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OPINIÓN

Scioli parte adelante, pero el desenlace sigue abierto

Daniel Scioli resultó el más votado en las elecciones y se proyectó como favorito para suceder a Cristina Kirchner el 10 de diciembre, aunque el final sigue abierto con Mauricio Macri, ratificado como su principal competidor.
Pasada la medianoche y con el lentísimo escrutinio en la provincia de Buenos Aires, el candidato del Frente para la Victoria se acercaba al 37% de los votos, el piso que se había fijado para quedar bien posicionado hacia las generales.
Según el modo en el que se lo mirase, Scioli quedaba cerca y lejos de ilusionarse con un triunfo en primera vuelta el 25 de octubre para el que necesita obtener más del 40% de los votos con un 10% de diferencia sobre el segundo o directamente más de 45%.
Por su lado, Macri ratificó su holgado favoritismo en las primarias de Cambiemos, donde conseguía casi el 80% de los electores, pero el caudal propio de votos en torno a 25% estaba lejos del mínimo necesario para ser presidente.
Como primer objetivo, el jefe de Gobierno porteño tendrá que retener la porción recolectada por sus rivales internos Elisa Carrió y Ernesto Sanz para superar el 30% general y luego deberá ir por el resto de la torta no kirchnerista si quiere impedir que el Frente para la Victoria gane su cuarta elección presidencial.
En el búnker del Pro destacaron que más del 60% de los argentinos votó por opciones opositoras, aunque trasladarle todos esos votos a Macri sería caer en una imprudencia.
Por esa sensación de que nadie podía todavía colgarse los laureles hubo festejos en todos los campamentos electorales, incluido el de Sergio Massa montado en Tigre.
Al fin y al cabo, el derrumbe tan temido no se produjo para el líder del Frente Renovador, quien retenía cierto volumen de votos dentro del Frente UNA como para seguir peleando en desventaja.
Como hipótesis de mínima Massa podría erigirse en árbitro importante de un balotaje y pareció jugar con esa fortaleza en su discurso al convocar a “Mauricio y Margarita (Stolbizer) a debatir políticas de Estado para establecer un cambio justo”.
El exintendente de Tigre se recostaba sobre los votos que conseguía su rival interno, el gobernador cordobés, José Manuel de la Sota, a quien vencía por menor margen al esperado y quien también podría ser actor relevante del tramo que resta de campaña.
Sucede que Scioli buscará avanzar en dos direcciones para sumar lo que le falta: por un lado intentará aglutinar a todo el peronismo, incluido los opositores como De la Sota y los hermanos Rodríguez Saá, y por otro le hablará al electorado independiente.
Algo de esa estrategia ensayó en su aparición en el Luna Park cuando, además de recordar a Néstor Kirchner, saludar a Cristina, parafrasear al general Perón y al Papa, anticipó que buscará convencer a los que no lo votaron en esta primera instancia.
En líneas generales la elección mostraba la hegemonía del Frente para la Victoria en el norte y el sur del país, en tanto que en los distritos grandes los resultados estaban repartidos.
En la Ciudad, volvió a imponerse Cambiemos, en Córdoba fue segundo De la Sota y tanto en Mendoza como en Santa Fe había elecciones parejas entre el conglomerado opositor y el FpV.
El análisis quedaba comprometido por el lento conteo, especialmente en la provincia de Buenos Aires, que representa el 38% del padrón y donde se esperaba un amplio dominio oficialista, además de un avance de la agrupación juvenil La Cámpora.
En la elección para gobernador, Aníbal Fernández sacaba una luz de ventaja sobre Julián Domínguez en la interna del Frente para la Victoria, pero la candidata más votada en soledad era María Eugenia Vidal del Pro.
Tras la denuncia periodística en su contra por presuntos lazos con el narcotráfico, el ministro coordinador lograba retener el voto kirchnerista, aunque su participación en el próximo tramo de campaña abre algún interrogante sobre si podría limitar o no las posibilidades de crecimiento de Scioli debido a su baja popularidad en los sectores independientes.
En ese contexto, la demora en el recuento de los votos y las recurrentes denuncias por falta de boletas vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de una reforma del sistema electoral.
Quizá el próximo turno de gobierno sea propicio para avanzar en esa modernización, pero el justicialismo parece poco interesado en cambiar reglas del juego que maneja mejor que nadie.

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