Mauricio Macri se encamina a cumplir dos años de mandato habiendo puesto sobre la mesa una agenda de temas que le dan a su administración un perfil propio.
Mauricio Macri se encamina a cumplir dos años de mandato habiendo puesto sobre la mesa una agenda de temas que le dan a su administración un perfil propio.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Macri en el poder quiere mostrar su práctica en el juego de equilibrios

En sólo una semana se cumplirán dos años de la Presidencia de Mauricio Macri. Se trata de un tiempo prudencial como para verificar la existencia de un estilo propio en el ejercicio del poder, más allá de las comparaciones de siempre con el kirchnerismo, que no resultarán útiles de aquí en adelante porque Cambiemos está en un proceso de expansión sobre el tablero político argentino.
El crecimiento inicial de un grupo gobernante se basa, ciertamente, en el aprovechamiento de los fracasos del pasado: el menemismo construyó su hegemonía agitando el fantasma de la hiperinflación alfonsinista; el kirchnerismo se autodefinió como la contracara del conservadurismo y la ineptitud que llevó al colapso de 2001. Pero esos son relatos que no explican toda la realidad.
Como la historia reciente del país lo demostró acabadamente, una cosa es el clima de época imperante –que los gobiernos representan en mayor o menor sintonía con la sociedad- y otra distinta es lo que sucede en la entretela del poder. Este segundo elemento es determinante para comprender hacia dónde va el país, la película en movimiento antes que la fotografía estática.
En ese plano, la figura central de la política argentina es Macri. Ya no lo es Cristina Kirchner –que juró como senadora e inició una etapa de declive- ni tampoco se proyecta otro dirigente opositor con posibilidades ciertas de cara a 2019. Es más: las miradas comienzan a posarse desde ahora sobre el tridente que –aún cuando parezca todo muy lejano- ya se posiciona para la sucesión.
En ese pequeño grupo de privilegio habitan Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de Gabinete es el preferido de Macri: en el traspaso de la presidencia del G20 de Alemania hacia la Argentina, el último jueves, no sólo le cedió la palabra en el inicio del acto –muy relevante para el Gobierno-, sino que también lo invocó dos veces durante su propio discurso.

Múltiples funciones
Peña acumula funciones vitales de la administración: viene de encabezar la exitosa campaña electoral oficialista –en sintonía con el consultor Jaime Durán Barba- y es la cara visible de la comunicación gubernamental. En ese campo su influencia es tal que algunos funcionarios sienten que están a prueba cuando se sientan junto al jefe de Gabinete en una conferencia de prensa.
El canciller Jorge Faurie dio una muestra de ello cuando le tocó responder a una pregunta difícil sobre la presencia de militares británicos en la búsqueda del submarino ARA San Juan, extraviado en el mar argentino. Ni bien terminó de contestar, el diplomático miró a Peña, que estaba a su lado, como buscando una aprobación. Y respiró aliviado cuando el jefe de Gabinete asintió.
Después de esa conferencia, Peña partió hacia los Estados Unidos, donde compartió un panel con Durán Barba y luego se reunió con funcionarios de la administración Trump en la Casa Blanca. En su breve ausencia, el Gobierno discutió internamente si el presidente Macri debía grabar un mensaje de condolencias para los familiares de los 44 tripulantes, algo que finalmente descartó.
Peña estaba en Washington en el mismo momento en que la gobernadora Vidal se encontraba en viaje a China, donde pasará los próximos días para presentar a la Provincia ante la potencia asiática. Por eso no faltó en el oficialismo quien considerara que ese juego a dos bandas es propio del estilo de liderazgo de Macri, que reparte funciones pero se reserva el centro de la escena.
Vidal viene de recibir un fuerte espaldarazo presidencial en su cruzada para recuperar el Fondo del Conurbano. Y por si eso fuera poco, fue mencionada por Macri como una probable sucesora –se entiende que para 2023- junto al propio Peña. En esa declaración inesperada, el mandatario “se olvidó” de Rodríguez Larreta, lo que provocó algún malestar en el jefe de Gobierno porteño.

