La estrategia de Cambiemos buscará llevar a Mauricio Macri a obtener la reelección con el 40% de los votos y una diferencia de 10 puntos con Cristina.
La estrategia de Cambiemos buscará llevar a Mauricio Macri a obtener la reelección con el 40% de los votos y una diferencia de 10 puntos con Cristina.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

¿Qué pasaría si Cristina optara por un renunciamiento en 2019?

Cambiemos debería adaptar su estrategia y el PJ salir de su actual estado de confusión.

Cristina Kirchner dice que no quiere ni debe ser candidata el año que viene, según sostienen algunos peronistas. Miguel Pichetto acuerda con el Gobierno la sanción del Presupuesto 2019, al costo de que se le parta el bloque en el Senado. Sergio Massa mantiene su postura de no ir a una interna con el kirchnerismo. Juan Manuel Urtubey procura acercar a Daniel Scioli a su armado electoral. Felipe Solá juega la propia. La CGT negocia un bono con el Gobierno, pero la otra mitad de los gremios lo rechaza de plano.
El peronismo está sumido en la confusión. En lo único que acuerdan todos los sectores es en el rechazo al rumbo económico que mantiene el presidente Mauricio Macri. Pero hasta ahora no encuentra los caminos para ofrecer una alternativa que no sea funcional a Cambiemos. La propia Cristina aparenta haber tomado conciencia de esta situación y se lo transmite abiertamente a sus ocasionales interlocutores.
Pero la ex presidenta y actual senadora por Buenos Aires tiene un problema de credibilidad: la dirigencia peronista no cree –en el fondo- que haya decidido aplacar su deseo de regresar al poder en pos de la unidad opositora. “Eso es lo que dice ahora, pero hay que esperar al año que viene”, deslizó una legisladora que suele encontrarse con ella en el Instituto Patria. Lo mismo comentó un dirigente que estuvo en el kirchnerismo, luego se distanció y acaba de retomar el diálogo.
“Cristina está tratando de volver a incidir en aquellos dirigentes y espacios a los que antes mandaba, cuando era Presidenta. Pero mandar es diferente a conducir”, advirtió un referente bonaerense, con peso específico en el Conurbano. Ese es justamente el principal cuestionamiento que los sectores que tomaron distancia de la ex presidenta le hicieron tras la muerte de Néstor Kirchner: su encierro político en La Cámpora y su escasa predisposición a articular alianzas.
A la ex presidenta le tomó años asimilar ese señalamiento, pero como suele suceder en la política, finalmente se impuso la realidad: armó una propuesta absolutamente cristinista para las elecciones de 2017 y perdió en la Provincia. Ella misma encabezó la lista de la Unidad Ciudadana –ya no Frente para la Victoria-, por lo cual no corrió el argumento del “mal candidato” que le achacaron a Scioli en 2015, cuando no quedaba claro si realmente querían que le ganara a Macri.
Pero en el kirchnerismo están convencidos ahora –aunque no lo digan de forma explícita- que el futuro de Cristina puede parecerse demasiado al de Lula da Silva en Brasil en caso de que Macri siga al frente del país.
La falta de mérito en el caso de la ruta del dinero K con que la benefició el juez federal Sebastián Casanello sería como un oasis en el desierto judicial que le aguarda a la ex presidenta. Por eso a la senadora le urge hallar una solución político-electoral a su situación.
Si esa salida fuera la declinación de su candidatura personal para promover –desde el renunciamiento- la unidad del peronismo, el Gobierno podría sentir el golpe porque toda su estrategia se basa ahora en la confrontación con Cristina Kirchner. En esa lógica sigue enfocándose Marcos Peña, el jefe de Gabinete que está más corrido de la gestión diaria y que volvió a pasar algunas horas a la semana en el bunker nacional del PRO, ubicado en el barrio de San Telmo.

Tres tercios
Allí, confirman que encuestas están divididas en tercios entre el oficialismo, el peronismo kirchnerista y otro espacio más indefinido en el que podría pescar el PJ federal con la “mesa de los 4”. El 10% restante podría inclinarse por opciones de izquierda. La estrategia de Cambiemos buscará llevar a Macri a obtener la reelección con el 40% de los votos y una diferencia de 10 puntos con Cristina, mientras que el peronismo no K se diluiría al 20% y quedaría tercero.
En ese esquema electoral que sería ideal para el oficialismo, el crecimiento de la izquierda resultaría fundamental como tapón para votantes que de otro modo podrían inclinarse por Cristina. Al tiempo que Cambiemos tomaría parte de los sufragios del peronismo moderado, algo que ya sucedió en las legislativas de 2017. La difusión de sondeos que reflejan un ballotage empatado entre Macri y Cristina esconde, en verdad, esta estrategia gubernamental de fondo.
Todo este plan que ya está diseñado debería ser revisado o directamente reemplazado en caso de que Cristina no sea candidata en 2019. El plan B de Cambiemos pasaría, entonces, por denunciar un “pacto de impunidad” entre Cristina y el peronismo para impedir el avance de las causas judiciales que pesan sobre la ex presidenta, si Macri fuera derrotado en las urnas. Hay ejemplos históricos a la mano, como el que pacto sindical-militar que denunció Raúl Alfonsín en 1983.
Aunque en los tiempos que corren, el oficialismo parece más preocupado por el acercamiento del peronismo y la Iglesia católica. Aunque los obispos reunidos esta semana en Pilar se esforzaron por aclarar que su misión no debe ser emparentada con la de un partido político, lo cierto es que ya hubo gestos que para algunos abonaron esa teoría y que provocaron opiniones dispares entre los obispos argentinos.
En este escenario, tiene una fuerte incidencia la relación que el Papa argentino mantiene desde hace años con los sindicalistas. La misa oficiada frente a la Basílica de Luján que bendijo a la familia Moyano no fue un error atribuido solamente a monseñor Agustín Radrizzani. Y ahora que la CGT dialoguista negoció con el Gobierno el bono de $5.000 para fin de año, la Multisectorial 21F –más cercana al Vaticano- salió a advertir que no debe suspenderse el paro general por ese motivo.
Dentro del Gobierno, en tanto, la instalación de la mesa de diálogo con la CGT, la Unión Industrial y la CAME significó un fuerte posicionamiento del ministro de la Producción, Dante Sica, en detrimento de otros funcionarios que lucen más desgastados, como el secretario de Trabajo, Jorge Triaca, quien debió afrontar rumores de salida del Gabinete, desmentidos con un sugestivo “por ahora” por el propio Sica.
Pero la modalidad elegida para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, frente a la espiral inflacionaria que carcome los salarios, trasladó al sector privado una parte del ajuste macroeconómico y abre serias dudas sobre la capacidad de los estados provinciales y municipales para hacerle frente a una erogación de ese tipo a fin de año. El Gobierno nacional ya negocia en ese sentido la reapertura de la paritaria con la UPCN de Andrés Rodríguez.
El Gobierno avanzó con el bono compensador a sabiendas de que la conflictividad sindical se incrementará en las últimas semanas de 2018. Por eso llamó la atención que –en forma paralela- no interviniera en el conflicto de los gremios aeronáuticos que paralizó el tráfico aéreo nacional el último jueves.
Así como en el plano deportivo sucede con el Boca-River que pone al país con los pelos de punta. El duelo Macri-Cristina puede ser el superclásico que le espera a la Argentina, salvo que la ex presidenta decida suspender el partido.

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