PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El Gobierno bajo fuerte presión política

Ante su intención de mantener el ajuste tarifario, Macri tiende a endurecer su liderazgo en materia económica, pese a las advertencias de la UCR y la Coalición Cívica. El peronismo juega su propia interna.

Presionados por izquierda y por derecha, desde afuera pero también desde adentro. Así se sienten en la Casa Rosada a raíz de la discusión pública por los fuertes ajustes tarifarios, que en el fondo someten al Gobierno de Mauricio Macri a un debate más amplio sobre el rumbo económico del país, lo que lleva al Presidente a enfrentar la situación con una tendencia a endurecer su liderazgo.
En privado, de hecho, el mandatario se enoja bastante seguido con la dirigencia que no acusa recibo de la frágil situación fiscal y que, a su juicio de manera irresponsable, tira de la cuerda buscando un posicionamiento político-electoral de cara a 2019. La novedad es que en ese paquete incluye no solo a sectores de la oposición, sino también a algunos aliados del PRO en Cambiemos.
No obstante el fastidio, Macri atendió durante la semana las prevenciones de la UCR y la Coalición Cívica por el impacto que los aumentos tendrán sobre la clase media, que es la franja social que le da volumen político a la coalición gubernamental. Y que, pese a la paulatina contracción del poder adquisitivo, sigue teniendo mayoritarias expectativas en una reactivación que sea más palpable.
Esa fue la respuesta que se llevó de la Casa Rosada el gobernador de Mendoza, el radical Alfredo Cornejo, cuando ante el Presidente y sus principales funcionarios, el jefe de Gabinete Marcos Peña aclaró que “la percepción” de la sociedad sigue siendo favorable a la gestión del Gobierno. Pese a que fue escuchado, el líder del radicalismo se topó así contra un murallón defensivo del macrismo.
La mesa chica de la Casa Rosada se convirtió en el corazón del Gobierno. Ahí reside el núcleo del poder macrista, con Peña a la cabeza de un equipo en el que también tallan sus secretarios Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, quienes tienen una notable influencia en la política económica. Frente a ellos, Cornejo se llevó la promesa de que el gas del invierno se podrá pagar en cuotas, en los meses de menos consumo (verano), aunque con los intereses correspondientes.
Sin marcha atrás
Pero no hubo ni siquiera un amague del Presidente y sus colaboradores –entre ellos el ministro de Energía, Juan José Aranguren- sobre la posibilidad de reconsiderar el ritmo del ajuste tarifario, que no sólo afecta a las familias sino también a los comerciantes y los industriales. El deficitario servicio que ofrecen las empresas del sector energético tampoco colabora con el humor social.
En este punto es que hace su juego la oposición. El martes sesionará en la Cámara de Diputados un plenario de las comisiones de Obras Públicas y Defensa de los Consumidores, en la búsqueda de emitir un dictamen favorable a los proyectos de los bloques del PJ Federal, el Frente Renovador y el kirchnerismo, que van desde la morigeración del ajuste a su eliminación directa.
Pero de acuerdo a la visión del oficialismo, esos dictámenes no serán válidos porque la comisión de Presupuesto, que también debería abocarse al asunto, no será convocada puesto que está controlada por Cambiemos. Podría desatarse entonces una controversia política de proporciones en la Cámara baja que derivaría en una nueva sesión especial, probablemente este miércoles.
En ese caso, los bloques opositores podrían reunir hasta 140 votos, pero no conseguirían los dos tercios necesarios para aprobar un proyecto en sesión especial, es decir sin dictamen de comisión. Aunque a juzgar por lo sucedido durante la semana con el peculiar episodio que protagonizó el diputado salteño Alfredo Olmedo, el objetivo de la oposición será incomodar a Cambiemos.
También, poner de manifiesto la “insensibilidad social” del Presidente al ratificar los aumentos tarifarios, que no sólo provocaron las advertencias de la UCR y de Elisa Carrió, sino también –en forma solapada- de macristas como el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, a quien se lo vio conversar muy intensamente con Cornejo en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada.

