El malhumor social por la recesión y la desbocada inflación impactan fuerte en la imagen de María Eugenia Vidal.
El malhumor social por la recesión y la desbocada inflación impactan fuerte en la imagen de María Eugenia Vidal.
LA PROVINCIA

El retorno de un plan alternativo y arriesgado como remedio para la crisis

Los cerrados nubarrones que surcan el firmamento de Cambiemos dejan algún espacio para exhibir la fuerte y palpable inquietud oficial. Mauricio Macri está transitando su peor momento en relación a cómo es visto por los bonaerenses. El Presidente, de acuerdo a algunos sondeos que circularon en los últimos días, apenas recoge una imagen positiva de un cuarto de la población.
La caída en la ponderación pública del Presidente se ha ido acentuando a medida que la economía precipitó su derrumbe. Los 20 puntos menos de opinión positiva en relación a hace algunos meses coincide con la recesión, la devaluación y una inflación que galopó descontrolada y que recién podría comenzar a desacelerarse, tibiamente, con el tiempo del adiós al complejo 2018.

Vidal pierde imagen
Ese cuadro de malhumor social ha incidido menos sobre la imagen de la gobernadora. María Eugenia Vidal que se mantiene, pese a todo, como el principal activo político de Cambiemos. También, como la figura política mejor ponderada, incluso, a nivel nacional. Pero su imagen se ha mostrado permeable frente a la crisis. Supo contar con niveles sorprendentemente altos de aprobación, pero la caída del oficialismo le generó problemas. Aún así conserva una imagen positiva alta, superior a los 40 puntos. Y que la mantiene claramente en carrera para el objetivo que se ha trazado Cambiemos: que Vidal sea inquilina de la Gobernación por otros cuatro años.
Ese esquema, sin embargo, ha empezado a ser amenazado por los avatares presidenciales. En la política bonaerense y en Cambiemos en particular, se asegura que no hay plan B para la estrategia oficial. Que el Presidente irá por la reelección y que lo propio hará Vidal. El análisis más difundido indica que si Macri desistiera de ir por otro mandato porque su gobierno no lograr revertir el complejo escenario actual con medidas concretas o recreando expectativas en la gente de que le espera un futuro un poco más venturoso, la Gobernadora difícilmente pueda anotarse en la carrera presidencial sin cargar esa pesada mochila. Es decir, le sería sumamente complejo mostrarse como una figura de recambio e incombustible frente a los pesares de la población, más aún porque terminaría calzándose el traje de candidata oficial.
El dilema en el que está inmerso el oficialismo bonaerense es cómo lidiar con la dicotomía de la ponderación pública que recogen sus dos principales candidatos. Por un lado, un Presidente con una caída en su imagen. Por el otro, una Gobernadora que sobrepasa los 40 puntos de aprobación. Ambos tendrán que compartir la boleta sábana. Y la posibilidad de un arrastre negativo -que la imagen de Macri neutralice la de Vidal- no se descarta para nada en el campamento oficialista.

La propuesta de Monzó
Hace algunos meses, quien advirtió sobre esta situación fue Emilio Monzó. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación es quizás la principal espada política del oficialismo, aun cuando esa cualidad difícilmente encuentre un reconocimiento privado y mucho menos público en el pináculo del poder de Cambiemos. El legislador habló del tema con funcionarios nacionales y también con provinciales a quienes explicó su teoría. Planteó que la mejor forma de potenciar la candidatura del presidente era adelantar la elección en la Provincia y garantizar el triunfo y la reelección de Vidal. Se aprovecharía así la situación de un peronismo atomizado y sin un candidato nítido y taquillero en la Provincia. Luego, según aquél esbozo, la Gobernadora ya electa sería la principal herramienta de campaña de Macri en la Provincia.
A Monzó por poco lo sacaron corriendo. Los meses pasaron y la caída de la economía se precipitó y con ella, el malestar social con las políticas oficiales. Atada a ese malhumor creciente, cayó la ponderación pública del Presidente. La expectativa de que la economía pueda empezar a generar alguna noticia un poco más dulce anida en los laboratorios oficiales. La cuestión es si ese placebo llegará con el tiempo suficiente como para revertir el clima de pesadez.
En la Casa Rosada se aferran a la esperanza de la promocionada polarización con Cristina Kirchner casi como una tabla de salvación para capear el temporal y dejar a Macri de cara a un nuevo mandato. Pero nada parece seguro. Para colmo, algunas voces en el peronismo comenzaron a poner en duda que la ex presidente se anote en la carrera de 2019.
En ese mar embravecido hay quienes aseguran que aquella propuesta que Monzó lanzó en solitario ya no estaría generando un rechazo cerril. Por el contrario, encontraría algún entusiasmo en sectores cercanos a la propia Vidal.
La cuestión es por demás incómoda porque podría ser interpretada como una decisión bonaerense de desentenderse de la pelea presidencial. Pero si ocurriera, difícilmente surgiría de una medida inconsulta. Funcionarios bonaerenses dicen una y otra vez que seguirán la estrategia electoral que se diseñe en la Casa Rosada. Más allá de los deseos de algún que otro funcionario, ¿habrá disposición en la Rosada para ensayar esa jugada de final incierto? Se verá.

El Presupuesto bajo la lupa
En el medio de esas especulaciones asoma el Presupuesto 2019 que Vidal pretende que la Legislatura apruebe hacia finales de este mes. La discusión recién arranca, pero ya se ha generado un fuerte escenario de tensión con intendentes del PJ. Del ajuste nacional que recaerá sobre las cuentas de la Provincia y que asciende a unos 40 mil millones de pesos, al menos 15 mil millones impactarán de lleno sobre las finanzas municipales
La mochila para los intendentes es voluminosa y pesada. Ahí hay un combo en el que coexisten subsidios al transporte, a la tarifa social de luz y hasta una contribución que históricamente hacía la Provincia a la Ceamse en nombre de los municipios que desaparecerá el año que viene. Esa carga es, justamente, el principal elemento negociador del oficialismo.
El Gobierno necesita convencer a los alcaldes del PJ dialoguista y al sector de Sergio Massa para conseguir número y votar el endeudamiento de casi 60 mil millones de pesos previsto en el proyecto. Ambos tienen terminales en la Cámara de Diputados que son la llave para conseguir los dos tercios de los votos requeridos.
Los intendentes peronistas están hoy entre la espada y la pared. Vidal quiere el apoyo legislativo y un poco más: algún pronunciamiento público de respaldo al proyecto. Si aparece ese gesto, el oficialismo se sentará a negociar una baja en los subsidios que se trasladará a los distritos.
Pero estos jefes comunales buscan hacer equilibrio entre esa negociación para aliviar el peso sobre las cuentas de sus comunas y su alineamiento político con el kirchnerismo. Cuentan que Máximo Kirchner trabaja para que no apoyen el Presupuesto de Vidal. “Nos taladra la cabeza”, cuentan quienes hablaron con algunos de los alcaldes. Pero el oficialismo se puso duro: “No se puede quedar bien con nosotros y con La Cámpora al mismo tiempo”.

COMENTARIOS