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ANÁLISIS

Buitres y dólar, fuentes de la incertidumbre

Kicillof permaneció la jornada de ayer en un absoluto hermetismo, mientras volvieron al ruedo las versiones sobre su disputa con el presidente del Banco Central.

Mientras el dólar blue alcanzaba ayer un nuevo récord de $15,45 en la City porteña, la presidenta Cristina Kirchner retocaba en el hotel donde se hospeda en Nueva York el discurso que dará hoy ante la asamblea general de la ONU, que centrará en una denuncia contra el accionar de los “fondos buitre” que pusieron en jaque la arquitectura financiera que posibilitó los canjes de la deuda externa.
Justamente esas dos variables clave -la inestabilidad del mercado de cambios local y el bloqueo de la Justicia estadounidense a la reestructuración de la deuda- son las que provocan por estas horas una marcada incertidumbre sobre la marcha de la economía argentina, algo que lleva a los especialistas a considerar que el Gobierno debe instrumentar medidas para tratar de atemperarla.
De hecho, tanto economistas como empresarios advierten que la coyuntura demanda un ajuste del tipo de cambio, en momentos en que el dólar informal estiró la diferencia de cotización con el oficial en un 83%, en una situación similar a la de enero pasado, cuando el Gobierno terminó avalando una fuerte devaluación del peso luego de que la brecha superara el 100%.
Sin embargo, las autoridades económicas hacen notar que lo que disparó la devaluación de principios de año no fue la escapada del dólar blue sino la fuerte caída de las reservas del Banco Central, que ahora permanecen relativamente estables y le otorgan al Gobierno un margen de maniobra del que entonces careció. Igualmente, se vuelve a hablar del “tipo de cambio retrasado”.
En este contexto, no contribuyen a calmar los ánimos declaraciones como la del diputado kirchnerista Roberto Feletti, quien sostuvo en el Congreso que “la disputa del dólar ilegal tiene que ver con la necesidad de sectores empresarios de dolarizar sus ganancias”, al tiempo que deslizó: “Tenemos los dólares para funcionar hasta diciembre de 2015”. ¿Pero qué pasaría después?
En las fuerzas de oposición tampoco estaría primando el espíritu de colaboración. Ayer un diputado repetía por lo bajo el latiguillo “cambio, cambio”, al estilo de los “arbolitos” de la peatonal Florida, mientras exponía en la comisión de Presupuesto de la Cámara baja el secretario de Finanzas, Pablo López. El funcionario no contó con la compañía de su jefe directo, el ministro Axel Kicillof.
El titular del Palacio de Hacienda permaneció la jornada de ayer en un absoluto hermetismo, mientras volvieron al ruedo las versiones sobre su enfrentamiento con el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, cuya presencia en el Congreso fue requerida por diputados de la oposición pero no tuvo eco en el oficialismo, que no titubea en apoyar a Kicillof en esa instancia.
De todos modos, los chisporroteos entre el Ministerio de Economía y el Banco Central no escapan a las tensiones que se registran en muchos países entre esas dos instituciones. Y es lógico que Fábrega esté preocupado por el tipo de cambio y el nivel de emisión monetaria, mientras que Kicillof debe poner el acento en el nivel de actividad, ante un panorama general dominado por la inflación.
En esas contradicciones está envuelto hoy el Gobierno en materia económica, mientras busca rescatar un “modelo” de cuyas variables originales no queda mucho en pie.
No obstante, la Presidenta sigue embarcada en presentar ante el mundo el “leading case” argentino en una guerra declarada contra los “fondos buitre”, sobre la cual pondrá hoy sal en la llaga ante la ONU.
Cristina Kirchner anticipará en ese foro que la problemática que se abrió en torno a las reestructuraciones de deuda será abordada también en la próxima reunión del G-20 que tendrá lugar en Australia.
Tras el apoyo que recibió en el Vaticano por parte del Papa Francisco, la mandataria apunta a acumular respaldos para llegar fortalecida a una negociación con los “fondos buitre”.
En ese sentido, la estrategia del Gobierno pasaría por retomar las conversaciones en enero próximo, una vez que haya caído la cláusula RUFO que abre la puerta a un masivo reclamo de tenedores de bonos de la deuda contra el Estado argentino.
Mientras tanto, sigue siendo una incógnita si la Presidenta dará su aval a negociaciones de carácter privado con los fondos especulativos.
La reunión de la jefa de Estado en Nueva York con el magnate George Soros alimentó esa versión, que también circuló en boca de empresarios argentinos como Eduardo Eurnekian, a quien se lo vio en los pasillos del hotel donde se hospeda Cristina Kirchner. En Buenos Aires, en tanto, sólo se habla de las nuevas estrellas del mercado de cambios, el “dólar Bolsa” y el “contado con liqui”.
Ambos mecanismos son utilizados por las empresas -tanto las grandes compañías como por las pymes, estiman los operadores de mercado- para sortear las restricciones cambiarias impuestas por el Gobierno, mediante la compra de acciones y bonos que luego venden en Wall Street o en otras plazas financieras.
La operatoria es legal, pero no hace más que presionar sobre el dólar blue. 

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