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ENFOQUE

Nueva caída en el área sembrada

Por cuarto año consecutivo –hecho inédito en la historia agrícola del país- se espera una merma en el área sembrada de granos y oleaginosas.
Debido a la caída en los precios internacionales, el marcado retraso en el tipo de cambio, la fuerte presión tributaria (especialmente de los derechos de exportación), la intervención del Estado en la comercialización (restricciones, cierre de exportaciones etc.) y los altos costos de los insumos y fletes, el productor una vez más resigna superficie destinada originariamente a estos commodities.
Si se considera el último record de siembra, en el ciclo 2011/12 donde se implantaron 35.8 millones de hectáreas, la caída a lo largo del quinquenio alcanza las 3 millones de hectáreas de  concretarse en el presente ciclo una siembra de 32.5 a 33 millones de hectáreas.
La merma principal se centra en el grupo de los cereales, donde a lo largo de los últimos cinco años se perdieron cerca de 4 millones de hectáreas.
En trigo se reitera una de las siembras más bajas de la historia con solo 3.4 millones de hectáreas, en tanto que en maíz, el otro cultivo tradicional pampeano, se prevé la menor siembra de los últimos 25 años con solo 2.7 millones de hectáreas.
Incluso en soja, la "vedette" de los cultivos, muchos opinan que será difícil reiterar el nivel de siembra del último ciclo, luego de muchos años de permanente crecimiento. No obstante ello, la proporción de oleaginosos en el total de los cultivos alcanzaría el récord del 70%.
Esta marcada caída de los cereales, torna cada vez más compleja la producción argentina de granos desde una óptica de sustentabilidad del sistema.
La necesidad de rotación de cultivos e incorporación de nutrientes dista mucho de lo requerido, por lo cual el deterioro de los recursos naturales cada vez es más preocupante.
Mientras Argentina se debate en una permanente reducción del área dedicada a los principales cultivos, una cada vez menor adopción de tecnología (fertilizantes, fitosanitarios, etc.) que sólo por las buenas condiciones climáticas de los últimos años permitió mantener la producción en niveles cercanos a los 100 millones de toneladas, nuestros vecinos siguen creciendo.
En efecto, Brasil principal socio de Mercosur, a lo largo del último quinquenio expandió su superficie sembrada en más de 10 millones de hectáreas con un crecimiento del 25% del mismo, en tanto que su producción que en 2011 rondaba las 145 millones de toneladas, se prevé alcance en 2016 las 210 millones de toneladas.
Este notable crecimiento se dio en un marco de políticas agrícolas que incentivaron la producción, orientadas a la asistencia del sector primario (créditos para la siembra, compra de maquinaria, fertilizantes etc.) y el sistema comercial (almacenaje, puertos, etc.), sin impuestos regresivos que afecten los ingresos de los productores y con un tipo de cambio que cada vez más se adecua a la realidad económica local y le otorga una mayor competitividad al sector.
Esta concepción de la importancia del mismo se complementó con un fuerte sesgo pro-exportador que se plasmo en una mayor inserción de los productos brasileños en los principales mercados.
Prueba de ello es el liderazgo que hoy tienen en materia de exportación de poroto de soja, compartido con los Estados Unidos, y el fuerte crecimiento en el mercado de maíz posicionándose en el segundo lugar luego de los americanos, desplazando al histórico segundo mejor exportador mundial y otrora proveedor de ese país, Argentina.<

(*) Director de Agritrend SA.

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