La inflación de marzo resultó muy alta: un 2,3 por ciento, que compromete la meta del 15 por ciento anunciada para todo el año.
La inflación de marzo resultó muy alta: un 2,3 por ciento, que compromete la meta del 15 por ciento anunciada para todo el año.
LA COLUMNA DE LA SEMANA

Peronismo intervenido

La imagen de un senador atrincherado en la sede partidaria para intentar hacer creer que la decisión judicial de intervenir el su agrupación política formaba parte de la teoría de la conspiración que tanto amamos los argentinos, forma parte de una grieta que no atraviesa a la sociedad, sino al peronismo y que parece lejos de quedar resuelta.
Sin dudas, lo del sanjuanino senador José Luis Gioja fue patético, casi tanto como la designación por parte de la jueza María Servini de Cubría, del gastronómico Luis Barrionuevo como interventor del Partido Justicialista.
Es que lo de Gioja fue una “resistencia” con… nadie. O casi nadie. Allí, ante la sede del PJ en la ciudad de Buenos Aires, los “resistentes” eran tan pocos que… Sobresalían, eso sí, dos intendentes, Verónica Magario, de La Matanza, y Daniel Menéndez, de Merlo junto al resignado Daniel Scioli. Nadie más. Poco, muy poco, para resistir.
Cuando Gioja advirtió que el “operativo clamor popular” no se cumplía, que se trataba del 10 de abril de 2018 y no del 17 de octubre de 1945, decidió salir por la puerta, no grande precisamente. Alguien lo consoló, cuando le contó que el popular Luiz Inacio da Silva, Lula, tampoco logró en su momento movilizar a las “huestes”, algunas muy engordadas, del PT (Partido del Trabalho) brasileño.
Anécdotas aparte, el peronismo se encamina, inevitablemente, hacia una fractura que dejará a un lado a un kirchnerismo que alguna influencia electoral tiene pero que resta mucho más de lo que suma. Y, lo que es peor, que cuánto resta, va a parar a las arcas de Cambiemos.
Nadie puede predecir si Barrionuevo logrará normalizar el PJ –para eso fue designado-, pero seguro es que si lo logra será con el kichnerismo afuera. Un afuera que permitirá algunos retornos, pero no todos. Nada que huela demasiado al gobierno anterior pasará el sedazo.
¿Cuál es el objetivo que se plantea ese peronismo emprolijado y desprovisto de los K? Para nada, ganar las elecciones del 2019. Sí, en cambio, obtener en dicha elección más votos que el kirchnerismo.
No es una pretensión “interna”. No pasa por una “PASO”. Pasa por dejar a la Unidad Ciudadana afuera. Un partido distinto. PJ por un lado y Unidad Ciudadana por el otro. Y a competir en la general.
Si el PJ renovado obtiene más votos que la Unidad Ciudadana, el kirchnerismo pasará a ser, si subsiste, una agrupación poco más que testimonial y el PJ acariciará una oportunidad de lento regreso.
El caso contrario no garantiza a los K que puedan perforar el techo electoral en el que se estancaron. De allí que, tarde o temprano, con poco y con mucho, con aliados o sin ellos, el PJ debe seguir un camino separado. Es su salud.

