Bono 2117: jugada de alto impacto y desconcertante
ENFOQUE

Bono 2117: jugada de alto impacto y desconcertante

En una decisión de alto impacto y con pocos antecedentes en el mundo, el Gobierno emitió por primera vez deuda que vencerá dentro de un siglo, con lo cual pretende demostrar tener respaldo en el escenario financiero externo, aunque cosechó críticas casi unánimes entre economistas y políticos opositores.
La noticia tuvo masiva repercusión y fue seguida con avidez por sectores del poder económico, mientras las redes sociales se hicieron eco enseguida, ya que no faltaron los habituales ´memes´ y humoradas por la inusual decisión de tomar deuda que vencerá en 2117, cuando casi ninguno de los actuales 44 millones de argentinos esté vivo.
Para cubrir el elevado déficit fiscal, el Gobierno siempre apuntó en especial a pedir dinero en las plazas internacionales y en un año y medio ya superó los 96.000 millones de dólares.
El gobierno sostiene que opta por incrementar el endeudamiento para evitar un ajuste mayor al que ya viene aplicando para tratar un rojo fiscal enorme.
Y lo hizo con todas las variantes en cuanto a plazo y modo de colocación, aunque esta vez parece haber superado la imaginación del más audaz y avezado de los economistas.
Los representantes de la ortodoxia económica no cuestionaron tanto el plazo o las tasas, sino que reclamaron un mayor ajuste fiscal para evitar recurrir a semejante nivel de endeudamiento.
Desde la heterodoxia fustigaron directamente la política de endeudamiento del gobierno de Mauricio Macri y se quejaron porque las generaciones venideras deberán hacer frente a abultados vencimientos.
El clima en el mercado fue decididamente otro: operadores e inversionistas rápidamente salieron a averiguar detalles de la operación y mostraron un marcado interés por participar del negocio.
Para justificar la medida y el ritmo que está teniendo el endeudamiento, desde el Gobierno advirtieron que el otro camino es acelerar aun más el ajuste fiscal.
El otro argumento oficial fue que una emisión de este tipo es posible gracias a que “logramos recuperar la credibilidad y la confianza del mundo en Argentina y en el futuro de nuestra economía", como sostuvo el ministro de Finanzas, Luis Caputo.
Si la confianza se mide por el monto de los préstamos que recibió la Argentina en el último año y medio, la política oficial tuvo un éxito rotundo, aunque tenga que endeudarse a tasas de interés que duplican a las que pagan países de la región mientras que entre las potencias mundiales lo hacen a rendimientos del 1%.
Por este nuevo bono que en teoría vencerá en el 2117, la Argentina aceptó ofertas por 2.750 millones de dólares, pero recibió propuestas por 9.750 millones, lo cual demuestra, por un lado, la liquidez que hay en los mercados financieros y, por otro, lo atractivo de las tasas que paga el país.
Rendimientos del 8% son prácticamente inexistentes en el mundo y, en ese contexto, el viraje político que tuvo la administración macrista generó una multitud de interesados en prestarle a la Argentina.
Por la deuda más larga que tiene el Gobierno en el mercado, que vence en 2046, la Argentina está pagando una tasa cercana al 7%.
Más allá de lo inusual, la medida tiene antecedentes recientes: en 2014 México emitió un bono a 100 años por 1.000 millones de libras esterlinas e Irlanda hizo lo mismo pero sólo por 100 millones de euros.
Por esta colocación, la Argentina pagará un rendimiento anual de casi 8%, mientras México negoció una tasa del 5,25% e Irlanda a 2,35%.
También hay casos de empresas: el más cercano es el de la brasileña Petrobras que hace poco obtuvo unos 2.500 millones de dólares, a una tasa del 8,45%.

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