Error de concepto
LA COLUMNA DE LA SEMANA

Error de concepto

La Argentina desnuda actualmente el enfrentamiento que se arrastra desde hace décadas en el seno de su sociedad. Es más lo agrava y lo torna patético. Lo intenta disfrazar o maquillar, por momentos, pero aflora nomás se presenta la oportunidad. Es el conflicto entre el populismo y la República.
Desde su creación el peronismo prohijó el  populismo. Claro que aquel populismo del entonces coronel –y luego general- Juan Domingo Perón, poco y nada tenía que ver con el actual encarnado en la figura de Cristina Fernández de Kirchner y protagonizado por los “herederos” de quienes Perón echó de la Plaza de Mayo, aquel 1 de mayo de 1974.
Hoy, ese populismo extremo y virulento, engendrado por los Kirchner, reúne junto a los nostálgicos –no precisamente con sentido poético- de la violencia guerrillera a una izquierda oportunista y antiética que protagonizan quienes formaron parte del mayor experimento corrupto de la historia argentina.
Si una característica central del populismo es la satisfacción del presente sin prevención alguna por el futuro, el peronismo fue una constante. 
Desde la Fundación Eva Perón hasta los subsidios que hoy día resulta más que traumático eliminar o al menos reducir, siempre el dinero público se utilizó con fines partidarios.
Siempre se echó mano de un relato acerca de la sensibilidad popular de los gobernantes peronistas. Jamás se aclaró que dicha sensibilidad popular era financiada con los impuestos de los contribuyentes y no con la caridad de los gobernantes.
Cada vez que la Argentina vivió un momento de opulencia como en la posguerra de la década de 1940 o con el increíble precio de las materias primas exportables –soja, en particular- en la década anterior, jamás el populismo gobernante pensó en conformar un fondo anticíclico.
Su idea del presente sin visión del futuro, lo llevó a repartir. Y cuando se acabaron los ingresos para el reparto, se siguió adelante con la voracidad fiscal creciente para caer en la consabida emisión monetaria, principal causante de la inflación.
Fue así entonces, con aquel peronismo originario, y lo fue hasta hace poco, con el reciclado peronismo kirchnerista. Solo que en este último caso, el agregado fue una monumental corrupción, inimaginable aún en la Argentina, aunque acorde con la que ejercieron –y ejercen- algunos otros gobiernos populistas de la región.

