Políticos y funcionarios desfilan y pugnan por ser considerados “arrepentidos” por el juez Claudio Bonadio.
Políticos y funcionarios desfilan y pugnan por ser considerados “arrepentidos” por el juez Claudio Bonadio.
LA COLUMNA DE LA SEMANA

La llave de la Caja de Pandora en manos de exfuncionarios de “cuarta línea”

Como un "presidente kirchnerista" se definía hace poco más de cinco años el mandatario venezolano Nicolás Maduro, durante un acto del que tomó parte aquí, en el estadio del club All Boys.
Aquella noche de mayo de 2013, en el barrio porteño de Floresta, Maduro estaba escoltado por referentes de agrupaciones afines al gobierno de entonces -encabezado por Cristina Fernández de Kirchner-.
Entre ellos, figuraban en primera línea los piqueteros Emilio Pérsico y Luis D´Elía, el actual diputado nacional Agustín Rossi y el "Cuervo" Andrés Larroque, uno de los líderes de la agrupación La Cámpora.
Un lustro más tarde, a D´Elía los kirchneristas le soltaron la mano, Pérsico se las ingenió para tender puentes con funcionarios del gobierno liberal de Cambiemos -más allá de que sigue marchando con el Movimiento Evita-, Rossi aún abriga sueños remotos de convertirse en Presidente de la Nación y a Larroque las derivaciones del escándalo de los cuadernos del remisero Oscar Centeno le pegan de lleno en la línea de flotación.
Mientras tanto, allí en Caracas, el mismo Maduro que en el estadio Islas Malvinas de All Boys se jactaba de ser "el segundo presidente kirchnerista de Venezuela", después del fallecido Hugo Chávez, se mantiene al frente de un país que podría batir el insólito récord de llegar a ¡un millón por ciento! de inflación en 2018, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), y del cual miles de venezolanos por día intentan huir desesperados.

El ex del ex (de la ex)
La causa judicial que impulsan el juez federal Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli a partir de los manuscritos de Centeno que certificarían el supuesto pago de coimas millonarias de parte de empresarios al gobierno anterior continuó promoviendo en los últimos días un desfile de "arrepentidos" por los tribunales de Retiro de la avenida Comodoro Py 2002.
En este contexto, da la sensación de que se cierra cada vez más el cerco en torno a la ex presidenta Cristina Kirchner, que si no fuese por el privilegio que le otorgan sus fueros como senadora de la Nación muy probablemente ya estaría detenida.
Cristina salió en las últimas horas a denunciar una presunta persecución política en su contra, cuestionó duramente a Bonadio y también cargó contra Claudio Uberti, ex titular del Órgano de Control de las Concesiones Viales (OCCOVI) y primer "arrepentido K" de la historia reciente.
Sentado en el banquillo de los acusados, Uberti declaró ante la Justicia y brindó detalles sobre los supuestos operativos de recaudación de dinero "sucio" reportados en sus cuadernos por Centeno -ex chofer del número dos de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación Federal, Roberto Baratta-.
"Un día llegué con 10 millones de dólares. No estaban Néstor ni Cristina (Kirchner), entonces pedí conocer el dormitorio. Pero no se podía pasar. Estaba repleto de valijas, bolsos y mochilas con billetes", contó Uberti, recordando una presunta visita al departamento "presidencial" de Juncal y Uruguay.
Furiosa, la ex presidenta publicó este viernes una especie de descargo en la red social Facebook, en el que tildó de funcionario de "cuarta línea" a Uberti y salió al cruce del empresario Gabriel Romero, que dijo que durante el gobierno anterior había pagado 600.000 dólares por un decreto "a medida" de su compañía.
En las últimas horas, Martín Larraburu, ex secretario del ex jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, involucró en la cadena de pagos de supuestas dádivas al fallecido Juan Carlos "Chueco" Mazzón y a los camporistas José Ottavis y Larroque, el mismo que le rendía pleitesía a Maduro en 2013 en All Boys.
Larraburu es, ni más ni menos, que otro ex funcionario de "cuarta" categoría que, al igual que Uberti, parece disponer de las llaves de la Caja de Pandora y estar decidido a utilizarlas, si es necesario ventilar ante la Justicia cualquier pecado que pudiera haber cometido el kirchnerismo durante sus 12 años de permanencia en el Poder a cambio de convertirse en "imputado colaborador" y así evitar ir a prisión.
Uberti, incluso, era un hombre de estrechos vínculos con Venezuela y se lo acusa de haber favorecido el ingreso ilegal al país de 4 millones de dólares en agosto de 2007, la misma noche de la valija del venezolano Guido Antonini Wilson -que ahora reside confortablemente en Miami, Estados Unidos- con U$S 800.000 escondidos en su interior.
Un riesgo potencialmente similar, con insospechada capacidad de daño además, representan por estos días también para Cristina y su círculo íntimo las revelaciones que pueda llegar a aportar para la causa otro "arrepentido", Ernesto Clarens, ex operador financiero de la familia Kirchner.
Y como si todo esto fuese poco, el ex secretario de Obras Públicas José Francisco López, sí, el mismo que cayó preso en junio de 2016 y que permaneció poco más de dos años detenido luego de intentar "guardar" bolsos con casi US$ 9 millones en un convento de General Rodríguez, llegó en las últimas horas a un acuerdo judicial para sumarse a la nómina de "imputados colaboradores" en la causa de los cuadernos.
Está claro que el kirchnerismo transita por horas complejas, aunque la situación podría tornarse incluso peor si Uberti, Larraburu, Clarens, López y compañía mantienen el ventilador encendido o, mejor dicho, terminan de abrir la Caja de Pandora y cuentan absolutamente todo lo que saben ante la Justicia.

