ECONOMÍA

La tregua cambiaria, una leve recuperación y la advertencia del FMI trajeron algo de calma

La última semana el mercado cambiario entró en una frágil tregua. El riesgo país se acomodó por arriba de los 800 puntos con un pequeño retroceso en las últimas jornadas, el dólar cayó por debajo de los 43 pesos con la aparición de oferta de la moneda norteamericana de la cosecha de soja y del Fondo Monetario Internacional, y no se advierte aún la dolarización de los depósitos en el sistema financiero.
La renovación de Letes en la licitación del Tesoro fue por un porcentaje significativo y, finalmente el mercado no espera noticias en el frente político que modifiquen la proyección electoral de las presidenciales de octubre. Y para completar, hubo un fuerte mensaje político de la titular del Fondo Monetario, Christine Lagarde, con una advertencia a los candidatos de “no darle la espalda al trabajo que se está haciendo”.
La intervención de la jefa del organismo internacional no pasó desapercibido y tampoco fue casual. En el discurso político de las últimas semanas surgió un clásico de campaña de “renegociar” el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional. El organismo es hoy el único proveedor de fondos para cubrir los vencimientos de deuda y el desequilibrio fiscal hasta el 2020 que está evitando otro default de la Argentina. Y en este contexto, es un dato que el gobierno electo en octubre próximo, cualquiera sea su color, necesitará continuar con el tutelaje del Fondo.
Del lado del oficialismo no hay resquemores sobre esto y con menos énfasis ocurre algo similar en gran parte del peronismo federal. El ex ministro Roberto Lavagna, en su periplo evangelizador de consensos, ha reiterado en reuniones privadas que “habrá que acostumbrarse” al FMI por bastante tiempo. Solo del lado K y la izquierda existe un rechazo explícito al organismo monetario.
Quizás de allí la referencia de “tontería” a la que Lagarde hizo referencia a los candidatos: salvo un repudio político al Fondo Monetario Internacional, el siguiente gobierno deberá sentarse con el organismo a discutir la continuidad de un programa de asistencia financiera por los años que completen el próximo mandato presidencial. El rechazo abriría de inmediato la puerta del país a otro default de su deuda y un fuerte aislamiento comercial, de inversiones, financiero y político. El segundo mensaje de Lagarde es que el programa acordado “funciona” y la economía argentina ha comenzado a repuntar, declaración que deja poco margen para imaginar retoques o una renegociación.
El mercado parece creerle a la titular del Fondo Monetario, pero igual espera noticias más definitivas sobre las proyecciones electorales y los avatares de la política en los siguientes meses. Parte de la tregua, como se señaló más arriba, tendría que ver con las expectativas políticas y la recuperación económica anunciada por Lagarde. Por el momento, en los mercados no creen que haya cambios sustanciales en la política y suponen que, de confirmare los datos de un rebote, las chances electorales del oficialismo darían un vuelco. Es una percepción distante del clima local, en donde el presidente Macri y el oficialismo transitan una de las coyunturas más difíciles, con pronósticos negativos sobre su performance electoral. Las encuestas hablan de una paridad entre Macri y CFK o incluso de algún punto a favor de la ex presidenta.
Aunque es conocido que las encuestas reflejan muy pocas veces los resultados concretos y sus valores predictivos, son escasos.
La información económica indica que, partiendo de valores muy bajos, hay una recuperación del nivel de actividad. Algunas consultoras hablan de un repunte del PBI trimestral en abril/junio de 1,2/ 1,3 por ciento, con un fuerte impuso del campo, las exportaciones y una mejora del consumo interno. Claro que esta opinión no es unánime. En enero, otro sector que estaría mostrando un comportamiento positivo es la construcción, que mejoró 4,4% y 8,3% en febrero. La inflación en tanto, no cede y en el último período se ubicó en torno al 4% mensual. Esto ocurre pese a la recesión y el virtual congelamiento de la base monetaria.
La suba de tarifas podría influir puntualmente, pero no parece explicar el total y que también haya subido la denominada inflación núcleo. Uno de los motivos sería la caída de la demanda de dinero que alimentaría la inflación. Un informe de Fundación Mediterránea sostiene que hay tres motivos que explican esta caída y que la inflación se haya ubicado en un piso muy alto: la recesión, que desalienta el uso de efectivo, el temor a otra crisis como la del 2018 por el mayor stock del Banco Central de las Leliq, y la incertidumbre electoral. Una paulatina recuperación del nivel de actividad y los dólares de la cosecha irían en la dirección de recomponer la demanda de dinero y desacelerar el ritmo inflacionario.

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