El trabajo y la solidaridad desde las cárceles
OPINIÓN

El trabajo y la solidaridad desde las cárceles

El acto de donar, es decir de dar algo a alguien sin esperar nada a cambio, se resignifica cuando aquellos que están donando son personas que se encuentran privadas de su libertad.
Desde las cárceles del Servicio Penitenciario Bonaerense estos actos solidarios se realizan cotidianamente y son el resultado del sostenido trabajo de capacitación que encaramos con los internos en dos sentidos: la formación laboral y la reconstrucción de los lazos con la sociedad.
A partir de los talleres y cursos de capacitación dictados, los internos adquieren conocimientos y, al tiempo que aprenden un oficio que le permitirá contar con herramientas en un futuro, realizan un trabajo mancomunado con organizaciones y establecimientos educativos de la comunidad.
En este marco, el acto solidario se transforma en un ejercicio para el alma, porque las personas se sienten útiles, adquieren aprendizajes, valores y resignifican el sentido de su vida, dando sentido a la vida de otros.

En la Unidad 16 de Junín funciona una panadería solidaria cuya producción es distribuida a hogares de niños y de ancianos, escuelas rurales y el Hospital local.

Los internos aprenden y trabajan en la producción de materiales didácticos en sistema braille que luego son entregados a instituciones educativas, como los carteles realizados en la Unidad 9 que fueron colocados este año en la República de los Niños para facilitar la visita de personas no videntes.
También producen útiles y mobiliario escolar, como las pizarras entregadas al Jardín de Infantes N° 905 de Olavarría y los juegos de mesa para niños donados a los Jardines de Infantes de Barker y producidos en la Unidad 37.
A su vez, en los talleres de carpintería y reciclado en cárceles se fabrican juguetes de madera que son donados en eventos como Día del Niño o Navidad y se produce mobiliario escolar, como el que fue recibió en septiembre pasado al Jardín Maternal N° 4 de Los Hornos para que los niños puedan realizar actividades artísticas.
Por otra parte, el trabajo solidario se traduce también en la mano de obra en panadería y repostería. Así en la Unidad 16 de Junín funciona una panadería solidaria cuya producción es distribuida a hogares de niños y de ancianos, escuelas rurales y el Hospital local. Esta acción representa una ayuda para más de cinco mil niños carenciados de la ciudad.
Desde la Unidad 24 de Florencio Varela, a su vez construyeron, con elementos donados por una empresa y una iglesia evangélica, cuarenta cunas y catres para mujeres que son madres solteras o están embarazadas y atraviesan condiciones de vulnerabilidad social.
Esta es solo una muestra de los trabajos realizados y donados durante los últimos meses de este año en el marco de diversas iniciativas como la que se comenzó a proyectar en la Unidad 42 de Florencio Varela, donde un grupo de detenidos pondrá en valor y adaptará 50 bicicletas donadas por el Municipio de Quilmes, que se destinarán para ser utilizadas por personas con capacidades diferentes.
La responsabilidad que tenemos como Estado es ofrecer capacitación y cursos para que las personas detenidas tengan la alternativa de poder dedicar su vida honestamente, dejando atrás el delito. Nuestra responsabilidad es que al obtener la libertad tengan un oficio o una profesión, eso es lo que nos indica la gobernadora María Eugenia Vidal.
En ese sentido, desde nuestra gestión, nos planteamos como objetivo central brindar todas las herramientas posibles a los internos para que, en un futuro, logren reinsertarse en la sociedad y no vuelvan a cometer delitos.
Creemos que ese camino es a través del trabajo y la educación, además de incentivar acciones que fomenten una relación solidaria con la comunidad. Porque el acto de donar es un acto reparador, más aún cuando quien lo realiza es una persona que se encuentra transitando su resocialización y quien recibe es alguien que realmente lo necesita.

(*) Ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires

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