En Jedwabne, 1600 judíos polacos fueron asesinados por sus vecinos católicos.
En Jedwabne, 1600 judíos polacos fueron asesinados por sus vecinos católicos.
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El diario Página 12 publicó el 18 de diciembre último una nota sobre la masacre de 1941 en Jedwabne, donde 1600 judíos polacos fueron asesinados por sus vecinos católicos polacos.
Recientemente el Estado polaco decidió promulgar una curiosa ley por la cual penarán con hasta tres años de prisión a quien afirme que los polacos o Polonia han tenido participación en el genocidio nazi.
Curiosa contradicción, ya que en variadas ocasiones Polonia ha pedido perdón e incluso indemnizado a víctimas del terrible acontecimiento. A tal punto que en 2001 el entonces presidente polaco, Aleksander Kwasniewski, pidió perdón por la masacre de Jedwabne.
Lo que llama la atención del caso, es el hecho de que Polonia se embarque a esta altura de la historia en tratar de silenciar el holocausto de una manera tan absurda y torpe.
Hace pocos días la Liga Polaca contra la Difamación denunció a la web de Página/12 por haber violado esta ley. El empecinamiento en negar lo que sucedió es delirante, pero sobre todo hiere a la humanidad en su conjunto.
Lo innecesario de semejante movida en la que se ha embarcado el gobierno polaco ha despertado exactamente lo contrario que creyeron que lograrían. Ahora todo el mundo volverá sobre sus pasos a estudiar la historia del Holocausto con el énfasis puesto en el accionar del gobierno y el pueblo polaco de entonces.
La situación es de tal tozudez que equivaldría a que algún descendiente de Videla demandara a quien diga que en la Argentina hubo torturas y secuestros por parte del Estado en la última dictadura militar.
Imagínense la situación de alguien que haya sido víctima de la tortura en esos campos sea demandado ahora por salir a contar su historia. ¿Cómo reaccionaríamos como sociedad? ¿Qué diríamos? ¿O lo tomaríamos tan a la chacota de lo poco seria que resultaría tal demanda?
Más allá de este debate surgen dos temas: la libertad de expresión y lo que muchos llaman el derecho al olvido, donde se exige sean borrados de todo archivo determinados hechos. Cuando se discute al respecto siempre salen a la luz infinidad de casos donde su verdadera intención es que se deje de hablar de ellos. Lo que no es más que una ridícula versión de censura retrasada y torpe.
Cuidar la memoria es importante para no olvidar, pero más lo es para pensar en el futuro. Como decía Jose Saramago “Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”.

(*) Miembro de la DAIA

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