El gobierno de Mauricio Macri decidió involucrarse en la búsqueda de Santiago Maldonado cuando la sociedad comenzó a asociar su comportamiento con la última dictadura militar.
El gobierno de Mauricio Macri decidió involucrarse en la búsqueda de Santiago Maldonado cuando la sociedad comenzó a asociar su comportamiento con la última dictadura militar.
LA COLUMNA DE LA SEMANA

Las grietas

¿La grieta es consecuencia de dos bandos en pugna, cada uno de ellos con posiciones no solo irreconciliables, sino además irreductibles? ¿O, por el contrario, deviene de una acción unilateral, premeditada y planificada por uno de dichos bandos, en tanto el restante se limita a responder, con igual o desigual grado de agresividad?
Vale la pena bucear en la cuestión para no caer en el facilismo que sobre abunda y que limita el problema a lo políticamente correcto: dos bandos en pugna entre los cuales, “me coloco en el medio”.
La historia argentina es pródiga en “grietas”. En total, la suma da tres marcadas y definidas como tales, a juicio de quien esto escribe.
A saber: la de unitarios y federales, la de peronistas y antiperonistas, y la de K y anti K. Es decir, Rosas, Perón –el Perón de sus dos primeros gobiernos- y los Kirchner.
El resto no conformaron grietas. Ni aun las matanzas del terrorismo de los años setenta, ni la brutal y anti humana respuesta del terrorismo de Estado, no pueden ser representadas como tales.
Es que nunca ninguno de aquellos dos bandos atrajo la división de la sociedad. Aquella sociedad asistió, entre ingenua y no comprometida, a una disputa de la que no formó parte. Y de la que logró emerger mediante la búsqueda de la verdad y el castigo a los principales culpables.
No fue así, en cambio, en ninguno de los tres casos anteriores.
La división entre unitarios y federales fue, sin duda, terrible. Se trató de una verdadera guerra civil. Pero, más allá de la discusión sobre el futuro de la organización nacional, la grieta surgió desde una actitud de intolerancia de quien protagonizó tres décadas de gobierno en la provincia de Buenos Aires: Juan Manuel de Rosas.
Sin dudas, el fusilamiento del coronel Manuel Dorrego por parte del general Juan Lavalle, fue un desencadenante de la violencia posterior que incluyó la muerte violenta del propio Lavalle.
No obstante, resulta innegable catalogar de grieta a las tres décadas de gobierno de Rosas durante las cuales no primó ningún intento de reconciliación, sino todo lo contrario. Consignas como “mueran los salvajes unitarios” incorporadas a los documentos oficiales no dejan duda sobre la profundidad de la grieta alimentada desde quien detentaba el poder.
La intolerancia también formó parte del peronismo que llegó al poder en 1946. Cierto es que el país quedó fracturado durante la campaña electoral de aquel año, en particular debido a las circunstancias internacionales, pero no menos cierto es que durante los nueve años de gobierno, el peronismo –encabezado por el propio general Perón y su esposa Eva Duarte- favorecieron una grieta que partió en dos al pueblo argentino.
Justo es decir que no fue el caso del Perón de 1972, de sus encuentros con el doctor Ricardo Balbín, de su manifiesta intención de unir a los argentinos. Quizás el cierre de la oración fúnebre del propio Balbín al despedir los restos de Perón, marca esa intención de unidad de aquellos líderes: “este viejo adversario despide al amigo”.
Y llegamos a los doce años del kirchnerismo. Del “vamos por todo”. De la reivindicación de los violentos de los setenta. De la tergiversación de la historia al punto de cambiar el prólogo del “Nunca más”, de la conflictividad permanente. De la búsqueda de un enemigo. El campo, los medios de comunicación independientes, los jueces y los fiscales que investigaban. El otro.
Sí, la grieta estuvo y está. Solo que para los unos forma parte de la acción y para los otros, solo es reacción.
Tal vez en octubre próximo la grieta resulte superada. En buena medida debido al probable, aunque relativo, aislamiento al que será sometida Cristina Kirchner. La sentencia del senador peronista Miguel Ángel Pichetto con un lapidario “deberá formar bloque aparte” es por demás significativa.
Para el resto del peronismo, la confrontación futura parece encaminarse hacia una calificación de adversarios en lugar de enemigos.
Claro que no fueron pocas las ocasiones donde fue posible imaginar la llegada de ese peronismo republicano, luego desmentidas por imperio de los acontecimientos y por emergencia de la raíz autoritaria que lo compone desde su inicio en las postrimerías de la debacle del fascismo europeo.
O los Montoneros, o la Triple A, o la Juventud Sindical, o el Comando de Organización (CdeO), o Herminio Iglesias, o los 14 paros generales de la CGT de Ubaldini, o los saqueos de supermercados, o los sempiternos cortes de calles y, por último, la Cámpora y los K, en general, se encargaron de desmentir esa “conversión” al republicanismo.
¿Será esta la oportunidad? Si ocurre, la grieta quedará rellenada casi inmediatamente. O, al menos, sus cultores conformarán una minoría marginal. Es la opción a la que se enfrenta la sociedad, en particular, en la provincia de Buenos Aires. La sociedad decide.

