OPINIÓN

¿Somos un país rico?

Feliz de reencontrarme con todos ustedes, estrenando el 2016. Siempre imagino el inicio de cada año como una página nueva, en blanco, esperando a que nos atrevamos a escribir nuestra propia historia sin que nadie nos sostenga el lápiz. Nos invita a planificar la concreción de acciones postergadas, a bucear en nuestro interior para descubrir el tesoro de nuestros talentos naturales y animarnos a ponerlos al servicio del mundo.
Como país, en ese buceo interior míticamente nos identificamos como un país “rico”. Bendecido con grandes extensiones de tierras productivas, reservas de agua dulce, energía y minerales, riqueza ictícola, diversidad de climas, riqueza turística, gastronómica y cultural. “Materia gris”, conocimiento y grandes avances tecnológicos aplicados a cada m2 de suelo que nos permite situarnos después de EEUU en productividad agrícola. Como “frutilla al postre” no podemos dejar de mencionar las fortalezas de estar lejos de los grandes conflictos mundiales, no haber padecido guerras ni eventos climáticos arrasadores y no poseer conflictos raciales estructurales. Sin embargo, cuando salimos a la calle, la realidad es otra,algunas “piedras” enquistadas que venimos arrastrando en “nuestras alpargatas” no nos permiten liberar todo nuestro potencial e incongruentemente, duelen nuestros 14 millones de pobres en un país naturalmente exuberante en recursos naturales.
Hace ya unos años, leí un texto muy divulgado, donde intentaba desentrañar y ejemplificar las causas determinantes que un país fuese “rico” o “pobre”. Concluía que éstas no estaban condicionadas por la antigüedad, la raza, la inteligencia, o la disponibilidad de recursos naturales,sino que fundamentalmente la tecla activadora de un país “rico” está en la actitud y los valores de sus habitantes, quienes practican:
1.- La moral como principio básico.
2.- El orden y la limpieza.
3.- La honradez.
4.- La puntualidad.
5.- La responsabilidad.
6.- El deseo de superación.
7.- El respeto a la ley y los reglamentos.
8.- El respeto a los derechos de los demás.
9.- Su amor al trabajo.
10.- Su afán por el ahorro y la inversión.
Hace tres años compartí este texto con mis alumnos del último año de secundaria en la cátedra de Economía Política y les generé este simple ejercicio reflexivo de pocos minutos que los invito a plantearse y hacer en familia, así que, lápiz y papel y manos a la obra:
- Puntuar a nuestro país del 1 al 5 en cada una de estas 10 actitudes (1 malo al 5 excelente)
- Puntuarse a sí mismos del 1 al 5 en cómo sentimos que estamos siendo respecto a cada una de ellas
- ¿Qué actitudes te proponés cambiar a nivel personal generando hábitos que inspiren a los demás a seguir y consecuentemente afectando positivamente a nuestra sociedad
- ¿Cómo soñás a nuestro país en 20 años?
Fue un ejercicio maravilloso, que me llenaron de esperanza porque estos jóvenes de no más de 18 años mayoritariamente se puntuaron a nivel personal muy por encima de lo que percibían a nivel país en aspectos tan fundantes como la moral y el respeto a la ley.
Les comparto cómo soñaron en ese momento dos alumnos, hoy futuros ingenieros agrónomos:
Martín Perazzo:“Yo sueño que el país dentro de 20 años va a ser un país del primer mundo, que va a estar aprovechando sus recursos, tanto humanos como materiales, que va a estar con un alto nivel de industrialización, que va a tener un bajo índice de pobreza e inseguridad”.
Alejo Rodríguez: “Sueño con un país en el cual la gente sea honrada y se respete la moral, y con el aporte de todos se logre salir del subdesarrollo ya que recursos sobran para hacerlo”.
¡Qué riqueza de sueños!.¡Qué potencial de mejora!
Tal como expone en el libro recientemente publicado “Estamos como somos. Porqué los argentinos no tenemos el país que queremos” de nuestro inolvidable y didáctico Tomas Bulat: Los países no son ricos: los hacen ricos sus ciudadanos cuando se organizan y trabajan.
Como compartimos en la columna anterior, los cinco primeros lugares en competitividad global de acuerdo al reporte de la World Economic Forum los ocupan: Suiza, Singapur, Estados Unidos, Alemania y Países Bajos (erróneamente denominado Holanda que es una de las provincias). Curioso ¿no? Suiza y Países Bajos: 41.000 km2 de superficie, (imaginemos aproximadamente ¡200 km por 200 km cada uno!). Y eso no es poco, los inquietos “holandeses” encima le ganaron terreno al mar. Tuve el placer de visitar “el país de los molinos de viento” hace pocos meses. Es un país próspero, ordenado, saludable, donde conviven en armonía casi 150 nacionalidades a pesar de las diferencias culturales y de hábitos. Saben hacer negocios y poseen como valores rectores la tolerancia y el respeto que llevan marcado a fuego.
Volviendo nuestra mirada al espejo, tenemos todo el potencial para lograr el bien-estar de todos los habitantes de este bendecido suelo. Muchas veces me imagino que si Argentina pudiera reflejarse en un animal, quien mejor la representaría sería una vaca. Llena de recursos: leche, carne, cuero, aprovechable al 100%, pero siempre se la ve muy tranquila “rumiando”, descansando sobre sus fortalezas, o paseando con andar cansino, o sumisamente aceptando muchos se aprovechan de sus dones. Muy lejos de la actitud alerta de las águilas, leones y tigres que representan a los países más prósperos del mundo.
Me despido con una frase de Mahatma Gandhi: “tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo”.
Pongámonos al volante. Preparados, listos. ¡Ya!. La bandera a cuadros del 2016 ya dio su señal de largada. ¿Qué esperamos?


(*) Contadora. Asociación de Ingenieros Agrónomos de Junín (AIAJ).

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