Ucronía: el capital político de Cambiemos
OPINIÓN

Ucronía: el capital político de Cambiemos

En literatura, la ucronía refiere al subgénero de ficción en el que una historia se desarrolla a partir de un punto de divergencia con la historia real. ¿Qué pudo haber pasado si tal o cual cosa no hubiese ocurrido? ¿Cómo se hubieran desarrollado los hechos a partir de ese instante? La infinita cantidad de respuestas a las que habilitan estas preguntas son un punto de partida extraordinario para que la imaginación humana y el talento literario de algunos hayan alumbrado historias apasionantes e inmunesa la refutación. En la raíz misma de la palabra reside esa inmunidad. ¿Cómo negar algo que existe solo en un tiempo que no es? Desafortunadamente para nosotros esta libertad de vivir en mil mundos solo es posible en la ficción. Los hombres y la historia estamos encadenados a nuestro tiempo y nuestro lugar, realidad que reaparece inevitablemente en el mismo momento en el que cerramos las tapas del libro.
Cambiemos fue una construcción que recogió tradiciones políticas distintas y en algunos casos tan distintas, que solo pudo ser posible por la necesidad de evitar la consolidación de un modelo desapegado de nuestra tradición republicana, fundamentado en la negación sistemática de toda realidad que resultara contradictoria con el discurso oficial, la incapacidad de utilizar los recursos de una circunstancia económica excepcional con el fin de remover definitivamente situaciones de desigualdad y una extraordinaria laxitud moral a la hora de administrar los recursos públicos.
Pero el verdadero desafío que enfrentaba Cambiemos era generar a partir de esa diversidad que lo caracteriza una síntesis que exhibiera, por oposición, apego republicano, reconocimiento de la realidad, aptitud y voluntad para resolver las indignantes situaciones de injusticia y exclusión que se mantienen y una ejemplaridad moral incuestionable en el manejo de la cosa pública. Todo esto implicaba elevar la vara y con ello aceptar una mayor exigencia social. Y esa, en definitiva, debe ser la diferencia. El electorado que votó a Cambiemos no se conformará con menos. Transcurrido casi un tercio del mandato para el que fue elegido el presidente Macri, la hegemonía que exhibe el PRO sobre las decisiones de la alianza y la simétrica actitud acrítica del radicalismo frente a cuestiones sobre las que debería expedirse públicamente -aunque más no fuera para enriquecer el debate- confluyen en la ausencia de una propuesta política capaz de movilizar la voluntad de los ciudadanos. En un año electoral en el que los resultados tardan en aparecer y no se logra esperanzar al electorado con un futuro mejor solo va quedando como capital político el recuerdo de lo que pudo ser y no fue. La esperanza de construir un país próspero, justo, plural y tolerante no debe reemplazarse por la aceptación resignada de haber evitado un mal. El “¿Te imaginás lo que sería esto con Scioli presidente y Cristina de jefa?” es una respuesta demasiado pobre a la expectativa social que se movilizó detrás de Cambiemos. Aún se está a tiempo pero este pasa rápido. Durará hasta que alguien decida cerrar las tapas del libro y la realidad se haga presente. Y esta es irrefutable.


(*) Vicepresidente
Convención Provincial UCR.

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