María Eugenia Vidal no resigna los buenos modales, pero sus ministros están en pie de guerra para defender los fondos provinciales.
María Eugenia Vidal no resigna los buenos modales, pero sus ministros están en pie de guerra para defender los fondos provinciales.
LA PROVINCIA

Recursos en la mira, en medio de una disputa entre Vidal y la Nación

Las conversaciones existen, pero el número final de la compensación sigue rodeado del mayor de los misterios. María Eugenia Vidal persiste en su reclamo a la Nación para que le abra la canilla de una asistencia financiera por casi 19 mil millones de pesos para el año que viene. En la Casa Rosada admiten la justicia del planteo porque para poder aprobar el Presupuesto nacional la mayor parte del ajuste terminó impactando sobre las cuentas de la Provincia. Pero la indefinición que se estirará al menos hasta diciembre, genera tensión y gestos que persiguen aplacarla, en una suerte de sube y baja de sensaciones y encontronazos con las finanzas bonaerenses como telón de fondo.
La Gobernadora dejó trascender su malestar. Siente que ha pagado la mayor parte del achique de gastos que debió ejecutar Mauricio Macri para sellar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y al mismo tiempo convencer a los gobernadores peronistas. La Provincia deberá absorber unos 40 mil millones de pesos, prácticamente el mismo monto que trabajosamente logró que la Nación y el resto de las provincias reconocieran hacia fines de 2016 por la histórica discriminación en el reparto de recursos federales que sufre Buenos Aires.
Aquella negociación que puso fin a un injusto congelamiento del Fondo del Conurbano durante años en 650 millones de pesos, ha prácticamente vuelto a fojas cero. Al menos, quedará el año que viene compensada por el peso del ajuste que caerá sobre una provincia que sigue mostrando atrasos en infraestructura básica y vital como cloacas o agua potable, escuelas u hospitales.
Los 25 mil millones de pesos que según los cálculos preliminares le caerían desde Nación a la Provincia, terminaron siendo bastante más. Contando las transferencias de los subsidios al transporte, a la tarifa social de luz y la eliminación del Fondo Sojero, la cuenta asciende, como se dijo, a la friolera de 40 mil millones de pesos. Para dar una idea de lo que representa, cabe señalar que el déficit total bonaerense ronda los 28 mil millones de pesos. Claramente, se agrava una situación de por sí compleja.
En despachos cercanos a Vidal aseguran que no habrá novedades hasta bien entrado diciembre. La fecha no parece caprichosa, sino más bien responde a los tiempos de otra negociación que Macri cuida como una caja de cristal y que ya dio un primer paso clave: la votación del Presupuesto. A ese trámite parlamentario le resta dar un segundo y decisivo paso en el Senado, allá por mediados de noviembre. Ya lo dijo el influyente senador peronista Miguel Angel Pichetto: cualquier intento de compensación a Buenos Aires haría caer el trabajoso acuerdo que logró el Gobierno nacional con varios mandatarios peronistas.
Aun cuando en la Provincia se han ido convenciendo de que el último mes del año será el de las definiciones, la incertidumbre potenció las quejas amargas. Vidal cultiva un estilo muy diferente al de la explosiva Elisa Carrió, con quien habla seguido. Pero al igual que la diputada nacional, ha hecho llegar sus reclamos a la Rosada. Sin amenazas, con buenos modales y exhibiendo un perfil más bajo. El hecho en sí es toda una novedad para el oficialismo. Acaso ese nivel de confrontación ha desacomodado al gabinete bonaerense.
Los gestos de Vidal de los últimos días en busca de bajar los decibeles con el Presidente y sus funcionarios, encontró al mismo tiempo voces virulentas en alguno de sus ministros. En una rápida jugada de agenda, la Gobernadora sentó al jefe de Gabinete nacional Marcos Peña frente a su equipo.

Paños fríos
Fue el gesto que se buscó para intentar bajar la tensión que había llegado a la tapa de los diarios. Peña aprovechó para hablar sobre la coyuntura y trazar un escenario optimista de cara al futuro electoral de Cambiemos. Los pronósticos, en especial aquellos relacionados con la marcha de la economía, no han sido el fuerte del Gobierno nacional.
Cuentan que los rostros de algunos de los asistentes al encuentro dieron fe de esta última sensación. Casi como a destiempo, el que salió con los tapones de punta contra los ministros Rogelio Frigerio y Nicolás Dujovne fue Joaquín De la Torre. La serie de contrapuntos tiene que ver con una cuestión central: en la Provincia están seguros de que la ayuda terminará llegando. La cuestión es de cuánto será.
Pese a esa incertidumbre Vidal se apresta a enviar a la Legislatura el Presupuesto 2019 y arrancará un nuevo capítulo de negociaciones y amenazas. Cambiemos necesita votos que debe buscar en el peronismo dialoguista y en el sector de Sergio Massa.
La Gobernadora anda con un as bajo la manga que usará para cuando la conversación se ponga brava: advertirá a los intendentes que podría trasladar parte del costo de 25 mil millones que le significará a la Provincia hacerse cargo de los subsidios al transporte. A las comunas les tocaría unos 10 mil millones de este total, un monto impagable para la mayoría de ellas.
Nadie cree que esa amenaza se terminará cristalizando, pero será parte de una negociación que mostrará otras aristas. Massa insiste con una ley que autorice a los intendentes a adelantar las elecciones. Desconfiado, la quiere votada antes del debate del Presupuesto.
Creen que Massa terminará sumándose al acuerdo con el peronismo dialoguista. “A los muchachos le va a costar hilvanar un discurso de respaldo, pero van a terminar apoyando”, vaticinan en el PRO. El PJ dialoguista y el jefe del Frente Renovador afrontan el dilema de la contradicción. A nivel nacional, el bloque de Massa rechazó el Presupuesto. Lo propio hizo el kirchnerismo, al que adhieren los alcaldes del PJ que hablan seguido con Vidal y su jefe de Gabinete, Federico Salvai.
Esos apoyos son lo que hasta el momento le han permitido a la Gobernadora contar con la ley de leyes. Hay otra carta pesada en el mazo: el endeudamiento. El proyecto podría tener un pedido mayor al necesario, cercano a los 100 mil millones de pesos. La oposición podría bajarlo hasta $ 70 mil millones. Esa sería otra de las llaves del acuerdo.

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