María Eugenia Vidal volvió a apurar reformas y busca tener aprobado el Presupuesto a fines de noviembre.
María Eugenia Vidal volvió a apurar reformas y busca tener aprobado el Presupuesto a fines de noviembre.
PANORAMA POLÍTICO DE LA SEMANA

El oficialismo transita el envión electoral

Los triunfos electorales brindan legitimidad política. También otorgan plafón para encarar acciones y adoptar medidas que acaso no resulten tan simpáticas cuando las urnas se empeñan en ocultar su rostro más amable.
El gobierno de María Eugenia Vidal parece encaminado a subirse a ese envión. Y resolvió acelerar los tiempos en busca de plasmar reformas que en algunos casos implican decisiones de fondo, pero que en otros bien podrían emparentarse con una suerte de devolución al favor que recibió del electorado. Una interpretación del mensaje que buena parte de los bonaerenses dejó explicitado con su voto en las elecciones del pasado domingo.
La decisión de ir por un “achique de la política” transita por ese sendero. Es cierto que una medida de esas características es complejo de adoptar cuando un gobierno no cuenta con mayoría parlamentaria -como todavía le ocurre a Cambiemos- y se ve obligado a negociar todas y cada una de las leyes con la oposición. Pero no menos cierto es que este año los presupuestos de ambas cámaras se dispararon en porcentajes que superaron incluso largamente los recursos que dispusieron para gastar varios ministerios.
Vidal pretende bajar el tope de gastos de la Legislatura del 1,5 al 1,2% del Presupuesto provincial y difícilmente encuentre resistencia para coronar esa embestida. Aunque en rigor, no haría falta: los propios diputados y senadores podrían autolimitarse ya que el famoso tope de gastos no significa una imposición, sino sólo un techo.

Fin de los privilegios
Idéntico análisis podría hacerse de las famosas jubilaciones de privilegio de las que todavía gozan gobernador, vice y legisladores y por las que se pueden retirar quienes ejercieron esos cargos con menos edad y años de aportes y un porcentaje mayor de haberes. Ni las autoridades del Instituto de Previsión Social ni otras áreas del Ejecutivo avanzaron en estos casi dos años de gestión en intentos por dar por tierra con una franquicia cuestionable, que coloca a la política con una prerrogativa de la que no goza el común de los trabajadores estatales que debe religiosamente acumular 60 años de edad y 35 de servicio para acceder al beneficio.
El último caso de un dirigente notorio que accedió a ese beneficio fue Luis D`Elía. Es probable que el ex piquetero K, que fue durante cuatro años diputado provincial, haya terminado clausurando el camino para el arribo de otros jubilados premium en la Provincia.
Desde otra óptica habría que mirar las reformas impositivas que se propone el gobierno bonaerense. La baja de Ingresos Brutos para diversas actividades productivas se inscribe en un cambio de lógica que busca que ese tributo distorsivo comience a tener una incidencia porcentualmente menor en el global de los recursos propios de la Provincia. Persigue también el objetivo de aliviar las cargas tributarias, generar empleo y el fin último de descomprimir la puja por los precios.
La medida es ambiciosa aunque por sí sola puede resultar insuficiente. ¿Qué actitud adoptarán, por caso, los municipios frente a esos mismos sectores de la producción a los que les cobran la tasa de Seguridad e Higiene casi como un gravamen análogo a Ingresos Brutos?
El gobierno provincial presentó además el proyecto de Presupuesto a la Legislatura con la idea fija de que se apruebe antes del recambio legislativo de diciembre. Se trata de una mirada que está posada sobre la realidad política surgida tras la elección y, puntualmente, en el clima de revulsión que se respira en el peronismo.
Cambiemos busca reeditar los acuerdos con intendentes no K y dirigentes del PJ alejados del liderazgo de Cristina Kirchner para recrear las mayorías que le permitan reunir los dos tercios de los votos que necesita para pasar por el tamiz de la Legislatura el endeudamiento de casi 59 mil millones de pesos que solicitó para el año que viene.
En eso viene trabajando desde hace algún tiempo en forma sigilosa. No sería para nada casual la integración de la comitiva que acompañó al ministro de Economía Hernán Lacunza a los Estados Unidos en busca de financiamiento para obras de infraestructura. Ex sciolistas, peronistas a secas, otroras K y margaritos se unieron a los diputados oficialistas Manuel Mosca y Marcelo Daletto en esa tarea conjunta. Ese mismo arco de acuerdos más el concurso del massismo, es el que sondea el oficialismo para aprobar el Presupuesto antes de finales de noviembre.

Futuro incierto
En Cambiemos juzgan más riesgoso esperar el recambio legislativo, aun cuando contarán con más senadores y diputados propios, que avanzar ahora con la sanción de esa herramienta clave de gestión.
“Es probable que todos los sectores del peronismo arranquen juntos en los bloques en diciembre”, estiman en la Gobernación. Si ese escenario se adecuara a la realidad, conseguir los dos tercios resultaría imposible para el oficialismo.
Pero estiman que esa improbable unidad durará poco. Y que las diferencias internas entre el kirchnerismo y los sectores que pugnan por una renovación partidaria, terminará impactando de lleno en las bancadas de diputados y senadores en la Legislatura.
El PJ ya empezó a librar esa batalla. Y la conducción del partido en la Provincia es el botín. Los sectores afines al kirchnerismo miran con simpatía la continuidad de Fernando Espinoza.
El matancero hizo un primer intento de unidad que no encontró eco entre un sector de intendentes que lideran Gustavo Menéndez (Merlo) y Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), entre otros, que empujan para desplazarlo.
En esa partida habrá que ver el rol que jugarán Sergio Massa -decidido a retornar al peronismo- y Florencio Randazzo.
El peronismo bonaerense refleja la puja post electoral abierta en el principal espacio opositor, entre el cristinismo que aspira a mantener su influencia sostenido en los casi 3,5 millones de votos que obtuvo la ex presidenta, y diversos gobernadores y dirigentes del interior que ven en Cristina un camino seguro a una nueva derrota en 2019.
No es todo lo que se mueve bajo el sol del convulsionado PJ provincial. Algunos dirigentes de peso observan ese panorama incierto con inquietud proyectando a los comicios que vienen en donde pondrán en juego su propio pellejo. Acaso Cambiemos pueda capitalizar en un futuro tanta incertidumbre opositora con algún pase que haga ruido.

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