Mauricio Macri intenta que el clima de pesimismo que reina en sectores sociales, empresarios y políticos no contagie a sus propios legisladores.
Mauricio Macri intenta que el clima de pesimismo que reina en sectores sociales, empresarios y políticos no contagie a sus propios legisladores.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El Gobierno compra tiempo con un billete de “pragmatismo científico”

Busca oxigenar la discusión pública, dominada por las opiniones críticas y las protestas contra la política económica, abriendo paso al debate sobre el aborto.

“Necesitamos más tiempo”. Esa reflexión ya la escucharon de boca del presidente Mauricio Macri varios de sus ministros y aliados políticos dentro de Cambiemos. Casi todos ellos interpretaron que el mandatario aludía a su intención de ir por la reelección el año próximo. Y en rigor estaban en lo cierto, aunque pocos repararon en que ese “tiempo” del que hablaba Macri ya comenzó a correr.
La lógica presidencial podría definirse de esta manera: las reformas económicas que se pusieron en marcha hace dos años están en pleno desarrollo y requieren de un proceso de consolidación, antes de que los resultados sean percibidos por la población. Macri está convencido de que el camino es el correcto, pero a la vez entiende que el trayecto está plagado de inconvenientes.
Tantos, que por momentos la agenda pública queda imbuida de una visión crítica de la realidad nacional. En los últimos días ese clima político se encarnó en la marcha encabezada por Hugo Moyano en la avenida 9 de Julio, pese a que el sindicalista la convocó en defensa propia, debido a sus problemas judiciales. Pero se terminó convirtiendo en el catalizador de un frente opositor, pleno de contradicciones, pero con capacidad de agitación.
En la Casa Rosada deslizan algún malestar con sectores del “círculo rojo” que al comienzo apoyaban la gestión sin dudar y que ahora manifiestan reparos sobre la política económica. El propio Moyano puede ser un ejemplo de ello, pero también los hay en el ámbito empresario y en la dirigencia política. El Presidente cree que ese clima negativo se corporiza en el Congreso.
Por eso pedirá mañana a los diputados y senadores nacionales de Cambiemos –como ya lo hizo en la Provincia la gobernadora María Eugenia Vidal- que “no se dejen contagiar el pesimismo” de las bancadas opositoras. El mensaje del mandatario tendrá lugar en la quinta de Olivos, en la antesala de su visita al parlamento el próximo jueves para la apertura de las sesiones ordinarias.

Bomba de fragmentación
Si el Presidente considera al Congreso como un estamento del poder que puede poner en riesgo la gobernabilidad -dado que Cambiemos no tiene mayorías y la oposición puede bloquear sus iniciativas-, entonces su aval a que se discuta la legalización del aborto es como colocar una bomba de fragmentación –dicho sea de forma metafórica- al interior de casi todos los bloques.
Incluso, el estallido puede afectar al propio oficialismo parlamentario: las primeras estimaciones indican que una iniciativa de esa naturaleza tendría más apoyo entre los radicales, menos entre los macristas y prácticamente nulo entre los “lilitos” de la Coalición Cívica. Pero la jugada –a la que no debe negarse cierta astucia política- apunta sobre todo a incomodar a las bancadas opositoras.
Por caso, a los kirchneristas y peronistas cercanos al Papa Francisco y a sectores del colectivo feminista más partidizado, que planificaban una arremetida contra el Gobierno durante el paro de mujeres convocado para el 8 de marzo. Y que en este nuevo escenario promoverán –de la mano de un grupo de diputadas- una sesión especial de la Cámara baja para esa fecha emblemática.
No obstante, a estas legisladoras no les dará el número para avanzar con la iniciativa, básicamente porque Cambiemos no bajará al recinto y propondrá, en cambio, un debate más amplio y extenso en comisiones para luego trasladarlo al plenario. Esa postura coincide con la Conferencia Episcopal de la Iglesia católica, que pidió “escuchar todas las voces” antes de avanzar con el proyecto.
Algunos interpretaron que el Gobierno hizo una movida frente a los que se proclamaban voceros del Papa y dan apoyo a cualquier manifestación contra Macri. El oficialismo lo niega y sostiene que no podía seguir evitando la discusión, aunque entre los dirigentes del Pro la mayoría se opone a la despenalización del aborto.