La calle
Durante mucho tiempo, y en gran medida debido a las intervenciones –dictaduras- militares, el populismo peronista quedó asimilado a la democracia. El peronismo ganaba las elecciones y los militares lo derrocaban.
Cuando no las ganaba, era porque estaba proscripto. Así, en 1958, resultó electo el radical intransigente Arturo Frondizi con un traslado de votos peronistas, tras un pacto con el exiliado general Perón. Y en 1963, fue electo el radical Arturo Illía, con un peronismo impedido de concurrir a las urnas.
Conviene aquí formular una aclaración que contradice el relato. Cierto es que el peronismo fue proscripto y que Illía resulto presidente con solo el 25,15 por ciento de los votos. Pero el voto en blanco, representativo extra oficialmente del peronismo, totalizó el 19,42 por ciento. O sea, casi seis puntos menos que el total obtenido por el presidente Illía.
Tanto con Frondizi, pero sobre todo con Illía, el actor sobresaliente de la oposición peronista fue la Confederación General del Trabajo (CGT) que desde las épocas del coronel Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, actuó como apéndice del peronismo.
La CGT y el gremialismo peronista creaban así las condiciones para hacer inviable cualquier gobierno de signo diferente. Era el arma del “paro general”.
El “paro general” jamás fue un instrumento para alcanzar beneficios laborales. Poco y nada tiene que ver con el derecho a la huelga consagrado constitucionalmente en la Convención Constituyente de 1957, bajo un gobierno no peronista. Siempre, inequívocamente, fue un arma política.
Cierto es que, en algún momento fue utilizado como expresión de protestas ante las dictaduras militares –siempre cuando estas entraban en el proceso de declive-, pero fundamentalmente fue ejecutado como arma política frente a los gobiernos no peronistas.
Se trató del injustificable “Plan de Lucha”  que incluía la toma de fábricas durante el gobierno de Arturo Illía. Se trató de los 14 paros generales contra el gobierno republicano de Raúl Alfonsín. Y de los 7 paros generales frente al gobierno de tan solo 19 meses de Fernando de la Rúa.
Frente a estas muestras, los paros generales contra los gobierno peronistas quedan desdibujados, solo 5 contra el gobierno K en 12 años y ocho contra Carlos Menem en 10 años.
En síntesis, contra los gobiernos peronistas, la CGT convocó a un paro general cada 22 meses. Contra los gobiernos radicales, uno cada 4 meses.
Dato no anecdótico, con el general Perón en el gobierno, la central gremial nunca llevó a cabo un paro general. Sí en cambio, hubo huelgas de sectores como fue el caso de los gráficos en 1949, el de los obreros azucareros, el mismo año, o la huelga ferroviaria entre 1949 y 1959 ¿Cómo terminaron? Con la intervención de los respectivos sindicatos.
Si la democracia solo equivale a elegir un gobierno mediante el voto popular, es posible más allá de algunos fraudes provinciales o municipales de calificar al peronismo como un movimiento democrático.
Sí en cambio, la palabra democracia se asimila a la idea republicana de la alternancia en el poder y la periodicidad de los mandatos, el carácter populista del peronismo, en cualquiera de sus vertientes, sale a relucir.
Allí la institucionalidad vale poco. Cuando el peronismo está en el poder, por su afán hegemónico, por su concepto de pensamiento único, por su escasísimo apego a la institucionalidad y a la división de poderes.
Cuando queda fuera, por su utilización de la calle para acorralar al gobierno de turno, imposibilitarlo de gobernar y obligarlo a partir anticipadamente.
En la actualidad, se trata de un juego de pinzas entre la ocupación callejera y el primer paro general, sumado al ingrediente del conflicto con los gremios docentes, particularmente en la provincia de Buenos Aires.

Sin razón
Sin dudas, el gobierno del presidente Mauricio Macri en mucho contribuye al fortalecimiento del populismo. No son pocas las veces que sus errores se asemejan en mucho a un desatino.
Los hay por incapacidad política pero también los hay por errores de concepto. De allí en más, sobreviene un actualidad signada por una realidad adversa que, a medida que pasa el tiempo, solo parece ser superable electoralmente debido a la calidad negativa del conjunto opositor, en particular del sector K.
Por lo general, los errores “operacionales” suelen verse y hasta magnificarse muy por encima de los errores de concepto. Así se hace un mundo de la estupidez de revisar el cálculo de las jubilaciones o de la improvisación en materia de aumentos tarifarios o de la imprevisibilidad en el asunto del Correo.
Todos esos errores propios de un gobierno con poca o casi ninguna “calle” política resultan funcionales a una oposición que los utiliza para instalar calificaciones negativas. Se trata, entonces, de un gobierno para los ricos, o con presos políticos, o continuista de las dictaduras o insensible, o ajustador, o en el que se producen despidos masivos, o lo que fuere.
Poco importa que la realidad indique otra cosa. Poco importa que “el gobierno para los ricos” resulte el que más gasta en materia social, mucho más que el “sensible” kirchnerismo. 
O que aumente las tarifas, pero subsidie los consumos de los sectores de menores ingresos a través de la tarifa social en todo el país, frente al “sensible” gobierno K que subsidiaba los consumos de los más pudientes en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.  
Poco importa que todos los presos resulten solo una parte de los mayores ladrones de la historia argentina y que los haya puesto presos una justicia infestada de jueces y fiscales K, igual se trata de una “violación” de los derechos humanos.
Nada importa que el kirchnerismo haya montado un espionaje paralelo en el Estado y lo haya puesto en manos de un general, ahora preso, acusado por violaciones a los derechos humanos, para calificar al gobierno de Macri de continuista de la dictadura.
Pasa desapercibido que, si bien la desocupación creció con el gobierno macrista, la tendencia desde hace siete meses es a la baja y, desde entonces, la creación de empleos supera a la pérdida. Entonces, 8,5 por ciento de desocupación, actualmente 7,6 por ciento.
Poco o nada importa porque para el populismo todo vale para recuperar y hegemonizar el poder.
Y allí está el error principal del gobierno Macri. En la mentada y políticamente correcta expresión de la “unión de los argentinos”. 
Ocurre que detrás de esa expresión de deseos, todo el mundo queda igualado. El que trabaja con el que vive de los subsidios estatales. El joven que estudia con el joven “ni-ni”, ni estudia, ni trabaja. El docente que cumple con sus obligaciones con aquel que “inventa” tratamientos para pasar largos períodos de vacaciones pagas, mientras la sociedad sufraga un suplente, y un suplente del suplente y un segundo suplente del primer suplente del suplente.
La única unión posible en un país democrático y republicano, es la igualdad y el acatamiento a la ley. En caso contrario, se trata de una mera declamación que beneficia y otorga impunidad a quienes incumplen, mientras sanciona a quienes cumplen.
El Gobierno debe, necesita, recuperar la iniciativa y garantizar la calle. Por momentos parece que lo va a hacer, pero luego, al menos hasta aquí, se queda.
Resulta así valiosa la decisión de la gobernadora María Eugenia Vidal, no solo de descontar los días de paro a quienes se plegaron a la huelga docente de Baradel y compañía, sino también de incentivar a aquellos docentes que decidieron dictar clase a sus alumnos.
Es bueno que el Presidente diga basta y conmine al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, para que, de una vez por todas, asegure la libertad de tránsito en la ciudad de Buenos Aires.
Es hora de decir las cosas como son y de hacer cuánto se debe hacer. “La única verdad es la realidad” dijo el gran Aristóteles en contraposición a las utopías de Platón, sentencia que parafraseaba el general Perón, sin jamás nombrar a su autor original. 
Y esa realidad, por ende verdad, es la de un peronismo que, con sus más y con sus menos, pretende, mediante la toma de la calle y los paros, erosionar al gobierno que lo reemplazó, por voluntad popular, en el poder.
¿El objetivo? Una derrota electoral de Cambiemos que coloque a la coalición al borde de un final anticipado.

