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Los desafíos económicos después de las PASO

El torbellino político y económico que sacude a Brasil y el proceso electoral argentino son una prueba de fuego para los próximos meses. Los desequilibrios macroeconómicos locales son bastantes conocidos: emisión que llevaría a 250.000 millones el rojo fiscal del año, alta inflación, retraso cambiario, desplome de las exportaciones, default y reservas mínimas en el Banco Central. Y a esto se suman las condiciones externas, ahora desfavorables.
La debilidad política de Dilma y los problemas económicos en Brasil llevaron a que el real atravesara los 3,5 por dólar, una cotización mínima que no tocaba desde marzo del 2003. El escenario en el mayor socio comercial de la Argentina es de más complicaciones.
Lo peor estaría por venir, es decir que aumentaría las dificultades locales para obtener dólares o eludir una devaluación.
Y a esto su suma la creciente fortaleza del dólar en el mundo.

Suba de tasas
Los analistas de mercado apuestan a que en septiembre la Reserva Federal (el Banco Central) norteamericana iniciará el cambio de su política monetaria, aumentando las tasas de interés.
El índice del sector servicios en Estados Unidos alcanzó en julio un máximo en una década y, según parece, el directorio de la Reserva Federal sólo espera el momento para dar un giro. El próximo presidente argentino enfrentará un mundo menos favorable, con tasas de interés más altas, monedas devaluadas frente al dólar, precios de commodities deprimidos y con una demanda de China contenida.
Los primeros pasos de la próxima presidencia no podrán postergarse.
Además, tendrán que transitar el consenso de al menos tres leyes claves en el Congreso.
¿Cómo se comportará el kirchnerismo en esa instancia? ¿Sea el presidente Scioli o un opositor?
Las normas son la prórroga de la Emergencia Económica y la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano.
Estas dos últimas, imprescindibles para iniciar una negociación con los fondos buitre y los holdouts.
La primera para poder avanzar con una reestructuración de las tarifas públicas y concesiones que requieren de negociaciones adicionales.

Escollo
Antes de estos vaivenes legislativos, habrá otro escollo quizás pintoresco.
A mitad de septiembre, el ministro Kicillof debe enviar el proyecto de Presupuesto 2016 al Congreso.
Es de suponer que en plena campaña, el kirchnerismo extremará los detalles del relato y en preservar los últimos vestigios de su vapuleada gestión económica.
¿Qué dirá respecto a la emisión, o el valor del dólar, la proyección del gasto y la inflación?
El presupuesto del año próximo, como ocurrió en otras oportunidades, tendrá valor simbólico, pero es también probable que algunas de las pautas requieran de correcciones por el Congreso.
Por ejemplo, respecto a límites de endeudamiento o refinanciación de deuda en default, para mencionar dos muy elocuentes.
En cuanto a la transición hasta el 10 de diciembre próximo, también existen grandes interrogantes respecto a si será sostenible y posible que el ministro Kicillof haga la plancha y que nada cambie en lo sustancial.
La presidenta Cristina Kirchner apostaría a que con la renovación del swap de China las reservas en el Banco Central alcancen como para controlar las presiones sobre el dólar.
Es una posibilidad, aunque nada es seguro.

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