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ENFOQUE

El nuevo “segundo semestre”

“Si (Mauricio) Macri tiene un segundo mandato va a ser más agresivo y va a implementar las medidas que tiene que implementar”, dijo Miguel Kiguel, el viernes, horas después de reunirse, junto a Miguel Ángel Broda y Pablo Guidotti, con el Presidente. “Seguramente avanzaría con algún tipo de reforma laboral”, agregó el hombre de Econviews. Evidentemente, la frase fue dicha con la venia presidencial y/o con el input del diálogo que mantuvieron.
En el Gobierno saben que están en mora con el empresariado local, que los apoyó en 2015 y, quizás con menos entusiasmo, volverá a hacerlo en 2019. La nueva zanahoria, a la vera de otro proceso electoral, es el segundo mandato que, como en la Ciudad de Buenos Aires, sería mejor que el primero. Sabe que el recurso del balance ex post no lo deja bien parado: no sólo no hubo grandes reformas sino que la inflación se desbocó y hubo dos recesiones en cuatro años.
El razonamiento oficial es que, si gana, Macri ya no tendrá más elecciones por delante por ganar y, según esa lógica, no necesitará preocuparse por su capital electoral. Exagerando un poco, podrá jugar más fuerte en algunos temas y poner quinta a fondo.

El razonamiento oficial es que, si gana, Macri ya no tendrá más elecciones por delante por ganar y, según esa lógica, no necesitará preocuparse por su capital electoral. Exagerando un poco, podrá jugar más fuerte en algunos temas y poner quinta a fondo.

Ciertamente, Macri reconoce que las cosas no están bien y que la “agenda estructural” sigue allí presente y no fue atacada. Suele criticar, por ejemplo, la excesiva carga tributaria que, curiosamente, será récord en 2019.
Una descripción del estado de cosas que despierta críticas entre los fieles (y no tanto) por mostrar a Macri como, dicen, un mero comentarista de la realidad. El tema impositivo será un nudo gordiano para su eventual segundo mandato. ¿Serán temporarias las retenciones? Cuesta creerlo. También serán importantes la reforma laboral, la previsional y la del Estado en general. El acuerdo con el FMI también incluye el ataque a esas reformas luego de las elecciones.
Otro argumento oficial es que la dura medicina del cuatrienio 2016-2019 empezará a “pagar” desde 2020. Según esa lectura, Argentina saldría de la crisis actual con “la macro” ordenada, los precios relativos alineados y lista para crecer sustentablemente. Si ganara Cristina, ese proceso se cortaría.
Eso se emparenta con otro argumento, quizás menos potente: la diferenciación con el kirchnerismo, un recurso recurrente y más en estos días, con la crisis en Venezuela como telón de fondo. Nada nuevo para el empresariado, que ya convivió doce años con el kirchnerismo y sabe de qué se trata.
Sin embargo, el atractivo del segundo mandato más agresivo no prende en todo el empresariado. En rigor, cuesta encontrar hoy algún sector o empresario que esté satisfecho. Uno de los pocos, el ligado a Vaca Muerta, acaba de recibir lo que, puertas adentro, califican como una puñalada.
Varios otros están en desacuerdo con el rumbo general de las políticas (allí, los industriales y los ligados al mercado interno marchan a la cabeza) y no creen que las cosas cambien desde 2020 porque el viraje necesario sería mayúsculo. “No veo un nuevo plan y tampoco veo que tengan los funcionarios para encarar esas reformas”, dijo uno y agrega que “no le dan los números” para ganar. Por ahora, la zanahoria no atrae. Aun así, puede ser más estimulante que el garrote kirchnerista. No los une el amor…

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