PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Los 70 años del horror

El lunes 6 de agosto de 1945 quedó en la crónica más negra de la humanidad, pues a las 6:15 AM, una bomba de uranio bautizada como “Little Boy” despegó desde Tinian (Islas Marianas, EEUU) montada encima del avión B-29 llamado “Enola Gay” para sobrevolar la ciudad japonesa de Hiroshima, y una vez que se situó sobre ella exactamente a las 8:15 fue lanzada por la tripulación. El diabólico artefacto estaba preparado para detonar a una altura de 560 metros. El efecto de la explosión resultó de vastador y en pocos minutos, una columna de humo y fuego surgió hacia las alturas a una temperatura aproximada de cuatro mil grados centígrados, que inmediatamente calcinó a miles de personas (todas civiles) y destruyó completamente los edificios existentes en un radio de 13 kilómetros cuadrados. Se calcula que murieron más de 80.000 personas y otra multitud resultó herida. Debemos sumar además otros tantos miles de seres humanos que padecieron penosas enfermedades y mutaciones genéticas con el correr de los años y como producto residual de las lluvias radiactivas causadas por el uso de esa arma nuclear. Pero no quedó allí la historia, porque tres días después, a las 11:02, otra ciudad japonesa (en este caso Nagasaki) fue blanco del segundo ataque con bomba atómica que recuerda el mundo. Allí se destruyó todo el sector norte y se calculan unos 40.000 muertos. Este artefacto recibía el nombre de “Fat Man” y su fuerza residual causó también un sin número de estragos posteriores.

Omnipotencia
El 25 de abril de aquel año, el Presidente de EE.UU Harry Truman se enteró de que dispondría pronto de una nueva arma poderosa, y que la posesión de ella le abriría impensables horizontes para evitar difíciles negociaciones que se avecinaban con los soviéticos. Algunos historiadores consideran que Truman y sus colaboradores tuvieron lo que se denomina “una visión de omnipotencia”. Es muy probable que si la hubiera tenido lista, armada y disponible, hubiera utilizado la bomba contra los alemanes que se rindieron en el mes de mayo. Los científicos probaron y aprobaron el artefacto devastador con éxito el 16 de julio en el desierto de Nuevo México. Entonces Truman comenzó a presionar a Stalin con cientos de demandas pero no tuvo el éxito esperado, y decidió que debía “dar al mundo una demostración” de fuerza. Aprovechó que los japoneses -mientras tanto- luchaban agónicamente en el Lejano Oriente y hoy se sabe que habrían estado dispuestos a renunciar voluntariamente, lo que no hicieron porque reclamaban como condición que se garantizara inmunidad a su emperador Hiroito. Los Estados Unidos querían obtener una rendición incondicional y rechazaron esta posibilidad. Ante esa decisión de no negociar, Tokio cometió un lamentable error estratégico cuando interpretó que podría utilizar su gran ejército que estaba intacto en territorio chino, y aunque luego se rendirían harían pagar un alto precio a los Estados Unidos por ello. A pesar de esa circunstancia, los marines tenían controlado un bloqueo que no les permitía a los japoneses obtener alimentos y combustibles, con lo cual estaban casi de rodillas y la capitulación era sólo cuestión de tiempo.
Esta situación de poder que sabía suya a través de la nueva arma hizo que Truman no utilizara ningún tipo de sistema “desgaste” para forzar la anunciada rendición de los japoneses, aunque ello era inevitable. Optó por utilizar a “Little Boy” y acelerar aquella rendición, sabiendo que de esa manera evitaba que los rusos se involucraran en la guerra asiática y se demorara el final del conflicto bélico. Al respecto se conoció después de la guerra un informe estadounidense llamado “Strategic Bombing Survey” donde señalaba que “seguramente, antes del 31 de diciembre de 1945, Japón se habría rendido sin necesidad de utilizar las armas atómicas”. Y el plan estaba en marcha, el mundo debía sentir ese tremendo poder de destrucción para lo cual eligieron “reventar” una ciudad virgen de Japón, con un espectáculo impresionante que pondría bajo intimidación no sólo a Moscú, sino también al resto del planeta.
No obstante, los japoneses, que se presume no pudieron medir la real magnitud del daño en Hiroshima, no capitularon inmediatamente y para colmo los rusos entraron en la guerra contra todos los pronósticos norteamericanos. Y el día después de la declaración de guerra por parte de los soviéticos, lanzaron la “Fat Man” sobre Nagasaki. Y tuvieron que pasar otros cinco días hasta el 14 de agosto, antes de que los japoneses se rindieran. Finalmente, el 2 de setiembre de ese año el general Douglas MacArthur aceptó oficialmente la rendición japonesa a bordo del acorazado estadounidense Missouri, anclado en la bahía de Tokio. Todo indica que Truman no tenía ninguna necesidad de utilizar las bombas atómicas para forzar la rendición japonesa, pero lo hizo porque con semejante puesta en escena logró que aquella capitulación fuera incondicional, y también para mantener a los soviéticos lejos de la zona del Lejano Oriente y -además- lograr que Washington estuviera virtualmente sentado en las mesa de las decisiones del Kremlin, lo cual les permitiría a los norteamericanos tener exclusivo control sobre toda Europa. Mis estudios me han convencido de que ésta resulta ser la verdadera razón de semejante carnicería humana. En un discurso cargado de hipocresía, Truman diría luego que utilizó este recurso para “traer de regreso los chicos a casa” y evitar más pérdidas de vidas humanas sobre sus tropas.

Desafío
Setenta años después, que en la historia no significa tanto tiempo, debemos abrir bien los ojos para reclamar por todos los medios que no vuelva a suceder un horror semejante. Hoy, tecnológicamente hablando, resulta incalculable mensurar el daño que produciría. Hay que estar alerta a los conflictos y diferencias que los Estados Unidos y la mayoría de los países occidentales mantienen con Irán y Corea del Norte, y el temible grupo fundamentalista islámico ISIS. Pienso que lamentablemente el holocausto producido por el presidente Truman tuvo como principal objetivo amedrentar al mundo bajo el poderío bélico de su potencia militar, y vaya si surtió efecto positivo!!!!. ¿Habrán recapacitado los que dirigen el mundo para que esto no se repita?

(*) Fiscal de Instrucción y Juicios Orales de la Plata.

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