La crisis, una oportunidad para el PJ
Referentes de la coalición de Gobierno, incluyendo al propio presidente Mauricio Macri, procuraron en los últimos días darle continuidad e incluso robustecer la estrategia comunicacional de la que la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, había ofrecido algunas pistas la semana anterior.
¿El principal objetivo? Trabajar sobre la idea de que Cambiemos es "diferente" y sus dirigentes, por consiguiente, también, con relación al kirchnerismo, una fuerza política a la que el escándalo de los cuadernos golpea duro, más allá de que su militancia fanatizada considere que todo se trata de una bomba de humo que el macrismo resolvió detonar ahora, para desviar el foco de atención de la opinión pública en medio de la delicada situación económica que afecta al país.
Las revelaciones de Centeno, más los testimonios que aportaron hasta el momento empresarios y ex arrepentidos, conjuntamente con eventuales datos confidenciales que aún podrían salir a la luz desde la Caja de Pandora kirchnerista amenazan con ensombrecer en serio los anhelos de "volver" al Poder de Cristina y sus lugartenientes en 2019.
Mientras tanto, el Senado aún tiene que resolver si permite a Bonadio allanar domicilios de la ex jefa de Estado y la postura que vaya a tomar el peronismo no kirchnerista, liderado por Miguel Pichetto, será crucial para determinar si la Cámara alta autoriza el operativo judicial o le baja el pulgar.
Pichetto, que ya lanzó su candidatura a presidente con vistas a las elecciones generales del año próximo, una decisión que causó urticaria en el seno del justicialismo K, sabe que con el caso de los cuadernos por un lado y la crisis económica por el otro, al peronismo que busca romper con la lógica de la "grieta" -que tanto ha sabido aprovechar el macrismo hasta el momento- se le presenta una memorable oportunidad para levantar cabeza.
Una encuesta nacional de la consultora M&F Opinión mostró que un 37,2 por ciento de los encuestados considera que los presuntos actos de corrupción detallados en los cuadernos están ligados al kirchenrismo, un 30,2% los vinculó al sistema político general, un 16,9% los relacionó con el macrismo -como estrategia para desviar la atención- y apenas un 4,7% señaló al Partido Justicialista (PJ) como eventual responsable.
El peronismo no K debería aprovechar al máximo la ocasión para ofrecerse como una alternativa entre los dos extremos de la "grieta" en estos momentos, mientras el nivel de aprobación de la gestión de Macri en el Gobierno se mantiene en el orden del 30% (apenas) y solo un puñado de ministros se salvan de la reprobación general: quien mejor mide continúa siendo Rogelio Frigerio, de Interior (de acuerdo con Ágora Consultores).

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