Un plan poco ortodoxo que busca un alivio  político y social, pero que no genera confianza
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Un plan poco ortodoxo que busca un alivio político y social, pero que no genera confianza

Octubre, el mes de la elección presidencial próxima, se metió otra vez en la economía con los anuncios de la semana previa a Pascua, quizás con un sesgo no imaginado para un Gobierno recostado sobre convicciones más ortodoxas y nada proclive a intervenir en los mercados.
Aunque la necesidad obliga a cambiar incluso hasta el mismo Fondo Monetario Internacional, que aceptó cierta heterodoxia al programa sin demasiada resistencia manteniendo un férreo respaldo a la administración del presidente Mauricio Macri.
Las acusaciones de “electoralista” a los anuncios debieran inscribirse en el mismo capítulo de la campaña presidencial. Desde 1983 a la fecha todas las gestiones tomaron medidas de política económica con metas similares, si bien con sesgos muy diferentes: correctivas, crediticias, ajuste salarial o jubilatorio, anclaje del dólar, controles o directamente congelamiento de precios. La novedad podría ser que no se esperaban anuncios de este tipo con Macri. Otro debate, más significativo, es si el “plancito” será efectivo.

A juzgar por la reacción de los mercados externos, las expectativas no son muy buenas ya que el riesgo país, un índice que mide la desconfianza de los inversores en bonos soberanos de la Argentina, alcanzó el Jueves Santo otro pico de máxima en torno a los 850 puntos básicos con una caída simultánea en las acciones de empresas locales en Nueva York.

A juzgar por la reacción de los mercados externos, las expectativas no son muy buenas ya que el riesgo país, un índice que mide la desconfianza de los inversores en bonos soberanos de la Argentina, alcanzó el Jueves Santo otro pico de máxima en torno a los 850 puntos básicos con una caída simultánea en las acciones de empresas locales en Nueva York. Aunque algunos atribuyen la baja a una encuesta que da el triunfo a Cristina Kirchner en una hipótesis de segunda vuelta. El trabajo, realizado por una encuestadora cercana al Gobierno, circuló fuertemente en el mercado en su versión en ingles, en simultáneo con los anuncios matinales del miércoles pasado y el video en YouTube del presidente Macri.
Podría ser el resultado de las dos cosas y también otras razones. No es novedad que existe una enorme falta de credibilidad a la Argentina en los mercados externos y la incertidumbre electoral no hace más que incrementar esos miedos.
El oficialismo se ha recostado sobre una estrategia de incitar el temor ante la chance del regreso de CFK. Con resultado favorable en el pasado, hoy podría convertirse en una suerte de bumerán. En el exterior, el mercado, las finanzas, inversores y los negocios en general no distinguen los matices políticos y el populismo de regreso es amplio y no ve demasiadas diferencias entre el cristinismo y peronismo. Y el retroceso electoral del oficialismo repercute de manera directa en el mercado y a mayor volatilidad y desconfianza, el sendero económico se hace más inestable e impredecible: un “círculo vicioso” que acelera la desconfianza.
Regresando sobre la efectividad de las medidas, el acuerdo de precios de 60 productos básicos, la suspensión de los aumentos en las tarifas, las medidas crediticias y las impositivas, son las que más repercusión mediática y debate originaron. Y con conclusiones bastante obvias: son decisiones de coyuntura que no van al fondo de los problemas y son un paliativo aunque, en términos políticos y sociales son un alivio. Por un lado, al mostrar un Gobierno algo más activo, dejando atrás su apatía y el mensaje de solo “esperar” para que baje la inflación. Y por otro, mejorar algo la capacidad de consumo de una franja social amplia. Podría señalarse la limitada amplitud de los anuncios y suponer que podrían haber imaginado algo más contundente. Pero sucede que la distancia entre los reclamos que hace la oposición, los sindicatos e incluso un sector del empresariado son insalvables: no es viable bajo el tutelaje del FMI un “congelamiento” de precios, un “retroceso” de las tarifas, aumentos salariales por decreto, un precio fijo para el dólar, o créditos subsidiados y rebajas de impuestos.
De todos modos, el aspecto más fuerte de las últimas correcciones al programa vigente con el Fondo Monetario Internacional no fueron los anuncios del miércoles pasado, sino los realizados por el titular del Banco Central, Guido Sandleris: el “congelamiento” de la banda de no intervención del dólar con un piso de 39,81 y un techo de 51,55 pesos. Dejar sin cambios la banda de “no intervención” va en la dirección de darle menos volatilidad al precio del dólar y anunciar un tope a la cotización de la moneda norteamericana hasta fines de año. Aparenta como un sucedáneo de anclar el dólar y dejar que se retrase algo respecto a la inflación, que en los primeros tres meses del año trepó hasta rozar el 12%. Un dólar estable frenaría el traslado a precios de los costos y productos que se fijan en los mercados externos y, a priori tendría que ayudar a bajar la tasa de inflación local.
Esta quizás sea la medida más heterodoxa que aceptó el Fondo Monetario a las correcciones del programa económico hasta fin de año, con la meta clara de bajar la tasa de inflación y mejorar las chances electorales del oficialismo.¿Serán exitosas y/o efectivas? Con el tiempo se podrán ver los resultados efectivos y además, si se confirma o no un rebote del nivel de actividad económica y si el pico de inflación de abril retrocede. El dólar, por el momento, no parece estar fuera de control y tampoco se advierte una dolarización mayor de las carteras y depósitos en el sistema bancario.

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