María Eugenia Vidal reunió a su tropa y ratificó –pese a los rumores- su intención de ir por la reelección en territorio bonaerense.
María Eugenia Vidal reunió a su tropa y ratificó –pese a los rumores- su intención de ir por la reelección en territorio bonaerense.
LA PROVINCIA

Guantánamo, el recuerdo de Angeloz y la metáfora del director técnico confirmado

Mauricio Macri ensayó una serie de acciones en procura de ratificar lo que buena parte de la política -incluso amplios sectores del oficialismo- y de los factores de poder económico, están poniendo en duda. El Presidente se reunió con intendentes y legisladores, también con candidatos bonaerenses del oficialismo. En cada uno de esos encuentros buscó despejar las incógnitas que se han sembrado respecto de su proyecto reeleccionista al amparo de una economía que rebasa de sinsabores.
Los esfuerzos oficiales no terminan, por ahora, de despejar los interrogantes. En sectores de Cambiemos se apela a la vieja lógica futbolera para describir el escenario de incertidumbre: aquella que habla del destino fatal de aquellos directores técnicos que cada semana son ratificados por la dirigencia.
Macri, sin embargo, ha decidido arrancar por la Provincia su estrategia para mostrarse resuelto a dar la pelea pese a las adversidades. Junto a él estuvo María Eugenia Vidal, como para ratificar la idea oficial de que no hay alternativa en juego. La Gobernadora es insistentemente mencionada como la elegida para encabezar el denominado Plan V si el Presidente optara por transitar un camino que se resiste a andar.
El oficialismo circula por días más que complejos en medio de pujas indisimulables. Se habla de una relación tirante entre la Gobernadora y el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Para colmo, las proyecciones para los próximos meses no alcanzan a mostrar una mejoría económica que ayude a Cambiemos en su aventura electoral. Ese escenario es el que alimenta y sostiene las versiones de Vidal como alternativa a Macri, que en la Provincia mide cerca de 10 puntos más que el Presidente.

No quiere, pero…
La Gobernadora, lo ha dicho muchas veces, no quiere ser candidata presidencial. Pero también existen deseos ajenos para que lo sea. Muchos jefes territoriales que se jugarán el pellejo en las elecciones que vienen asomando creen que sería la mejor opción. Incluso algunos candidatos a gobernadores están pidiendo sacarse fotos con la mandataria bonaerense para potenciar sus campañas.
Pero también comienzan a mirar con inquietud el acelerado paso del tiempo sin que asome esa eventual decisión oficial. Hay quienes temen que si el Plan V se termina imponiendo por la fuerza de los hechos llegue demasiado tarde. “María Eugenia puede terminar siendo el Angeloz del `89 (el candidato radical que perdió con Carlos Menem), hacer una muy buena elección pero sin que le alcance”, analizan en sectores del oficialismo.
En medio de todas las especulaciones la Gobernadora comenzó a suturar el frente interno bonaerense. En las últimas horas habría enviado a un emisario para dejarle trascender al radicalismo que tendría resuelto repetir la fórmula bonaerense junto a Daniel Salvador luego de las dudas que el propio PRO salió a sembrar en los últimos meses.
Esa decisión, si bien tendría formato de anuncio oficial dentro de unas cuantas semanas, buscaría evitar que se propaguen en su territorio los cortocircuitos que se verifican entre la UCR y en PRO en otros distritos y a nivel nacional.
Aquellos tironeos también llegan a las costas del peronismo kirchnerista. La puja por la candidatura a la gobernación comienza a ser más evidente entre el Instituto Patria, el centro de operaciones de Cristina Kirchner, y los jefes territoriales. En nombres propios: Axel Kicillof vs. Martín Insaurralde.
El intendente de Lomas de Zamora decidió finalmente asomar la cabeza. Comenzó a recorrer distritos en movidas públicas y otras no tanto para reunirse con referentes y sindicalistas como la que tuvo lugar hace horas en La Plata.
El ex ministro de Economía también fatiga los distritos bonaerenses. Su figura no genera empatía en el peronismo territorial, pero corre con la ventaja de su anclaje en el kirchnerismo duro. Algunos números que se manejan en el universo K generan un efecto adicional: sería el nombre que más retiene el voto de Cristina en territorio bonaerense.
Para no pocos dirigentes esa cualidad es un valor agregado de peso. Porque en las cuentas que van y vienen no se descarta un escenario en el que una victoria K en la Provincia podría conjugarse con una derrota a nivel nacional en el ballotage.
Por eso, con cierto tono de broma, en sectores del kirchnerismo se ha bautizado a la Provincia con el nombre de Guantánamo, en alusión al enclave norteamericano que existe en la isla de Cuba. En un escenario político al que le restan definiciones centrales -¿Cristina será finalmente candidata?- las especulaciones se imponen por varios cuerpos a las certezas.

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