRO identifica como “defensores del cambio”, Peña advirtió que hará falta bastante más presencia cuerpo a cuerpo de los candidatos para no perder la calle a manos de la oposición. El alter ego del presidente Mauricio Macri bajará línea el próximo miércoles en un congreso nacional de la alianza gubernamental que sesionará en Parque Norte.
Hasta allí llegarán los candidatos centrales del oficialismo, como la gobernadora María Eugenia Vidal y el alcalde Horacio Rodríguez Larreta. También será de la partida Miguel Pichetto, el compañero de fórmula de Macri que días atrás debutó en una reunión del Gabinete ampliado con un discurso elogioso de la diplomacia presidencial. Claro que el senador del PJ no recordó sus cuestionamientos a la apertura económica que tanto lo incomodaba cuando era opositor.

Trump y el apoyo del FMI
Pichetto ponderaba la consigna “America first” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en detrimento de la prédica integracionista de su antecesor Barack Obama, que Macri abrazó desde el comienzo de su gestión. Aunque paradójicamente, ahora es Trump quien le garantiza al Presidente el respaldo del Fondo Monetario Internacional: la salida de Christine Lagarde del organismo no fue traumática para la Argentina por la presencia del norteamericano David Lipton.
A tal punto, que el número dos a cargo del Fondo acaba de firmar la cuarta revisión del acuerdo con el Gobierno, que implica un desembolso de 5.400 millones de dólares. Y que ayuda al Banco Central a mantener estable e incluso en descenso la cotización de la divisa estadounidense, algo que es considerado clave para que Macri se mantenga en la carrera por la reelección. El regreso de la incertidumbre financiera sería como una lápida para esas aspiraciones del oficialismo.
Aunque el optimismo regresó a los despachos gubernamentales después de largos meses de malas noticias, el temor a que los mercados reaccionen ante un resultado adverso en las urnas el 11 de agosto sigue presente en el Gobierno. Por eso el objetivo de los estrategas oficialistas apunta a que Juntos por el Cambio no pierda las PASO por más de cinco puntos respecto del Frente de Todos. Una diferencia mayor, de entre siete y diez puntos, sería difícil de descontar en octubre.
Pero el escenario que se perfila es de extrema polarización y paridad entre Juntos por el Cambio y el Frente opositor. Debido a eso es que cobraron más entidad los problemas registrados en las pruebas de transmisión del Correo mediante el cual se cargarán los votos en forma digital. Las autoridades deberán corregir estos inconvenientes y despejar todas las dudas. También tomaron vuelo las dificultades de candidatos como José Luis Espert, quien le resta votos al oficialismo.
En la disputa electoral sobresalen por el momento los goles en contra, antes que los aciertos de campaña. Los paros salvajes de los gremios aeronáuticos identificados políticamente con el kirchnerismo no ayudan al Frente de Todos. Las insuficientes explicaciones del Gobierno sobre el apagón eléctrico masivo del último Día del Padre no colaboran con Juntos por el Cambio. Sin embargo, la pelea central será protagonizada otra vez por el macrismo y el kirchnerismo.

COMENTARIOS