El juego de Cornejo
El jefe radical, que rechazó que aspire a integrar la fórmula de Cambiemos junto a Macri el año próximo, es mencionado sin embargo como un probable sucesor de Monzó al frente de la Cámara de Diputados cuando concluya su mandato, en diciembre de 2019. En ese marco, Cornejo alterna ahora críticas internas con fotos de unidad como la que ayer lo retrató junto a Peña en Quilmes.
Entre los cuestionamientos, Cornejo apunta especialmente contra Aranguren, a quien considera “solvente” en el plano técnico pero con escasa cintura política a la hora de articular con los gobernadores y los legisladores de Cambiemos. Esa misma queja se escucha entre los intendentes oficialistas de la Provincia, que no son incluidos a tiempo en los proyectos de la cartera de Energía.
Pero aun así, Aranguren cuenta con el respaldo del presidente Macri, ya que no tiene aspiraciones políticas y cumple a rajatablas el plan de normalización del sector energético tras el descalabro que dejó el kirchnerismo. Por eso mismo, Aranguren es uno de los ministros del Gabinete con peor imagen, sitial que comparte con sus colegas Nicolás Dujovne (Hacienda) y Luis Caputo (Finanzas).
En las encuestas que circulan quedan reflejadas las dudas que existen sobre el desempeño económico del Gobierno y la persistencia de la inflación, un cuadro en el que las tarifas tienen una especial incidencia. Aunque si no fuera por la caída de los subsidios, el Estado debería endeudarse en otros 4.000 millones de dólares hasta fin de año, con el fin de cubrir el bache fiscal, que ya es grande.
Para que eso no ocurra, el mendocino Cornejo deberá convencer la semana próxima a sus colegas los gobernadores –en una reunión del Consejo Federal de Energía- que las provincias se hagan cargo del empalme que posibilitaría la división en cuotas del aumento del gas en sus distritos y la postergación, por un bimestre, de la aplicación de la tarifa social, advirtieron fuentes oficiales.

Los tres peronismos
Más allá de la situación fiscal, en el terreno político la discusión por las tarifas adquiere diferentes matices: una cosa es el reclamo del peronismo federal y el massimo para que las facturas de gas, luz y agua no aumenten más que el coeficiente de variación salarial; y otra distinta es la exigencia del kirchnerismo para dar de baja, lisa y llanamente, los incrementos previstos para este año.
En este contexto se perfila la disputa que tendrán los distintos sectores del peronismo de cara a 2019. Por un lado, los federales volverán a reunirse en la semana –esta vez en la ciudad de Córdoba y con el gobernador Juan Schiaretti como anfitrión-, al tiempo que las miradas se posarán en la Cámara Nacional Electoral, que debe estudiar si la intervención del PJ se ajusta a derecho.
El interventor Luis Barrionuevo, que acaba de presentar a los peronistas históricos Julio Bárbaro y Carlos Campolongo como sus colaboradores inmediatos, se mueve sin embargo como si su función tuviera por delante un tiempo largo. Su autodefinición como un “soldado de la Justicia” fue interpretada también como una alusión a los problemas judiciales que tiene Cristina Kirchner.
La reactivación de la causa que investiga las irregularidades en el soterramiento del tren Sarmiento, parte del entramado del Lava Jato brasileño en la Argentina por la participación de la multinacional Odebretch, le viene en este sentido como anillo al dedo a este sector del peronismo, porque apunta a notorios ex funcionarios kirchneristas y a empresarios cercanos al macrismo.
El desgaste que padece el kirchnerismo por la vinculación a hechos de corrupción sigue siendo capitalizado por Cambiemos –“el populismo se quedó sin votos”, festejó ayer Peña-, pero con esa misma estrategia se arma ahora el peronismo ortodoxo, que descuenta que en la segunda mitad del año Cristina y dirigentes de su sector empezarán a ser sometidos a juicios orales y públicos.
Aunque para eso todavía faltan varios meses. Y antes, el Gobierno tendrá que pasar el inverno.

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