Vaticano
Hablando de peronismo, el Papa Francisco decidió pedir disculpas a los chilenos afectados por la pedofilia que negó drásticamente durante su bochornosa estadía en el país trasandino.
Ahora hizo lo correcto, envió a un arzobispo –el maltés Charles Scicluna- que juntó testimonios y determinó que las pruebas eran suficientes como para catalogar el caso del obispo chileno de la diócesis de Osorno como encubridor de un sacerdote acusado por pedofilia.
Sirve de poco que un Papa pida excusas, aunque siempre es mejor el arrepentimiento que la nada. “Las graves equivocaciones” como califica el propio Papa a su empecinamiento en negar las evidencias que ahora acepta, pone en duda sobre el acierto de sus decisiones.
Quien el propio Papa nombró para transparentar y sanear las más que dudosas finanzas vaticanas, el cardenal australiano George Pell, debió pedir licencia a su cargo de Prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, por acusaciones sobre… encubrimiento de delitos de pedofilia perpetrados por curas de su diócesis de Melbourne.
Por suerte, el dogma católico de la “infalibilidad del Papa” establecido en el Concilio Vaticano de 1870, a instancias del absolutista Pío IX, quedó limitado en su interpretación de aquellas sentencias “divinamente reveladas” cuando es dada a conocer como “solemne definición pontificia”.
Caso contrario, resultan meros actos o dichos de un ser humano.
Es que si la doctrina no hubiese “evolucionado” hoy enfrentaríamos como “actos divinos” al reparto de rosarios entre cuanto corrupto anda a la espera de un juicio en la Argentina o del caluroso recibimiento a la profeta del odio Hebe de Bonafini.
Pero, parece que el Papa –o la presión que sobre sus desaguisados ejerce la Curia romana- amenaza con desprenderse de su pasado inmediato.
Difícilmente dejará de lado su concepción política, pero, después de tantos errores, parece que busca correrse hacia el centro de la escena. La carta que despachó para el presidente Mauricio Macri aparece como un indicio de ello.
Hay quién exagera y predice que con todo esto, el ex gobernador jujeño y marioneta de doña Milagro Sala, se quedó sin rosario. Es posible.

Aborto
Tema serio si los hay, pero encarado a la Argentina con artistas y periodistas que exponen ante legisladores –entre alguno que otro médico, psicólogo y sociólogo- con movilizaciones en la calle –la manía de complicar al argentino medio que trabaja todos los días- para uno y otro bando.
Y este es el problema. Que en la Argentina, cualquier tema provoca bandos. Bandos que, al igual que la mayoría de los artistas y periodistas opinólogos, buscan frases retóricas para sus dichos o para sus pancartas, con las que atraer corazones y no mentes.
Aquí no se trata, en realidad, de despenalizar o no el aborto. Aquí de lo que se trata es de determinar si la vida de un ser humano comienza al momento de su concepción, en algún momento del embarazo o al momento del nacimiento.
Si la vida comienza al momento del nacimiento, entonces el aborto no puede ser punible. Ninguna vida es tronchada por la fuerza.
Si la vida comienza en algún momento del embarazo, pues hará falta determinar legalmente ese momento. Un aborto anterior será punible y uno posterior no lo será.
Y si la vida comienza al momento de la concepción, entonces, el aborto configurará una conducta delictiva por quién lo practica y por quién lo consiente.
Claro que la biblioteca siempre estará dividida. Por tanto, deberá ser la sociedad la que determine cuando comienza legalmente la vida.
Sí, claro, será una ley del Congreso Nacional, pero será muy conveniente, necesario, que se someta a votación popular la fijación de ese comienzo de la vida.
Es la sociedad y no un legislador quién debe asumir la situación. Después de todo, se trata nada más y nada menos que de la vida humana.
No se trata de militancia, ni para lo uno, ni para lo otro. Tampoco de frases hechas. Se trata de reflexión, toma de conciencia y decisión. Madurez.

Malas noticias
La inflación de marzo resultó alta, muy alta. Un 2,3 por ciento, a esta altura del partido, compromete la meta del 15 por ciento anunciada para todo el año.
Es que, recién transcurrido un trimestre, la inflación acumulada ya orilla el 6,7 por ciento.
No obstante, no resulta irracional imaginar una caída importante de la inflación para el segundo semestre del año. Sí, ya sé, siempre con el segundo semestre.
Sin embargo, era obvio que el atraso de los precios relativos que fija el Estado y que trajo como consecuencia un importante déficit energético, iba a ser recuperado, durante el primer semestre del año.
Primero, porque las cuentas públicas no dan más. Y segundo, porque falta un año y medio para las próximas elecciones.
¿Por qué es factible que la inflación ceda en los últimos seis meses del año? Porque como consecuencia de los aumentos de tarifas, el déficit de presupuesto generado por el alto gasto público –en este caso, subsidios- va a caer.
Y el déficit de presupuesto, la diferencia negativa entre lo que el Estado recauda y lo que el Estado gasta, es la causa central de la inflación.
Ya en este mismo primer trimestre, el déficit fiscal primario –antes del pago de los intereses de la deuda- bajó a un 0,3 por ciento del Producto Bruto Interno, exactamente la mitad de lo previsto.
Claro que si se agregan los pagos al exterior, el déficit trepa al escalofriante 8 por ciento del PBI. Según el Gobierno, el escalonamiento de los pagos hará que en el resto del año su incidencia quede reducida. Veremos.
Con todo y como contraprestación al crecimiento de la inflación, los datos de crecimiento continúan firmes aunque moderados. Así la utilización de la capacidad instalada industrial creció un 4 por ciento y alcanzó el 64 por ciento. Alentador.

