Mauricio Macri luce agobiado, apesadumbrado y lo sucedido en la cancha de River suma otra preocupación, de cara a la mega cumbre del G20.
Mauricio Macri luce agobiado, apesadumbrado y lo sucedido en la cancha de River suma otra preocupación, de cara a la mega cumbre del G20.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Descontrol e impericia: el escenario más temido por el Gobierno antes del G20

Los incidentes en River abren serios interrogantes sobre la seguridad de la mega-cumbre global, con reproches solapados entre la Nación y el Gobierno porteño

La mirada es unívoca, más allá de las pertenencias políticas: el Presidente luce agobiado, apesadumbrado. Sólo se distiende cuando habla de fútbol. O cuando juega al fútbol, como lo hizo durante la semana con ex jugadores de River y Boca en la quinta de Olivos, antes de la superfinal de la Copa Libertadores. Paradójicamente, lo que sucedió ayer en el estadio Monumental le sumó a Mauricio Macri otro motivo de fuerte preocupación en la previa de la mega-cumbre del G20.
La impericia con la que se montó el operativo de seguridad por parte de la Policía porteña quedó en evidencia cuando el micro que llevaba al plantel de Boca fue atacado por una turba sin ningún tipo de contención de las fuerzas de seguridad. A su modo, la ministra Patricia Bullrich ya había advertido lo que podía suceder cuando ordenó a funcionarios a su cargo que se retiraran de la Bombonera ante el desborde que ocurrió el jueves, en un entrenamiento a puertas abiertas.
Las diferencias entre Bullrich y el Gobierno porteño están a la vista desde hace años. Incluso Macri se enojó en su momento con el alcalde Horacio Rodríguez Larreta por la actitud pasiva de la Policía de la Ciudad frente a los piquetes que en forma cotidiana interrumpen la circulación del tránsito en la capital argentina. Por esas cosas que tiene la política, el ministro de Seguridad porteño, Martín Ocampo, llegó a ese cargo por responder a Daniel Angelici, el presidente de Boca.
El propio Macri, cuya carrera política comenzó cuando en la década del ´90 llegó al cargo que ahora ocupa Angelici, había presionado públicamente semanas atrás para que la final de la Copa se jugara con público visitante e instruyó a Bullrich para que se reuniera con Ocampo y garantizaran conjuntamente la seguridad del evento. Pero los clubes se opusieron y entonces el Gobierno nacional se retiró de la organización. La inminencia del G20 fue la explicación.
En ese contexto, los hechos del Monumental podrían tener consecuencias políticas en el Gobierno porteño y también impactar en la propia administración de Macri. El descargo de los funcionarios que ayer fallaron al montar el operativo será que una parte de la barra brava de River provocó los disturbios porque se quedó fuera del estadio, al no conseguir entradas de favor.

Agenda recargada
El Presidente siguió ayer todo este desaguisado desde la residencia veraniega de Chapadmalal, hasta donde se trasladó a pasar el fin de semana. Allí se recluyó a descansar antes de recibir, en pocos días más, a poderosos mandatarios como el estadounidense Donald Trump, el chino Xi Jinping y el ruso Vladimir Putin.
La sola presencia de estos líderes globales en territorio nacional implica un enorme desafío logístico y de seguridad. Puertas adentro, el encuentro estará dominado por la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, que –como se comprobó este año- también puede tener efectos sobre países expuestos como la Argentina. Hacia afuera, en tanto, habrá protestas con epicentro en la 9 de Julio.
Entre las fuerzas de seguridad que participarán del enorme operativo no preocupan tanto las movilizaciones, aún si fueran masivas; sino lo que denominan “desprendimientos violentos”, conformados por grupos radicalizados.
“La respuesta será contundente, mucho más que lo conocido, si intentan traspasar las vallas para meterse en lugares no permitidos”, deslizó una fuente de inteligencia al tanto de los preparativos. El mega-operativo incluye también un refuerzo de los controles migratorios, ante la eventual llegada al país de activistas extranjeros, y monitoreo callejero con cámaras y drones.
Si bien se trata de la cumbre más importante de la historia, por su dimensión, existe también de parte de las autoridades algún exceso que puede ser interpretado políticamente, como la paralización de los trenes que unen la capital y el Conurbano bonaerense. ¿Buscan de ese modo, sin decirlo abiertamente, desmovilizar a los manifestantes?

