Mauricio Macri apareció por sorpresa en el retiro del “vidalismo”, como para despejar rumores sobre su posible renuncia a la reelección.
Mauricio Macri apareció por sorpresa en el retiro del “vidalismo”, como para despejar rumores sobre su posible renuncia a la reelección.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Operativo contención, en marcha

La mesa chica del Gobierno macrista busca evitar que María Eugenia Vidal se desmarque y que los socios de la UCR se vayan de la alianza Cambiemos.

El Presidente sabe que los números no le dan. Ni los de la economía, que están a la vista, ni tampoco los de las encuestas, que abren signos de interrogación sobre su proyección electoral. No obstante, Mauricio Macri no está resignado. Por el contrario, puso en marcha un operativo de contención de daños tendiente a evitar que las dudas y los nervios se apoderen de Cambiemos.
El gesto político que hizo al presentarse en el retiro del Gabinete bonaerense en Chapadmalal fue en esa dirección. Contrariamente a la imagen que viene dando en público, donde se muestra enojado y “caliente”, puertas adentro de la alianza gobernante Macri luce “relajado, convencido y positivo”, definió uno de los ministros más cercanos a la gobernadora María Eugenia Vidal.
Aunque para entender la lógica del Presidente, bien vale una comparación con su antecesora. Cristina Kirchner solía poner en el freezer su relación con Daniel Scioli cuando el ex gobernador se animaba con alguna declaración o actitud política que lo diferenciaba de la Rosada. También le retaceaba los fondos hasta último momento, para recordarle su dependencia económica.
Macri sabe que Vidal y especialmente algunos de sus ministros, vienen dando señales que no están en plena sintonía con el Gobierno nacional. La reciente propuesta que hicieron a los gremios docentes fue tomada en la Casa Rosada como una prueba de ello. Pero a diferencia de lo que hacía Cristina con Scioli, Macri no castiga al Gobierno bonaerense, sino que busca comprometerlo.
Esto es, que la Gobernadora y sus ministros tengan en claro que su futuro político está atado al de Macri y que no les dará margen para desmarcarse en la próxima contienda electoral. El mensaje ya había bajado claro cuando la mesa chica del Gobierno abortó el desdoblamiento de los comicios en la Provincia.

Pedido presidencial
Claro que la relación entre Macri y el vidalismo es de ida y vuelta. Por eso el Presidente debió responder en Chapadmalal preguntas sobre la marcha de la economía y el comportamiento de la inflación, que afectan el último tramo del mandato de Vidal y que incluso podrían llegar a comprometer su reelección. “No aflojen”, fue una parte de la respuesta presidencial.
En la misma línea puede comprenderse la reacción del Gobierno nacional frente a la constatación de que la pobreza sigue en aumento en la Argentina. El propio Macri encabezó conferencias de prensa en 2017 y 2018 cuando se dieron a conocer los números del Indec, mientras que ahora dejó esa responsabilidad a la ministra del área, Carolina Stanley, y a su colega Dante Sica.
La lógica gubernamental sigue siendo dar la cara frente a las malas noticias, aunque se habría evaluado que la imagen presidencial está muy golpeada como para asociarla al aumento de la pobreza. Aunque en verdad, las malas noticias son para el conjunto de la sociedad.
En el Conurbano bonaerense, unas 800.000 personas cayeron debajo de la línea de pobreza en un solo año y otras 200.000 pasaron a la indigencia. Por encima de ese drama social tampoco hay buenas perspectivas: en enero se registró la novena caída consecutiva del nivel de actividad de la economía y los salarios perdieron 17 puntos con la inflación anual de 2018.
Por ende, la clase media tampoco tiene nada para festejar. Esa porción de la sociedad fue la que, cansada del autoritarismo apuntaló a Cambiemos cuando apareció para disputarle el poder al kirchnerismo en 2015. Pero ahora, según lo reflejan las encuestas, tiene por el presidente Macri un nivel de rechazo similar al que tuvo por Cristina especialmente en su segundo mandato.

