En Villa La Angostura y mientras descansa, Mauricio Macri mantiene reuniones políticas para diseñar la estrategia de cara al año electoral.
En Villa La Angostura y mientras descansa, Mauricio Macri mantiene reuniones políticas para diseñar la estrategia de cara al año electoral.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

“Todos para uno”, la estrategia oficial para la reelección que podría entorpecer Lavagna

En la Rosada presionan a los gobernadores de Cambiemos para que no desdoblen las elecciones y que todos tributen para Macri. Mientras, el ex ministro asoma en el horizonte.

Mauricio Macri transita por estos días el final de su período de descanso en el paradisíaco escenario natural que ofrece Villa La Angostura. En ese entorno plagado de sensaciones placenteras, el Presidente puso manos a la obra para el armado de la arquitectura electoral con la que pretende ser inquilino de la Casa Rosada por cuatro años más.
La tarea es por demás compleja. Requiere, en una primera etapa, de convencer a la propia dirigencia de Cambiemos de que el rumbo elegido es el adecuado. Si la economía viajara al menos al ritmo de 2017 cuando el oficialismo se sometió con éxito al test electoral de medio término, las fisuras serían menos notorias. Pero hoy, tras un año plagado de sinsabores y un futuro incierto, ese trabajo requiere de una dosis de energía adicional. Quizás, de algunas concesiones que en tiempos de bonanza el PRO no estaría dispuesto a otorgar a propios y aliados.
La cumbre que encabezó Macri con los gobernadores radicales Gerardo Morales (Jujuy) y Alfredo Cornejo (Mendoza) surge en ese contexto. Ambos dirigentes están convencidos de que las posibilidades de retener sus administraciones crecen fuertemente si adelantan las elecciones. Es decir, si juegan su pellejo corriéndose del escenario presidencial.
Macri procura convencerlos de que lo mejor para el proyecto nacional de Cambiemos (y su reelección) es que todos se sometan a la voluntad popular el mismo día. Los radicales dudan. Si bien creen que les sobra tela para retener sus provincias (Cornejo no puede ir por la reelección pero empuja a su ministro Martín Kerchner), hoy por hoy siguen mirando con alta dosis de inquietud que el Presidente mida bastante por debajo de ellos.
No se trata ya de un problema exclusivo del radicalismo en la alianza gobernante, más allá del ya largo reclamo de falta de diálogo, incidencia e inserción en el gobierno nacional que viene formulando el centenario partido. María Eugenia Vidal está en la misma sintonía: está convencida de que la mejor manera de ayudar a la reelección de Macri es ofrecerle un triunfo adelantado en la Provincia.
Vidal es una pieza clave para Cambiemos. Tanto, como el distrito que administra. No sólo Buenos Aires reúne al 38 por ciento del electorado: es allí, con epicentro en el Conurbano, donde Cristina Kirchner logra recoger sus mayores adhesiones.
El round de ablande con Vidal llegará en los próximos días. La Gobernadora ha dicho que adoptará la decisión que más ayude al Presidente, pero sus principales operadores insisten con los beneficios de una elección adelantada. “El peronismo no tiene candidato y un triunfo de María Eugenia será un empujón decisivo para Mauricio”, dicen en La Plata.

Presiones
En la Casa Rosada creen exactamente lo contrario. Por eso presionan para que todos los gobernadores que miden mejor que el Presidente empujen la boleta nacional de Cambiemos. La cuestión tiene final abierto. De hecho, Macri no aceleró a fondo con un pedido concreto a los gobernadores en la cita patagónica. La definición, así, quedó para febrero.
No implica esa cautela un retroceso en la intención presidencial. El que entró fuertemente en acción para potenciar y reafirmar ese deseo fue Marcos Peña. Al jefe de Gabinete se le adjudica la difusión de una encuesta que muestra a Macri en una leve pero sostenida remontada en su imagen positiva luego de la reunión del G 20 y la dosis de estabilidad que vienen mostrando algunas variables económicas en las últimas semanas. Peña les muestra esa zanahoria a quienes no les agrada demasiado la estrategia oficial de tributar, sin fisuras, para la candidatura presidencial.
El alter ego del Presidente se encargó de otra misión acaso más compleja por las posiciones virulentas que suele exhibir la protagonista: cerrar filas con Elisa Carrió. Lilita tuvo algunos meses de furia con el Presidente y varios de sus funcionarios. Planteó disidencias de fondo con la política de seguridad y cuestionó decisiones en materia económica y de apoyo a las Pymes. También, por los constantes aumentos de tarifas que están asfixiando a amplios sectores de la población.
Carrió reclama medidas oficiales para volver a seducir a la clase media que en forma mayoritaria apoyó a Macri pero que ahora se muestra fuertemente desencantada con el paisaje económico que le dibujó las políticas oficiales.
Ese tironeo estaría llegando también al corazón del Gobierno. Comenzó a trascender una suerte de puja incipiente y subterránea por la necesidad de adoptar medidas que ayuden a anticipar el ansiado despegue de la economía.
Hay quienes le adjudican a un sector del Ejecutivo la intención de acelerar la baja de las tasas de interés aprovechando la caída de la cotización del dólar que ni las últimas dos intervenciones del Banco Central logró detener.
Ese planteo sigue chocando con la tesitura de la autoridad monetaria que va con pie de plomo en su receta de evitar cualquier salida de su hoja de ruta que pudiera contribuir a una corrida cambiaria que tire por la borda los esfuerzos de estabilización.
Todas las aristas de la ingeniería electoral oficial reposan en la “certeza” de que Cristina Kirchner será la principal antagonista. Por eso, en Cambiemos se mira con atención cómo en forma tenue, comenzó a asomar la cabeza Roberto Lavagna.
El ex ministro de Economía es, al igual que Vidal, el único dirigente con diferencial positivo en términos de imagen. Y su nombre está en boca del peronismo federal y de no pocos integrantes del denominado “círculo rojo” que estarían dispuestos a apoyar su hipotética carrera presidencial.
Hasta los pinares de Cariló fue a verlo el gobernador socialista de Santa Fe, Miguel Lifschitz, para hablar del escenario electoral. Juran que no se hablaron de candidaturas. Pero tras el cónclave, Lavagna se dejó ver y habló de que hace falta “una propuesta de unión nacional” que, a su juicio, ni Macri ni Cristina representan.
¿Será Lavagna el tercero en discordia, el hombre capaz de romper la polarización a la que parece conducir irremediablemente la pulseada entre Cambiemos y el kirchnerismo? Habrá que ver.

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