María Eugenia Vidal recorre territorio bonaerense para tratar de captar votos fuera de la canasta del oficialismo.
María Eugenia Vidal recorre territorio bonaerense para tratar de captar votos fuera de la canasta del oficialismo.
LA PROVINCIA

La polarización, el arma del oficialismo para intentar retener la Provincia

Los números de algunas de las últimas encuestas conocidas empiezan a dar cuenta de un fenómeno que si bien tiene alcance nacional, podría agudizarse en territorio bonaerense: las dos principales fuerzas políticas, esto es el oficialismo nucleado en Juntos por el Cambio y el peronismo kirchnerista que competirá bajo el paraguas del Frente de Todos, parecen encaminadas a acaparar la voluntad ciudadana.
La novedad no radica en que se presume que serán las dos coaliciones más votadas, sino en que ese proceso de acumulación de preferencias se ha adelantado. De cara a las Primarias, las fórmulas presidenciales de ambos espacios ya estarían acumulando el 75% de las preferencias, con ventaja para el binomio Alberto Fernández-Cristina Kirchner, según varios de esos sondeos. Ese fenómeno se esperaba para las elecciones generales de octubre, pero la dinámica de la política y las mejores expectativas sobre la marcha de la economía que colocaron a Mauricio Macri en una posición más competitiva, estarían precipitando decisiones ciudadanas.
Ese escenario de virtual oligopolio político podría incluso ser aún mayor en la Provincia. Hay algunos sondeos reservados que dan cuenta de que ya que cara a las Primarias del 11 de agosto, María Eugenia Vidal y Axel Kicillof se estarían quedando con cerca del 80 por ciento de las preferencias. El ex ministro de Economía, reteniendo prácticamente todo el voto de la fórmula peronista-kirchnerista-massista. La Gobernadora, sumando por fuera de la canasta del oficialismo.
Vidal está de cara a un desafío enorme. Debe necesariamente secar las alforjas bonaerenses de Roberto Lavagna y José Luis Espert para robustecer sus chances. Algo de eso estaría sucediendo, pero aún no en la magnitud que requeriría el objetivo político de la mandataria. El otro reto escapa de alguna forma de sus manos: que el Presidente recorte en territorio bonaerense la ventaja importante que le estarían sacando Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
En esa cuestión aparecen buenas y malas para el oficialismo. Los datos auspiciosos están dados por una mejora en los índices de confianza en el futuro de la economía. La Universidad Di Tella acaba de relevar que ese número se incrementó en junio 11,2 por ciento en relación a mayo. En el Conurbano, esa percepción favorable fue incluso mayor: 13,8 por ciento.
Ayuda también al Gobierno la lenta pero sostenida desaceleración inflacionaria apalancada básicamente por la paz cambiaria. Esos vientos un poco más favorables para el oficialismo han empujado a Macri, que logró reducir su imagen negativa. Sin embargo, el asunto del que dan cuenta algunas encuestas es que esa mejora no se traslada de pleno a la performance electoral del Presidente, al menos en la Provincia donde anida el núcleo duro K.
Cerca de Vidal prenden velas para que esa recuperación se mantenga. También, para que asome alguna ayuda externa. Una de esas manos podría venir de la posible no oficialización de los candidatos bonaerenses de Espert, que en medio de planteos judiciales y la fuga de uno de los sellos partidarios rumbo al oficialismo, están en un limbo que la Justicia electoral debería definir entre mañana y pasado. Si el economista no tuviera candidatos en la Provincia, la Gobernadora podría ser una de las mayores beneficiarias de esa vacancia por tratarse de un perfil de votante desencantado con el Gobierno, pero fuertemente refractario al kirchnerismo.
La elección bonaerense empieza a cobrar temperatura no sólo por su trascendencia en términos de pesos electoral y porque esté en juego la Gobernación. Hay que poner en la balanza también cómo impactará el resultado de octubre en la dinámica nacional.
El recuerdo de 2015 asoma cercano. En aquél entonces, la victoria de Vidal en la Provincia fue, junto con el abultado resultado a favor en otros distritos clave, el empujón que necesitaba Macri para firmar su contrato de inquilino en la Casa Rosada.
Se trata de un juego de necesidades mutuas. El Presidente necesita levantar vuelo en la Provincia para que Vidal no tenga que cargar todo el peso de la elección y robustecer sus propias chances. La Gobernadora, para que la pared de piedra que debe escalar no sea tan empinada.

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