El factor Lavagna
La elevada imagen negativa de Macri (50,4%) y de Cristina (47,2%) según la última medición de Management&Fit, lleva a sectores del peronismo, el radicalismo y el socialismo a reunirse en forma cada vez más frecuente para tratar de plantar una alternativa competitiva en la carrera presidencial. El repentino posicionamiento de Roberto Lavagna expresa esa intencionalidad.
A tal punto, que desplazó de los primeros planos a Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto, quienes venían pugnando junto al cordobés Juan Schiaretti por el armado de un espacio que pueda hacerle frente a la polarización electoral de macristas y kirchneristas. Sin embargo, el tigrense y el salteño no piensan declinar ahora sus aspiraciones presidenciales.
Urtubey dará mañana ante la Legislatura de Salta su último discurso de apertura de sesiones como gobernador –va por su tercer mandato-, mientras que Massa presentará el martes su “Compromiso por la Argentina”, consistente en diez puntos básicos para el plan del próximo gobierno. Pichetto fue el único que admitió que podría ser compañero de fórmula de Lavagna.
En este espacio también se mueve como un líbero Marcelo Tinelli, quien habría rechazado una propuesta de Lavagna para acompañarlo como candidato a gobernador bonaerense, pero inició un raid de visitas a dirigentes peronistas de todo pelaje y se muestra crítico del Gobierno de Macri. Ayer mismo habló de “pobreza, ajuste, desigualdad, odio tristeza” en un tuit que dirigió a Messi.
“Marcelo está realmente preocupado por la situación del país”, definió un conocedor del entorno de Tinelli, quien en los próximos días mantendrá una nueva reunión con Lavagna. Y que advierte que Macri fue pícaro cuando dijo que él le había pedido participar en Cambiemos, ya que –según aclara- fue el propio Presidente quien lo invitó a unirse y lo puso en contacto con Vidal y Larreta.

Cristina candidata
En el kirchnerismo, en tanto, advierten que Cristina no se bajará de la carrera presidencial –frente a insistentes versiones surgidas entre dirigentes de su propio sector- y piden prudencia para no alterar la precaria paz social, porque entienden que el Gobierno los acusará por cualquier desborde que pueda suceder en las calles. No obstante, alientan versiones antojadizas.
Por caso, que el Gobierno tiene en análisis –frente a la dimensión de la crisis- una eventual convocatoria a elecciones anticipadas. O que recurriría a la instalación de un “corralito” frente a una corrida bancaria. Pero esas batallas las da en el campo del rumoreo, con el objetivo de fomentar la impresión colectiva de que el Gobierno de Cambiemos está de salida.
Por cierto, que esas operaciones se montan sobre elementos de la realidad. Las oscilaciones en la cotización del dólar son un factor desestabilizante para el presidente Macri, por más que sus funcionarios se esmeren en relativizar el desconcierto que esos sacudones generan en el país. Los dólares que vienen del FMI y de la cosecha son tan esperados como una lluvia en el desierto.
Macri cuenta con el respaldo del Fondo, a diferencia de lo que pasó con Fernando de la Rúa en 2001. Eso lo ayudará a terminar su mandato, aunque las dudas están ahora más puestas en el plano político y comprometen su reelección. La pregunta más frecuente ahora es si la UCR seguirá formando parte de Cambiemos o si ya inició un proceso de despegue hacia otro destino político.
En el operativo de contención de daños que ejecuta el macrismo podrá apuntarse la inauguración de una estatua en homenaje a Raúl Alfonsín que tendrá lugar mañana en Vicente López, con Jorge Macri como anfitrión y el vicegobernador Daniel Salvador como invitado especial. Habrá que ver si estos gestos alcanzan para preservar a Cambiemos o si hará falta algo más para evitar la ruptura.

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