María Eugenia Vidal mueve todos los resortes a su alcance para terminar el año en paz con los trabajadores estatales, aunque los docentes son una piedra en sus zapatos.
María Eugenia Vidal mueve todos los resortes a su alcance para terminar el año en paz con los trabajadores estatales, aunque los docentes son una piedra en sus zapatos.
LA PROVINCIA

Las sorpresas políticas que encierra la negociación para que Vidal tenga Presupuesto

La obsesión pasa por terminar de la mejor forma un año por demás complejo. Sería, según las lecturas que se hacen en el oficialismo, casi un triunfo tras varios meses en los que se vio el precipicio peligrosamente cerca. En medio de la crisis económica, que diciembre no asome su rostro más cruel surcado por tensiones callejeras y desmanes, es a esta altura el escenario deseado para la Gobernación.
Esa aspiración oficial aparece sustentada en distintas acciones. Algunas de ellas, volvieron a exhibir a la gobernadora María Eugenia Vidal tomando vuelo propio y desmarcándose de políticas más férreas adoptadas por la Casa Rosada.
Los anuncios de los últimos días que apuntan a bajar las tensiones sociales hay que anotarlas en esa dirección. Varias de esas medidas resultan paliativos y otras, como el pago de un plus con forma de bono a empleados y jubilados, el reconocimiento tácito de que los salarios quedaron, prácticamente consumido 2018, varios puntos por debajo de la inflación.
Vidal decidió, a contramano del gobierno nacional, extender el pago del bono a los jubilados. Además, el adicional que cobrará antes de Navidad el personal en actividad será de 7 mil pesos en lugar de los 5 mil pesos que se fijaron en la Nación.

Actualización de salarios
No habría que dejar pasar por alto otra medida con impacto en el año electoral: el retorno, silencioso, de la actualización automática por inflación de los sueldos de los trabajadores públicos bonaerenses durante 2019. Acaso para no herir susceptibilidades en el orden nacional, en el Provincia se niegan a hablar de “cláusula gatillo”. Los funcionarios del Ejecutivo apelaron a una gambeta dialéctica que denominaron CASAS (Cláusula de actualización salarial semestral) para garantizarle a los gremios que sus ingresos no perderán, como este año, frente al costo de vida.
Esa ingeniería le permitirá a la Gobernadora cierta paz social con sus trabajadores. Pero con los docentes el conflicto no cede y la pelea apenas si encontrará una tregua durante un receso escolar que estará ensombrecido por la amenaza gremial de no reiniciar las clases.
La modalidad del aumento que pactó con los sindicatos dialoguistas esconde otras cuestiones. La principal, que concentra el mayor porcentaje de esa actualización en el primer semestre del año: un 16 por ciento. Si la inflación camina por los andariveles proyectados por la administración de Mauricio Macri y termina en 2019 en los suburbios del 23 por ciento, los estatales de la Provincia habrán logrado recuperar en el primer semestre algo del poder adquisitivo que resignaron en este año plagado de malas noticias económicas.
Vidal podría estar en condiciones de exhibir esa buena nueva allá por junio, en una etapa decisiva del año electoral, en coincidencia con el cierre de listas y la confirmación de que irá por la reelección. Esa carta también le sería de utilidad a la mandataria si se adelantaran los comicios bonaerenses para mediados del año que viene. En Cambiemos ya admiten que está dentro del bolillero de posibilidades.

Semana intensa
El propósito por transitar un fin de año lo más diáfano posible empuja las negociaciones para aprobar a más tardar esta semana el Presupuesto bonaerense en la Legislatura. El oficialismo hará un intento mañana; si no resulta, insistirá el jueves.
Esas conversaciones traen algunas novedades al escenario político bonaerense. La primera, y ciertamente sorprendente, una posición un tanto menos intransigente en el kirchnerismo.
La postura refractaria de los seguidores de la ex presidenta se ha morigerado. No implica que los bloque de legisladores de Unidad Ciudadana vayan a probar el Presupuesto de Vidal, pero al menos allanaron el camino para que otras vertientes del peronismo que también reconocen la jefatura de Cristina Kirchner, aporten lo suyo para que la mandataria intente cerrar en paz el año legislativo.
Esos gestos se tradujeron en infrecuentes reuniones con ministros del Ejecutivo. Y varios de los planteos terminaron siendo atendidos por los funcionarios. Si bien era un reclamo que no reconocía fronteras partidarias porque hasta los intendentes del oficialismo aseguraban que sus finanzas iban a entrar en colapso, en esos encuentros quedó sepultada la idea de transferir a los municipios el costo de hacerse cargo de unos 14 mil millones de pesos para sostener los subsidios al transporte y a la tarifa social de luz.
No fue una negociación fácil, pero al final se encaminó. En rigor, el gobierno provincial había incluido en el Presupuesto ese traspaso con la idea de que fuera prenda de negociación con la oposición. Pero en algún punto, esa estrategia había comenzado a naufragar por la intransigencia de algunos funcionarios. “Lo que pasó fue que pusieron esa transferencia para después sacarla, pero algunos en el Ejecutivo se habían enamorado de la idea de que los municipios tenían que pagar algún costo”, explicaban en la Legislatura.
Ese diálogo institucional ratificó la idea del peronismo K y el que responde a los intendentes dialoguistas de trabajar en sintonía, articulando de cara al año electoral. A la hora de votación -en especial del endeudamiento para cuya aprobación se requiere mayoría especial- habrá algún “permitido” para garantizar el acuerdo con Vidal. Esto es, alguna ausencia o unas pocas manos levantadas que surgirían de los diputados afines a los intendentes del PJ.
Aquellos gestos tendrían su premio. La huella de esa mejor predisposición K en la negociación con Vidal podría quedar impresa con el desembarco de la ex diputada nacional Juliana Di Tulio en el directorio del Banco Provincia.

Massa, en contra
El otro asunto novedoso lo aporta Sergio Massa. Si no existen cambios de última hora, los bloques del tigrense votarán en contra por primera vez el Presupuesto de Vidal. No obstante, aquél acuerdo de gobernabilidad sellado en diciembre de 2015 se mantendrá en parte: los massistas se sumarán a la sanción del endeudamiento por casi 60 mil millones que requiere el Ejecutivo.
Esa posición reconoce convencimiento. Pero más aún, necesidades políticas. Los renovadores requieren mostrarse receptivos al malhumor social con Cambiemos. Conocen que las posibilidades de crecimiento de Alternativa Federal de la que Massa forma parte junto a varios gobernadores peronistas, dependen en buena parte de que se corone con éxito el plan de captura de aquellos votantes desencantados con el oficialismo. Juzgan que acompañar el Presupuesto de Vidal no sería una señal que vaya en sintonía con aquél plan de seducción.
También constituye un mensaje hacia las entrañas del espacio que acaso ayude a mantener la unidad en el bloque de diputados donde algunos integrantes miran con entusiasmo una posible articulación electoral con el kirchnerismo.
Al acuerdo final por el Presupuesto le resta colocar el moño: un paquete de obras por 2 mil millones para las comunas opositoras. En el Ejecutivo, todavía, resisten esa concesión.

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