Mauricio  Macri tuvo que aceptar medidas de tono “kirchnerista”, en una jugada que apunta a frenar la caída de su imagen en un año electoral.
Mauricio Macri tuvo que aceptar medidas de tono “kirchnerista”, en una jugada que apunta a frenar la caída de su imagen en un año electoral.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Mauricio Macri y un equilibrio inestable entre el electorado, el FMI y el mercado

Sin estar convencido, el Presidente cedió al congelamiento de precios y tarifas porque las encuestas no le dan bien. La economía hace campaña para la oposición.

La Argentina tiene un 50 por ciento de posibilidades de volver a caer en una cesación de pagos de su deuda externa. Eso significa, en términos concretos, que el indicador del “riesgo país” haya superado los 850 puntos básicos luego de que el Gobierno anunciara un paquete económico para aliviar el bolsillo de la población. El veredicto del mercado financiero fue con el pulgar abajo para la administración del presidente Mauricio Macri.
Entre los argentinos, en tanto, se registra una mayoritaria aprobación a las medidas, sobre todo a las que tienen que ver con el congelamiento de precios de productos de la canasta básica y de las tarifas de los servicios públicos. Los primeros sondeos realizados tras los anuncios –entre ellos uno de D´Alessio IROL- así lo revelan. Y confirman que más allá de lo que sostenía el Presidente –“este es el único camino”-, los ciudadanos pensaban otra cosa.
Ese distanciamiento entre el rumbo que tomó Macri y la mayoría de la sociedad también se refleja en las encuestas de imagen e intención de voto de cara a las PASO de agosto. El Gobierno tiene ante sí un escenario electoral muy complicado y decidió hacer una jugada riesgosa, en un doble sentido: por un lado, las medidas se parecen demasiado a las que aplicaba el kirchnerismo; por el otro, se exponía a una reacción desfavorable de los mercados.
Paradójicamente, el paquete heterodoxo obligará a la gestión de Cambiemos a no descuidar a su ala ortodoxa. Mañana mismo saldrá a la cancha el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para asegurar que los anuncios no comprometen el ajuste fiscal pactado con el Fondo Monetario Internacional. El funcionario goza de la confianza de la directora del organismo, Christine Lagarde, a la que no debe defraudar por el bien del Gobierno.

Aliada clave
Lagarde representa el soporte político más importante que tiene en el exterior el presidente Macri, apuntalado por los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Japón, que son determinantes en el FMI. Esa es justamente la gran diferencia que existe con el último gobierno no peronista que tuvo la Argentina: a Fernando de la Rúa le cortaron el financiamiento desde el Fondo. Todavía hay quienes recuerdan a la inexpugnable Anne Krueger.
Dujovne había propuesto acudir al FMI incluso antes de desembarcar en el Palacio de Hacienda, cuando empezaba a escasear el esquema de financiamiento montado por Luis Caputo, el entonces ministro de Finanzas que conseguía en el mercado los fondos para tapar déficit con deuda. Pero ese circuito fogoneado por “el Messi de las finanzas” quedó obstruido y Macri recurrió a Dujovne. Nadie entrevió entonces que iba directo al Fondo Monetario.
De hecho, los socios radicales del Presidente se enteraron de la resonante decisión por los diarios. Desde aquel momento se agrandaron las fisuras que ya se percibían en Cambiemos y que ahora están a la vista de todos. A tal punto, que un sector de la UCR está en plenas negociaciones para dejar la coalición gubernamental y pasar a las filas de Roberto Lavagna, que lentamente va dando pasos en dirección de confirmar su candidatura presidencial.
Del “operativo contención” de los radicales –del que ya se dio cuenta en esta columna-, el Gobierno apeló el congelamiento tarifario. Con esa medida, aplacó los cuestionamientos de los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza) y Gerardo Morales (Jujuy), pero no le alcanza para mantener disciplinados a dirigentes de peso histórico en la UCR como Ricardo Alfonsín y Federico Storani. Ambos fueron convocados a una reunión con Marcos Peña esta semana.

