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PANORAMA POLÍTICO DE LA SEMANA

El Gobierno nacional encuentra alivio en el momento menos pensado

Cuando la mayoría de los sectores políticos y sociales, incluidos algunos miembros del propio gobierno, pensaban que la Argentina se encaminaba hacia otro fin de año tumultuoso, debido al impacto de algunas medidas económicas y a las tensiones con sectores de oposición, las fichas empezaron a acomodarse de una forma impensada pocas semanas atrás.
No es que el presidente Macri tenga el camino allanado hacia un destino político apacible, sin tormentas en el horizonte, pero tras un año en el que le costó acomodarse al máximo sillón del poder nacional, la mejoría en el trato con el Papa Francisco y la persistencia en el diálogo con la CGT -que el mandatario no cortó pese a las rispideces mutuas- son dos señales alentadoras.
En rigor, se trata de acciones encadenadas: el jefe de Estado llegó al Vaticano con un decreto bajo el brazo, por medio del cual convocó a una mesa de diálogo tripartito entre el gobierno, los gremios y las empresas.
La medida fue coincidente con el reclamo de la Iglesia católica para que se alienten acuerdos multisectoriales, en lo que el Papa Francisco llama la “cultura del encuentro”.
El gesto presidencial previo a su viaje a Roma fue rápidamente decodificado por el triunvirato de la CGT, que desactivó el paro general a la espera del comienzo de esas charlas, el próximo miércoles. En la Casa Rosada saben de la influencia de Francisco sobre algunos líderes sindicales, que son católicos practicantes.
Por caso, Carlos Acuña suele pasar horas en las vigilias de San Cayetano.
Los jerarcas gremiales tienen sus particularidades, pero están lejos de ser dirigentes radicalizados. La mayoría de ellos entiende, por estar curtidos en años de feroces internas peronistas, que ir a una huelga masiva en esta etapa del año puede abrirle la puerta a desbordes sociales que no sólo perjudicarían al gobierno sino también a ellos mismos. Por eso adoptan una postura prudencial.
Distinta es la visión de otros actores sindicales que, justificados en la pérdida real del poder adquisitivo de los trabajadores, fogonean protestas con trasfondo político. Es el caso de la CTA de Hugo Yasky, cercana a Cristina Kirchner, y de dirigentes que anidan en la CGT como el bancario Sergio Palazzo. Hasta Pablo Moyano, de Camioneros, tiene diferencias con su padre al respecto.
Pero habiendo logrado un acercamiento con el triunvirato de la central obrera más representativa, el Presidente puede tener un respiro. Claro que a los negociadores gubernamentales no les será sencillo cumplir con todas las demandas sindicales: no pocos gobernadores y empresarios advierten por estos días que no están en condiciones de pagar un bono adicional a fin de año.
En el caso de las Provincias, algunas ya lo tienen previsto en sus presupuestos, pero a otras –la gran mayoría- las cuentas no les cierran.
Así lo advirtió el gobernador santafesino Liftschitz al participar del Coloquio de IDEA que sesionó esta semana en Mar del Plata. Allí también, el salteño Urtubey dijo que está dispuesto a pagarlo.
Pero María Eugenia Vidal espera no tener que hacerlo.
En el sector privado, las grandes compañías suelen otorgar a sus empleados un plus navideño, pero sobre todo a las pymes el año les costó mucho esfuerzo y están llegando al final del ejercicio con el último aliento. Hay otro detalle no menor que hicieron notar los ejecutivos: para las empresas que debieron suspender personal, el bono podría abrir las puertas para los despidos.
Los gremialistas lo saben y por eso negocian rubro por rubro, para evitar lo que sucedió en la actividad de la construcción en el último año.
Aunque por debajo de los empleados registrados subyace una gruesa capa de trabajadores informales, cuyas familias se ubican debajo de la línea de la pobreza. De esa difícil situación hablaron un rato largo ayer el Presidente y el Papa Francisco.
En ese punto, Macri desplegó ante el pontífice una lista de acciones que emprendió su gestión en materia social, interesado en que no se lo catalogue como un gobernante insensible. Bergoglio destacó entonces la labor de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y de la gobernadora Vidal. Ambas tienen compromiso con los más desprotegidos, reconoció el Papa argentino.
En Mar del Plata, ante los empresarios más influyentes del país, las damas del PRO fueron bastante más allá que el propio Macri en sus definiciones, pese al tono angelical que las caracteriza. La Gobernadora sostuvo que “invertir es un compromiso social”, mientras que la ministra pidió que no se cuestione tanto los planes sociales, porque ayudan a los más humildes.
El Presidente, en cambio, se enfocó en potenciar el “clima de negocios”.
Y los empresarios compraron esa idea. Ayer mismo, tras la reunión con el Papa, Macri ratificó su postura: “Empezar a crecer va a generar otro ambiente en la Argentina”.
En el hotel Sheraton marplatense hubo un acuerdo total al respecto, pero los funcionarios y los ejecutivos acordaron no evidenciarlo.
“No digamos mucho que trabajamos juntos, porque para una parte de la opinión pública eso no es bueno”, se escuchó en una charla de pasillo en el coloquio de IDEA.
Entonces quedó claro que los empresarios avalan el rumbo económico y no harán nada –al menos en público- que afecte la imagen del gobierno.
En perspectiva, el oficialismo y sus aliados razonan en términos electorales.
En ese sentido, el final de la recesión no es sólo una meta económica para Cambiemos, sino también una necesidad política. Los cálculos más conservadores en la alianza gubernamental indican que el crecimiento será palpable en el último trimestre de 2017, con lo cual su impacto coincidirá con las legislativas de octubre. Otros, más optimistas, apuestan que se sentirá antes.
“Si la economía mejora, el gobierno tiene grandes posibilidades de ganar las elecciones. De otro modo, habrá un escenario complejo”, afirmó Miguel Pichetto, el jefe del bloque del PJ-FpV en el Senado, con un pragmatismo a prueba de balas.
Ante los empresarios, analizó: “La renovación del peronismo está muy atada a lo que suceda el año que viene en la provincia de Buenos Aires”.
Pichetto no lo dijo pero lo sugirió: el liderazgo opositor a Cambiemos se moldeará en territorio bonaerense.
Allí aparecen bien plantados Massa y Stolbizer, que se ocupan de consolidar su alianza política en detrimento de un acuerdo con el oficialismo.
También están los intendentes que promueven a Randazzo y la dupla Cristina-Scioli que trata de resistir el paso del tiempo.
De cómo se vayan acomodando las piezas en el arco opositor dependerá no solamente la suerte electoral del oficialismo, que necesita ampliar su base de sustentación, sino también la conformación de los grupos políticos necesarios para ofrecer una alternancia democrática.
Como en 2013, Massa vuelve a erigirse en un dique de contención para frenar el regreso de Cristina.
Pero al mismo tiempo, el jefe del Frente Renovador representa una amenaza para la continuidad de Macri en el poder. Con una pregunta, lo graficó bien el periodista Marcelo Longobardi al dirigirse a Massa en un panel de IDEA: “¿Sos un aliado del gobierno o su peor adversario?”, inquirió. Por las dudas, los empresarios también frecuentan el entorno del diputado tigrense.
Sin embargo, la mayoría de ellos apoya abiertamente al macrismo.
Aunque también se preguntan si Cambiemos será como un paréntesis entre gobiernos peronistas, el que se fue y el que podría venir. Tal vez por eso el Presidente salió a asegurar que buscará la reelección en 2019.
Pareció fuera de lugar, pero respondió a una lógica que sólo se entiende en las alfombras del poder.

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