MARKETING APLICADO

Fiestas

La explosión cultural y comercial.

Llegan las fiestas y el paisaje del centro de Junín comienza a modificarse. Este año como todos los años. Las colas de los bancos susurran que se siente la crisis, que en esta Navidad no habrá muchos regalos mientras que los dirigentes auguran un natural repunte en las ventas. Llegan las fiestas, pasan algunas cosas y las quiero contar en esta columna de verano.
El frenetismo está a punto de apoderarse de todos nosotros, es que no teníamos pensado comprar regalos pero nos enteramos que un integrante de la familia estuvo en el centro y completó de “chucheras” una bolsa. Estamos obligados, salimos con el auto con la pretensión de estacionar en la puerta del negocio y salir en 5 minutos. Bocinazos, colas para pagar y algo inédito, filas de autoservicio para envolver los regalos, un trámite que se demora porque si algo está claro es que todos somos novatos a la hora de colocar el moñito y que quede bien el rulo.
Comida, mucha comida y por supuesto la bebida bien fría esperando. Supermercados, despensas, kioscos y el paulatino final del negocio de los fuegos artificiales. La compra del hielo a último momento y la pena por el muchacho de la estación de servicio. Todo configura un paisaje comercial que solo pueden observar quienes se asoman como turistas.
Las fiestas son por excelencia, un momento de ebullición de consumo. Una oportunidad para reunir necesidades reales o creadas con la oferta de productos y servicios. Sin embargo, todos los años, como este año, se observa la total ausencia de planificación, comunicación de ofertas, atracción o estímulo creativo hacia determinado negocio o sector comercial. Quizá todo se acumula sobre el final y de ahí surge el mencionado frenetismo pero considero que hay muchas oportunidades que se pierden por no promover acciones tendientes a la desconcentración con descuentos o beneficios combinados.
Lo que viene es eso, una furia comercial que en su ADN contiene cuestiones culturales, por las cuales siempre dejaremos todo a último momento y un déficit comercial que no alienta a la gente a que modifique el comportamiento de consumo caprichoso, esto de “no se lo que quiero pero lo quiero ya”.
Llegan las fiestas y la bomba está por estallar.

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