El “voto propio”
El jefe de Gabinete ya se puso al hombro la campaña oficialista. Sus directivas apuntan por el momento a que Cambiemos consolide el “voto propio”, es decir un promedio entre lo que obtuvo en las elecciones de 2015 –sin considerar el ballotage- y 2017. Para ello, Peña procura evitar una sangría por el lado de la UCR, pero en lo inmediato apelará a la otra socia vital de Macri, Elisa Carrió, para que apuntale al Presidente en su peor momento con la sociedad.
La jefa de la Coalición Cívica venía en silencio político –por los coletazos del caso del espía D´Alessio- pero ayer sorprendió al difundir un video por las redes sociales en el que utilizó prácticamente calcado el discurso del PRO para pedir a los propios que mantengan el respaldo a Macri. “Aunque haya muchas cosas que no nos gustan”, agregó para no traicionar su estilo de siempre. Carrió saldrá incluso a hacer campaña en el interior del país.
En la agenda de la diputada porteña ya figura un viaje a Córdoba para apoyar la candidatura a gobernador de Mario Negri; y otra salida a Santa Fe, donde llevará su respaldo a otro radical, José Corral. Se trata de dos provincias clave para el futuro político de Cambiemos, cuya fortaleza reside en la zona central del país. Buenos Aires, la capital federal y Mendoza son una evidencia empírica, aunque en el territorio bonaerense ese liderazgo está siendo amenazado.
Sobre todo, por la vigencia del predicamento que entre los sectores populares mantiene la ex presidenta Cristina Kirchner. Una encuesta de Isonomía encendió las alarmas en la Casa Rosada: sus resultados determinaron que la senadora le ganaría por 9 puntos un ballotage al presidente Macri, potenciada por su inserción en el electorado bonaerense. El sondeo reflejó una fuerte caída de la intención de voto al jefe de Estado, además de la fortaleza de Cristina.

El enigma Cristina
La ex presidenta acaba de viajar a Cuba para seguir de cerca la salud de su hija Florencia y viene de sufrir la muerte de su madre Ofelia Wilhelm. La vida personal de la ex mandataria está complicada: cuando regrese al país deberá afrontar el primer juicio oral en las causas por corrupción que pesan en su contra. Será solo un mes antes de que se inscriban las candidaturas para las elecciones a nivel nacional. Nadie sabe si jugará ese partido o si desistirá.
En el peronismo no deja de llamar la atención la perseverancia de Daniel Scioli para mantenerse en la grilla de reemplazantes –en la que también se anotan Felipe Solá y Agustín Rossi-, mientras que no faltan los que propician un acuerdo más amplio, que incluya a Sergio Massa y a los gobernadores del PJ que saldrán bien parados en sus provincias. Menos empatía existe con otros aspirantes presidenciales como Juan Manuel Urtubey o eventualmente Lavagna.
Macri, que este lunes recibirá a su par boliviano Evo Morales tras haber pasado el fin de semana largo en Alta Gracia, sabe que el potencial reagrupamiento del peronismo se debe, en buena medida, a su propia caída en las encuestas. Cuando le daban mejor, Massa y Urtubey no eran tan claramente opositores. Y Lavagna no figuraba en los planes de nadie. Sólo el kirchnerismo se mantuvo en una postura que por momentos bordeó lo antidemocrático.
Pero ahora que la economía hace campaña para la oposición, a Cristina Kirchner le alcanza con mantener el silencio. Y Macri debe apelar a los parches, sin estar convencido de ello. De ahí su ausencia en los anuncios, en los que sólo apareció en un video más propio de una campaña electoral que de un acto de gobierno. El Presidente se ve obligado a transitar sus últimos meses de mandato haciendo equilibrio entre el electorado, el FMI y los mercados.

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