Reformas
Imaginar una poco probable derrota del gobierno en las elecciones del 22 de octubre próximo implica pensar en una Argentina sobresaltada, donde el poder pasará a ser disputado en las calles. De nada vale, en consecuencia, si ello ocurre, definir planes, medidas, decisiones o procesos.
Así, imaginar dos años más de gobierno de Cambiemos resultará, cuando menos, azaroso. La grieta no hará más que profundizarse. La moderación, el consenso y el acuerdo no lograrán espacio alguno.
Por el contrario, la derrota K –en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe- deberá ser el puntapié inicial para las reformas estructurales que la Argentina precisa.
Reformas que abarcan desde la educación hasta la justicia, las relaciones de las provincias con la Nación, la macro economía, las leyes electorales y la representación política.
Reformas que, para alcanzar alguna cuota de éxito, deben perdurar en el tiempo y, para ello, deben ser acordadas entre gobierno y oposición, para alcanzar independencia de la saludable alternancia en el poder.
Hasta aquí, solo extra oficialmente, el Gobierno anuncia que trabaja en algunas de ellas.
Debiera ser aún más prudente. Casi ni hablar de ellas para evitar dar excusas a los cultores de la grieta, siempre listos para oponerse, reclamar, protestar y, sobre todo, entorpecer la vida cotidiana de los ciudadanos comunes.
Probablemente, la toma de los colegios secundarios ante la posible reforma educativa que aún no se conoce en detalle, resulte prueba suficiente de ello.
¿Frente a qué situación estamos? ¿Acaso la educación argentina actual resiste una prueba internacional? Para nada. Más de la mitad de los adolescentes que terminan el secundario muestran dificultad para comprender los textos que leen. Peor aún es la situación en matemáticas.
Se impone un cambio que deje atrás al modelo populista de la aprobación para todos y se lo reemplace por el tradicional de la evaluación de los rendimientos.
Pero no, docentes y alumnos imbuidos de la ilógica pretenden que deben discutir los contenidos y que nadie debe imponérselos. Argumentos: que si están capacitados para votar a los 16 años, bien pueden intervenir en la currícula.
Es cierto. Los argentinos que así lo deseen pueden votar a los 16 años. Muchos, más de la mitad, no están en condiciones de interpretar lo que leen, pero están habilitados para votar. Es populismo al mango. Populismo que nadie condena porque es… políticamente incorrecto hacerlo.
Volvamos a la currícula. Los reformistas universitarios de 1918 reclamaban participar del gobierno de las universidades. Lo lograron. Pero lo hacían sobre una base muy diferente. Primero porque eran universitarios y no meros estudiantes secundarios. Segundo porque no discutían el plan de estudios, sino la libertad de cátedra.
Pretendían conocimiento. Por tanto, impulsaban la docencia libre, la periodicidad de las cátedras, los concursos para la distribución de cargos docentes…
Nada de eso reclaman los secundarios activistas que toman colegios. Orientados desde los cultores de la grieta, cualquier excusa resulta válida para intervenir en política por vías de acción directa.
¿Continuará? Sí, hasta el 22 de octubre…

