Cambiemos apunta a desplegar un ejército de hombres y mujeres el día de la elección en los distritos que le son adversos.
Cambiemos apunta a desplegar un ejército de hombres y mujeres el día de la elección en los distritos que le son adversos.
PANORAMA POLÍTICO DE LA SEMANA

Un ejército para sostener los votos

Los números favorables que fueron marcando las últimas encuestas que se conocieron no le hicieron bajar la guardia al oficialismo. Sus dirigentes se autoconvencieron de que la diferencia entre Esteban Bullrich y Cristina Kirchner es más estrecha de lo que marcan varios de esos sondeos. Y si bien olfatean un clima favorable, se resisten a dar por sentado que el triunfo electoral del próximo domingo esté asegurado.
Esa posición frente a los comicios legislativos tiene para Cambiemos mucho de estrategia. Se entrecruza en ella un mensaje hacia adentro, dirigido a su propia tropa para no bajar la guardia, y otro con destino a aquellos que se ven tentados, aun sin estar convencidos, de inclinarse por los candidatos oficiales con tal de ver derrotada a la ex presidenta.
Para incentivar ese voto útil, el oficialismo necesita imperiosamente alejar los fantasmas de una elección definida que oriente a esos potenciales votantes anti K hacia terceras fuerzas. También, para motivar a quienes no fueron a votar a las PASO que en su mayoría, según los diversos estudios de opinión, se muestran más cercanos al Gobierno que a la oposición.
Esa línea discursiva que exhiben en público candidatos y dirigentes esconde un trabajo subterráneo, poco visible por ahora, pero que insume horas de reuniones en las que se analiza cómo será el despliegue logístico de Cambiemos el día de la elección.
Todo parte de un convencimiento: si los controles propios no hubieran fallado, en especial en el Conurbano, la estrecha diferencia de poco menos de 25 mil votos en favor de Cristina Kirchner no hubiese existido. Ahora, dispuestos a no repetir aquella experiencia de agosto, en el oficialismo alistan un ejército propio para fiscalizar la elección.

Con 53.000 militantes
Dentro de una semana, una tropa compuesta por cerca de 53 mil hombres y mujeres de Cambiemos, tendrá la misión de supervisar el acto electoral, de garantizar que no falten boletas, la vianda para los fiscales y, sobre todo, que ninguna planilla de escrutinio se confeccione a la ligera y se deje al arbitrio de la lapicera de avezados kirchneristas.
El número, a priori, impresiona: representa poco más de la mitad del total de efectivos con que cuenta la Policía provincial. Pero el objetivo, tan simple como crucial, es contar los votos.
La ofensiva fiscalizadora dispondrá de tres pelotones. El primero estará compuesto por los 37 mil fiscales necesarios para cubrir todas y cada una de las mesas de votación.
Una segunda falange macrista estará integrada por otros 15 mil militantes que se encargaron de seleccionar diputados y senadores. Gente de extrema confianza de los legisladores que estarán abocados a sostener a los fiscales, estar atentos a lo que necesiten, garantizar que funcione el sistema de mesas testigo al que echará mano Cambiemos para ir monitoreando la marcha de la elección y que no faltan actas ni boletas en los centros de sufragio.
Una tercera fuerza a la que los macristas denominan “células”, tendrá componente “importado” y estarán abocadas pura y exclusivamente a trabajar en los distritos más complejos del Conurbano.
Las “células” serán 120 y se integrarán cada una con 12 militantes de vasta experiencia en las lides electorales porteñas. Es que, en efecto, se trata de dirigentes que votarán temprano en Capital Federal y que a media mañana estarán ya operativos en comunas en las que Cambiemos resbaló feo en agosto como Merlo, Moreno, Almirante Brown, La Matanza y Berazategui, entre otras. Y en donde apunta a reducir diferencias.
“Van a ser el soporte del control”, grafican en el oficialismo. Actuarán en aquellos distritos donde el peronismo se hace fuerte y donde Cristina sustentó su ajustado triunfo sobre Bullrich en las PASO. También, donde para contar con precisión se necesita no sólo presencia sino también musculatura política.
Ese despliegue oficial buscará que cada una de las voluntades expresadas a sus candidatos aparezca en el escrutinio final. Pero tendrán, esos 53 mil integrantes, un trabajo adicional: cuidar los votos de Florencio Randazzo.
No se trata de un pacto de colaboración entre el oficialismo y el candidato del Frente Justicialista. El motivo es menos altruista: Cambiemos detectó en los trabajos de campo que vino realizando, que la mayoría de quienes dicen que votarán por Randazzo lo terminarán haciendo por Cristina si no encuentran la boleta del ex ministro del Interior y Transporte en el cuarto oscuro.
Esa protección promete ser minuciosa en algunas comunas. Moreno, el distrito gobernado por el camporista Walter Festa, es una de ellas.
Las sospechas en el Conurbano están a la orden del día: en usinas oficiales se habla de posibles maniobras para de dejar sin boletas a algunas fuerzas. En rigor, nada inusual para un proceso electoral que volverá a utilizar un sistema de votación que facilita estas maniobras.

La pelea peronista
En Cambiemos creen que podrán descontar diferencias en distritos del Conurbano, pero señalan que más allá de los sufragios que se le escurren a Sergio Massa, deberán lidiar con la propia puja que ya se libra en el peronismo bonaerense.
“El problema son los intendentes neopichettistas”, dicen con cierta dosis de ironía para referirse a aquellos que se sacaron fotos con el senador Miguel Pichetto o que hablan por lo bajo con el legislador, y que ya analizan una reconstrucción del PJ lejos de Cristina.
Juzgan que esos alcaldes se juegan su propio futuro en esta elección. Varios de ellos como Gustavo Menéndez (Merlo), Leonardo Nardini (Malvinas), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) o Mariano Cascallares (Almirante Brown), buscan tener un rol protagónico en el peronismo bonaerense luego de la cita electoral. Y para ello, deben mostrar su fortaleza como jefes distritales con resultados contundentes en las comunas que gobiernan. “Necesitan mostrarse y el enemigo ahora somos nosotros, no Cristina”, advierten en el oficialismo.
Alcaldes de otros sectores también juegan su juego. En el massismo ya hay ejemplos de que impera el “sálvese quien pueda”. En San Fernando y Las Heras se reparten las boletas locales con instructivos para cortar y poner cualquier otra oferta provincial y nacional. Incluso, llegan a los hogares con una coqueta tijera.

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