Antecedente igualitario
La incipiente discusión registra un antecedente que habría que recordar: el enojo del entonces cardenal primado Jorge Bergoglio con el alcalde porteño Macri por haber convertido a la ciudad de Buenos Aires en el primer distrito que instrumentó el matrimonio igualitario tras la sanción de la ley en el Congreso, promovida entonces por el kirchnerismo luego de la derrota electoral de 2009.
Eran tiempos en los que Néstor y Cristina Kirchner consideraban a Bergoglio como el virtual “jefe de la oposición” y en los que el macrismo cultivaba su relación con el arzobispo porteño -vía Gabriela Michetti-, pero en el PRO pesó más una corriente liberal que, al parecer, es la misma que ahora se impuso en la discusión interna que llevó a Macri a habilitar el debate sobre el aborto.
En este punto, las miradas recaen sobre el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el asesor Jaime Durán Barba, quien durante la campaña presidencial de 2015 había anticipado que de llegar al poder, el macrismo no rehuiría la discusión sobre el aborto. Por ende, puede inferirse que la mesa chica de la Rosada tenía guardada esta carta bajo la manga para jugarla cuando lo considerara oportuno.
El Gobierno apela ahora a la incorrección política para recuperar el control de la agenda. Y para ello se desentiende de las categorías tradicionales derecha-izquierda. Desde esa óptica, la postura oficial sobre el caso del policía Luis Chocobar es opuesta a la de permitir el debate sobre el aborto, lo que pone en evidencia su “pragmatismo científico”.
Esto es, su flexibilidad para ir de un lado a otro del espectro ideológico sin traumas, basado en rigurosas mediciones de encuestas y en corrientes de opinión que toman volumen en la sociedad, como sucede en la Argentina con los temas de género desde la irrupción del movimiento “Ni una menos”. Desde esta óptica, se trata de canalizar –y no de obturar- las demandas de la sociedad.

Juego de diferencias
De hecho, el reclamo por la legalización del aborto acaba de tocar a las puertas del Congreso con una nutrida marcha pocos días atrás. Con la habilitación del debate, Macri logró de movida un efecto diferenciador de su antecesora Cristina Kirchner, quien siempre se opuso a esa iniciativa. Y que ahora guarda silencio pese a que, llegado el momento, se tendrá que pronunciar en el Senado.
En la oposición se registra, no obstante, un corte generacional sobre el aborto: aun en contra de la postura de su madre, Máximo Kirchner votaría a favor de la legalización. El debate también está cruzado por los argumentos de tipo científico, tanto que el ministro Lino Barañao es hasta ahora el único ministro que lo avala, contra la opinión de casi todo el Gabinete y del propio Presidente.
En medio de esta situación, el Gobierno también debe hacerse tiempo para evitar que la caída de la imagen presidencial se profundice entre los sectores populares y la clase media. Y como en la Argentina se da por hecho que el fútbol es un fenómeno social y cultural, en la Casa Rosada se registró una alta dosis de preocupación por los cánticos de las hinchadas contra el mandatario, aunque puede ser organizado por sectores con llegada a las barras bravas.
Por eso hubo contactos con Jorge D´Onofrio, quien salió a calmar los ánimos exaltados de los riverplatenses ante el rumor extendido de que Macri influencia en la AFA en favor de Boca, lo mismo que piensan los hinchas de San Lorenzo. Ese clima hostil con el Gobierno fue sufrido en carne propia por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien se retiró del estadio Monumental.
El que aprovechó la situación fue Moyano, quien abonó las sospechas desde Independiente, justo el día después de la marcha y de la gran final que el equipo de Avellaneda disputó en Brasil. Pero la verdadera motivación del sindicalista radica en su enfrentamiento con Macri. Y en evitar el avance de las causas judiciales en su contra.
Rápido de reflejos, el Gobierno reaccionó con un certero cambio de frente. Y puso del otro lado del terreno político el siempre postergado debate por la legalización del aborto. Habrá que ver ahora si logra sostenerlo en el tiempo y si no termina tirando la pelota afuera apremiado por las circunstancias.

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