El tándem PRO
Ese olvido fue interpretado como una definición en la interna del PRO: Larreta debería darse por pagado al haber sucedido a Macri en el Gobierno porteño. En ese momento, el Presidente se puso claramente de su lado cuando los desafió Gabriela Michetti. Pero de cara al futuro, el recambio estará en Peña o Vidal. O en ambos, tal vez. Aún así, el alcalde porteño no será un espectador.
En el partido macrista sostienen que Larreta tiene más afinidad personal con Vidal que con Peña, con quien convivió en el Gobierno porteño en medio de recelos mutuos. Pero la Gobernadora fue su protegida y el intercambio político que hay entre ambos es muy fluido. Ese tándem será, justamente, uno de los que habrá que tener en cuenta en el transcurso de los próximos años.
Otro actor relevante de la interna oficialista es el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, quien será reelegido en su cargo esta semana pese a sus constantes desacuerdos con las estrategias que definen Peña y Durán Barba. Monzó llegó a decir en una sesión que no pensaba tocar el timbre para poner orden en el recinto, porque lisa y llanamente no le gusta el timbreo.
El diputado bonaerense tiene, no obstante, una llegada directa al Presidente. ¿Alguien podría sostener que sería reelegido como titular de la Cámara si no contara con el aval de Macri? Así que Peña y también Vidal -que nunca le perdonó haber negociado su candidatura a la baja en 2015- tendrán que hacer caso omiso a las prevenciones que les despierta Monzó, de origen peronista.
Un caso más delicado para la interna oficialista es el de Elisa Carrió. La diputada se concibe a sí misma como la que pone límites morales en Cambiemos, algo que de tanto en tanto le provoca dolores de cabeza a Macri, aunque reconocen su actitud de apoyo crítico es importante y le otorgar credibilidad cuando defiende al Gobierno en situaciones difíciles. Ayer, la Coalición Cívica advirtió que tomará distancia si el Presidente bendice un acuerdo político entre su amigo Daniel Angelici y “Coti” Nosiglia en la UCR porteña.

La UCR y el PJ
Carrió, que venía de expresar su rechazo a una intentona de modificar la Ley de Glaciares –en favor de las mineras-, no parece tener sin embargo un destino presidencial. Tampoco la UCR luce actualmente en condiciones de colocar a uno de los suyos en la línea de sucesión de Macri, pero cuenta al menos con dos gobernadores en ejercicio que podrían participar de esa discusión.
El peronismo, en cambio, se encuentra mucho más complicado en su rearmado como fuerza de oposición. A tal punto, que ningún gobernador se anota abiertamente en la carrera presidencial hacia 2019 –como lo hacía el salteño Juan Urtubey hasta que perdió las elecciones legislativas- y por lo bajo se admite que los armados son más a largo plazo, para disputar el poder en 2023.
Aquí en la Provincia se replica ese mismo esquema: Gustavo Menéndez, el intendente de Merlo que este mes será ungido titular del PJ bonaerense, propicia que el candidato a gobernador dentro de dos años sea el lomense Martín Insaurralde o en su defecto la matancera Verónica Magario. El dirigente, que se apresta a viajar a Roma, se proyectaría para la Gobernación recién en seis años.
Todos estos movimientos, tanto en el oficialismo como en la oposición, parten de la base de que Macri logró asentarse en el poder y lo está ejerciendo con solvencia, como lo demostró la sanción que el Senado le dio al pacto fiscal y a la reforma previsional, pocas horas después de una nutrida marcha sindical en las puertas del Congreso, que no sería gratis para el camionero Pablo Moyano.
La reforma laboral, en tanto, será resistida por los distintos bloques parlamentarios peronistas, cuya fragmentación no facilita las negociaciones con el Gobierno. Pero en los hechos, Macri se encamina a cumplir dos años de mandato habiendo puesto sobre la mesa una agenda de temas que le dan a su administración un perfil propio, que no se define por oposición al kirchnerismo.
El Presidente apela, en cambio, a un juego de equilibrios en el oficialismo que, sin embargo, no le resta fuerza a Cambiemos a la hora de hacer pesar el poder del que dispone actualmente.

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