Nubarrones
El optimismo decae cuando leemos los volúmenes de la cosecha gruesa que aún no finalizó.
Es que la prolongada sequía hizo estragos. Según las estimaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, la cosecha argentina de soja ya no será de 47 millones de toneladas, sino de 40 millones, poco menos de un 20 por ciento de pérdida.
Cierto es que cuando la cosecha es menor, los precios aumentan, pero la explicación no vale para quienes perdieron la producción de la presente campaña, ni para el Gobierno que aún practica retenciones –decrecientes- sobre la oleaginosa.
Como para entender que no se trata de un fenómeno aislado, sino que compromete a la totalidad del país –aunque la mayoría de los argentinos considera que los problemas del campo les resultan ajenos-, la estimación sobre el crecimiento del PBI para el presente año pasó del 3 por ciento al 2,5 por ciento, según la CEPAL, la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas.
En contrapartida, las estimaciones sobre la siembra de trigo resultan muy prometedoras. Los cálculos previos hablan de un incremento del 10 por ciento del área a sembrar –la campaña comienza en mayo- y su recuperación a los niveles históricos anteriores a la intervención K sobre las operaciones con cereales.
Entre 5,8 y 6 millones de hectáreas quedarán sembradas con trigo. Buen augurio.

Por afuera
El presidente Mauricio Macri está en Lima, Perú, para la VIII Cumbre de las Américas que reúne a los mandatarios del continente. No así, el controvertido presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quién a último momento anunció el faltazo.
Desde la política regional, el tema central es Venezuela y su deslizamiento liso y llano hacia la dictadura cada vez menos encubierta por manipuladas formas democráticas.
En función de ese deslizamiento, el gobierno peruano declinó invitar al dictador Maduro tal como quedó establecido en la Declaración de Quebec del 2001.
Por su parte, el presidente ecuatoriano Lenin Moreno regresó a su país tras conocerse el asesinato de tres periodistas ecuatorianos, a manos de un grupo disidente de las FARC colombianas que no acepta el acuerdo de paz.
Pero el gran ausente, sin dudas es el polémico Donald Trump quien adujo la necesidad de ponerse al frente de una coalición que ataque al régimen sirio con motivo del uso de armas químicas el 7 de abril pasado, sobre la ciudad rebelde de Duma.
Trump busca aliados. Entre los occidentales, ya los encontró. Tanto Gran Bretaña como Francia están dispuestas a atacar al régimen del dictador Bashar al-Assad. No lo hicieron por el pasado, cuando al-Assad también las empleó. Ahora, parece que la paciencia se agotó.
El problema es que detrás de Assad, no solo están las milicias shiítas iraníes y el Hezbollah, libanés. También está Vladimir Putin. Un nombre mayor.
Precisamente, fue la policía militar rusa la encargada de controlar la ciudad Duma una vez que se retiró la milicia rebelde que la ocupaba. Parece ser un signo, o mejor dicho una intención de responder al desafío occidental.
Un desafío occidental que para materializarse contó con el apoyo de algunos países árabes. Ciertamente, por aquello del “enemigo de mi enemigo que es mi amigo” Arabia Saudita y algunas monarquías del Golfo respaldan la acción militar contra Assad debido a su alianza con el Irán persa que disputa a los sauditas la hegemonía en la región.
En síntesis, parece que Trump partió en guerra, que Putin espera y que la paz en Siria deberá esperar aún más. Siria lleva ya 7 años de guerra civil y ahora sirve de excusa para reiniciar una nueva versión de Guerra Fría.

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