Avances diplomáticos
Macri afrontará encuentros bilaterales muy importantes para la diplomacia y el comercio argentinos, como el que mantendrá con la primera ministra británica Theresa May –con el tema Malvinas siempre determinante en la agenda- y con el chino Xi Jinping, con cuyo gobierno se viene tejiendo desde mayo pasado una fina y paciente negociación tendiente a lograr la apertura del gigante asiático a la harina de soja nacional, lo que configuraría un gran avance.
Se trata de asuntos relevantes tanto para el Estado como el sector privado, aunque la gestión de Cambiemos no logró comunicarlos de manera tal que la sociedad se sienta involucrada en lo que sucederá en Buenos Aires en los próximos días. A tal punto, que para las personas de a pie lo más significativo serán las dificultades para trasladarse y para llegar o salir de sus domicilios si viven en la zona vedada.
Pero lo cierto es que, desde el jueves, la Argentina será el epicentro de la agenda internacional. Tanto, que se aguarda una reunión entre Trump y Xi Jinping, en un hotel porteño que, por supuesto, no fue informado por razones de seguridad.
Habrá, por si esto fuera poco, una nueva reunión entre Macri y la directora del Fondo Monetario, Christine Lagarde, para quien el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, sigue siendo su hombre de confianza en el Gobierno. El funcionario acaba de presentar al Presidente un informe reservado que proyecta recuperación de la economía más rápida que lo esperado; su optimismo contrasta con la crudeza de los números que maneja la misión del FMI.

Jugadas peronistas
Salvo las fuerzas de izquierda, algunas de ellas sin tener siquiera representación parlamentaria, la oposición no le otorga preponderancia a la cumbre. Los distintos espacios en los que se encuentra dividido el peronismo están más proclives al diálogo interno –por ahora más reservado que público- pero así y todo se van configurando dos grandes sectores de cara a 2019: el Frente Patriótico kirchnerista y el PJ federal (Alternativa Argentina) en alianza con el Frente Renovador.
En los últimos días, hubo dos movidas en secuencia: la reaparición de Cristina Kirchner en un acto público –en el que despistó a sus seguidores al sumar pañuelos verdes y celestes; y afirmar que “no es de izquierda ni derecha” pelear contra el neoliberalismo-; y la ampliación del peronismo federal con siete gobernadores –la mayoría del PJ, aunque también de fuerzas provinciales- la mesa original de “los cuatro” que crearon Massa, Miguel Pichetto, Juan Urtubey y Schiaretti.
La incorporación de los gobernadores al PJ no kirchnerista aún no concluyó: esperan sumar a otros cinco mandatarios, entre ellos Sergio Uñac (San Juan), Lucía Corpacci (Catamarca) y Alberto Weterilneck (Río Negro), atraídos por una zanahoria política que no asegura Cristina: no armar listas paralelas en sus provincias. “Ahora hay que ganar volumen para negociar lo electoral con más fuerza”, afirmaron fuentes del espacio, que anticiparon un acto nacional para fin de año.
Cristina también empezó un proceso de acumulación, aunque en su caso busca volver a entenderse con dirigentes con los que se distanció cuando era presidenta. No es una tarea sencilla, porque nadie asegura a esos dirigentes que la dama actuaría de modo diferente en caso de regresar a la cúspide del poder. Algunas versiones tampoco ayudan, sobre todo la que indica que la ex presidenta quiere poner a su hija Florencia como candidata a diputada nacional.
Entre esos dos peronismos, existe una búsqueda de tender puentes por parte de diputados como Felipe Solá –que estuvo reunido con el tucumano Juan Manzur- y Daniel Scioli, que fue recibido por el cordobés Schiaretti. Ya se registró un paso concreto en ese sentido cuando ambos sectores sumaron votos para quitarle a Cambiemos una silla en el Consejo de la Magistratura, en una jugada que además provocó fisuras y desconfianzas entre el radicalismo y el PRO macrista.
En la fuerza gobernante se encendieron todas alarmas: el pedido para eliminar las PASO tiene ahora un sentido más vinculado a que el peronismo no las utilice para alcanzar la unidad, que a su desprestigio como herramienta de participación política. El Gobierno ya observa con preocupación la paridad en los sondeos entre Macri y Cristina, pero una cosa sería enfrentar a la ex presidenta con escaso apoyo de los gobernadores, y otra que el peronismo se reagrupe como hasta 2011.
Frente a todos los problemas que afronta su liderazgo, no exento de roces con figuras de peso en Cambiemos como Elisa Carrió, ni de cuestionamientos el mal estado de la economía, lo que suceda de ahora en más con el peronismo será casi decisivo.

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