El caso Maldonado
Con vida o sin ella, Santiago Maldonado lleva casi 50 días desaparecido, al menos al decir de sus compañeros del RAM –Resistencia Ancestral Mapuche- el grupúsculo que desconoce la legalidad de los estados argentino y chileno y propugna una lucha armada para alcanzar la independencia de un Estado mapuche.
Es otra derivación de la grieta provocada. Aunque es aún más grave. Pretende la contienda entre el Estado argentino y el pueblo mapuche.
Desde que el gobierno del presidente Mauricio Macri decidió –no con poco retraso- actuar sobre el asunto para desmentir cualquier sospecha de asimilarlo, a través de las “violaciones” a los derechos humanos, con la última dictadura militar, la búsqueda de Maldonado se transformó en una investigación sobre el accionar de los gendarmes que actuaron aquel 1 de agosto.
Todo parece quedar limitado a comprobar si alguno de los gendarmes declarantes, ante el juzgado de la causa, “se pisa” y reconoce alguna participación –de él o de sus camaradas- en la desaparición de Maldonado.
Nadie se interesa por el RAM, mucho menos por los mapuches como comunidad. De pronto, el RAM pasó de victimario a víctima. De quemar estancias, puestos, camiones, de destruir y robar, ahora es casi víctima del accionar de un Estado represor.
Como queda dicho, menos aún por los mapuches. Nadie habla con sus dirigentes que no son precisamente los del RAM. Nadie llama a la Confederación Mapuche Neuquina con autoridades electas cada dos años en el “trahun”, suerte de parlamento mapuche.
Nadie dialoga con la Coordinadora del Parlamento del Pueblo Mapuche de Río Negro, ni con el “Limonao”, la comunidad mapuche-tehuelche del Chubut o con alguna de las cuatro comunidades mapuche-tehuelche de Santa Cruz. O con los dos lof –comunidades- mapuches, con personería jurídica, de la provincia de Mendoza, departamento de Malargüe.
Incluso, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) reconoció personería jurídica a una comunidad mapuche de la provincia de Buenos Aires.
No dialogar. No discutir la cuestión de fondo que es la autonomía de los pueblos originarios dentro del territorio del Estado argentino y que implica el uso legal del idioma, la vigencia del derecho indígena, la elección de autoridades, la delimitación de sus territorios y hasta la posible organización en territorios federales o con algún tipo de estatus especial, equivale echar a los jóvenes, en particular, en manos de los violentos.
O se entiende de una buena vez o los casos Maldonado se repetirán, aunque se les preste mucho menos atención porque las elecciones hayan quedado atrás.

Autonomías
Lejos está la cuestión mapuche de ser única en el mundo, aunque contenga elementos que la diferencian de casos similares.
Próximamente, el gobierno autónomo del Kurdistán iraquí organizará un referéndum sobre la independencia del territorio para el próximo 25 de setiembre.
Los kurdos, como los mapuches, conforman un pueblo sin Estado. Según algunos antropólogos, sus antepasados son los medos, derrotados por los persas de Ciro el Grande, a su vez vencido por Alejandro Magno.
En la era contemporánea, el territorio ancestral, el Kurdistán, formaba parte del Imperio Otomano hasta su desintegración tras la derrota en la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Sévres, nunca puesto en vigencia, reconocía a los kurdos el derecho de formar un Estado propio.
El posterior Tratado de Lausanne dividió el Kurdistán entre Turquía, Siria, Irak, Irán y un pequeño sector en la Armenia soviética. A la fecha, se contabilizan en dichos territorios un total de 26 millones de personas que se auto declaran kurdas.
Los gobiernos de los países donde se asientan las comunidades kurdas evidencian actitudes diferentes frente a la cuestión kurda.
En Turquía, los kurdos resultan una minoría casi perseguida. El Estado turco mantiene una situación de guerra contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
La violencia fue parte de los procesos en Irán e Irak. Con la caída del régimen de Saddam Hussein, cruel represor de cualquier veleidad de autonomía kurda, quedó constituida una región autónoma kurda dominada por el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) bajo el liderazgo histórico de la familia Barzani.
Tanto los kurdos de Turquía como los de Irak y los de Siria participaron activamente de la guerra con el Estado Islámico.
Ahora, la porción iraquí del Kurdistán votará por la independencia o por la permanencia en Irak. El gobierno central de Bagdad se opone. Todo indica que ya es tarde.
Mucho más conocidos, por estos lares, resultan los casos de Escocia con un referéndum que rechazó la independencia o de Cataluña que busca separarse, unilateralmente, de España.
Los mapuches no juntan la fuerza, ni la riqueza para llevar a cabo un proceso independentista. Pero sí, el derecho de ser reconocidos como comunidades específicas, si se pretende cerrar los espacios para las grietas.

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