Los K
Mientras el peronismo en su conjunto priorice un retorno por cualquier medio antes que aceptar al pluralismo y a la alternancia como una condición republicana, el radicalizado kirchnerismo logra margen de maniobra.
Así fue posible verlo copar el palco de la CGT que los nuevos conductores de la central obrera fueron incapaces de garantizar. O apoyar y defender la indefendible organización del recital del K “Indio” Solari y pretender echar todas las culpas sobre el también indefendible intendente PRO, Ezequiel Galli y el gobierno provincial.
Así es posible observarlo encabezar una huelga docente en la provincia de Buenos Aires, a través de su dirigente enrolado en el kirchnerismo, Roberto Baradel, quién, dicho sea de paso, es corrido por izquierda por las seccionales en las que predomina el Partido Obrero, Esas seccionales forman fila detrás de Romina del Plá, candidata a disputar la secretaría general de SUTEBA, el próximo 27 de mayo.
Para los próximos días son aguardados avances en algunas de las cientos de causas donde están involucrados los K. Existe, al respecto, una proporcionalidad entre dichos eventuales avances, en particular en las causas que involucran a Cristina Kirchner, y la virulencia de la “oposición” kirchnerista.
 Paralelamente, a nadie debe sorprender que el accionar de la justicia guarde íntima relación con los avatares políticos del kirchnerismo y del Gobierno. A más fortalecimiento del Gobierno, mayor avance judicial. Ante el debilitamiento, retorno a la lentitud.
Ahora, el kirchnerismo agrega una nueva causa a su inigualable record delictual con la detención del intendente de Itatí, Corrientes, electo en 2013 por el Frente para la Victoria, quién acaba de ser detenido por narcotráfico.
Ubicado frente a las costas paraguayas, Itatí es desde hace una década un centro de distribución de marihuana hacia otras provincias argentinas, con una logística amparada desde el poder.
A tal punto que entre los detenidos, además del vice intendente, figuran los familiares de ambos –Natividad Terán, el intendente, Fabián Aquino, su vice- junto al comisario local y varios oficiales y agentes policiales.
Un punto a tener en cuenta: la investigación comenzó en 2013, pero las detenciones llegaron en el 2017.
¿Por qué habrá sido?

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