None
EL PAÍS | ANÁLISIS POLÍTICO DE LA SEMANA

El espejo brasileño

Axel Kicillof estuvo el jueves pasado en San Pablo, en un viaje relámpago que le sirvió para ponerse al día con su par brasileño Guido Mantega. Tras un encuentro a puertas cerradas, los funcionarios no hicieron declaraciones y rápidamente comenzaron a circular versiones sobre un presunto pedido de auxilio financiero de la Argentina al principal socio del Mercosur para compensar la caída de reservas del Banco Central y hacerle frente a la presión cambiaria.
La versión fue desmentida por el propio Mantega el viernes, pero la palabra del ministro de Dilma Rousseff no parece haber alcanzado para aplacar los comentarios que se propagaron en los corrillos bursátiles paulistas y porteños. Es que la Argentina no tiene acceso al crédito en los mercados internacionales y hace rato que se cortó la ayuda de Venezuela, lo que acentuó la restricción externa de la economía. El litigio con los "fondos buitre" no hace más que profundizar el problema.

Compromisos

El propio Kicillof admitió, al disertar en Buenos Aires ante el Council de las Américas, que el país deberá afrontar este año una erogación superior a los 6.000 millones de dólares que destinó en 2013 a la importación de energía. También blanqueó que "habrá una caída de las exportaciones", por lo cual los billetes norteamericanos ingresarán a la Argentina en menor cantidad. Así, el escenario en el que el Gobierno está ingresando a su último año de gestión, aleja una posible reactivación.
Con menos dificultades estructurales, una situación similar afronta Brasil, que acaba de entrar en una "recesión técnica"justo cuando Dilma busca la reelección en los comicios previstos para el próximo 4 de octubre. Encima, a la candidata del PT oficialista le salió a último momento una rival de fuste, tras la muerte del postulante opositor Eduardo Campos en un accidente de aviación. Marina Silva, hasta entonces su compañera de fórmula, tomó el lugar y creció en las encuestas.
Marina, que fue ministra de Lula da Silva y luego se distanció para profundizar un discurso radical ambientalista y cuestionar la corrupción de la "vieja política", figura ahora a la cabeza de los sondeos en una posible segunda vuelta contra Rousseff, pautada para el 2 de noviembre. Y en lo que concierne a la Argentina, la candidata socialista ya dejó trascender que sería "menos concesiva" que lo que a su criterio viene siendo el PT en cuanto a la relación comercial con el socio regional.

La interna de Brasil

La desmentida de Mantega tras la reunión con Kicillof buscó justamente evitar que la oposición local tuviera otro argumento para cuestionar a Dilma en ese sentido. Tampoco el ministro de Economía brasileño vaciló al atribuir en parte a la merma de la exportación de autos a la Argentina, la caída del nivel de actividad en su país. Por ende, queda claro que las necesidades políticas de Rousseff le cierran las puertas a cualquier auxilio financiero, al menos hasta fin de año.
Y en ese momento, se verá si Dilma habrá conseguido la reelección o si comienza a gestarse una nueva era política, ya sin la hegemonía petista. En la Argentina, esta última posibilidad preocupa a los dirigentes oficialistas y alienta a los opositores, especialmente a los no peronistas, como lo son Mauricio Macri y los referentes del FAUNEN. El alcalde porteño venía creciendo en las encuestas, pero un reciente estancamiento lo haría pensar en una alianza electoral mucho más amplia.
De hecho, ya comienzan a sellarse acuerdos entre el PRO e intendentes radicales de distintas provincias, pero aún asoma lejano un entendimiento a nivel nacional debido a la resistencia orgánica de la UCR, que busca llevar su propio candidato a las PASO de 2015. Sólo Elisa Carrió impulsa por ahora ese acercamiento, mientras Macri busca el apoyo de figuras extrapartidarias y taquilleras como el riojano Ramón Díaz o el porteño Matías Lamens, presidente de San Lorenzo.
En este contexto, no es de extrañar que se vaya agudizando el enfrentamiento entre Sergio Massa y Daniel Scioli. El diputado nacional le dio aire en la semana a una denuncia de los intendentes del Frente Renovador sobre una deuda de 381 millones de pesos en los fondos que la Provincia debe girar a los municipios, con la lupa puesta en los dividendos de los juegos de azar. A su vez, el Gobernador cargó con dureza contra el líder del FR en su discurso de ayer en el Teatro Argentino.

Posiciones

La forma en que Massa y Scioli se posicionaron respecto del proyecto del Gobierno para traer a los bonistas a cobrar a Buenos Aires y evitar el bloqueo del juez Thomas Griesa, refleja no sólo las diferencias entre ellos, sino también con Macri, que rechazó tajantemente la iniciativa y reclamó pagarle a los "holdouts". El Gobernador llamó a apoyar "sin mezquindad" la idea de Kicillof, mientras que el tigrense abogó por una salida alternativa con sedes de pago en el exterior.
El escenario que se configura es, por tanto, bastante claro: Scioli pone sus fichas al mejoramiento de la economía para reafirmar su estrategia de "continuidad con cambios" sobre la gestión kirchnerista, mientras que Massa se perfila como una alternativa a la que puede recurrir el electorado en caso de que se imponga la noción de que el país no podría ser gobernado por un no peronista como Macri, en momentos en que la presión de los gremios viene en alza y podría multiplicarse en 2015.
El paro que el jueves realizaron las CGT de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, con el respaldo de la CTA disidente y gremios de base de la izquierda, fue una demostración de ello. El Gobierno logró atenuarlo al asegurarse el funcionamiento de las líneas de colectivos cuyos choferes están nucleados en la UTA. Aunque la clave fue la resignación con que la sociedad tomó la jornada de protesta, que se naturalizó como un hecho fatídico en un país con tendencia a la crisis en forma recurrente.
Por eso empieza a pesar entre los argentinos el temor al desempleo, cuyo efecto directo suele ser la retracción social. En este marco, el ministro Kicillof pidió a los empresarios que eviten desparramar pronósticos agoreros sobre la economía, como una manera de esquivar la denominada "profecía autocumplida". A su vez, los hombres de negocios le reprocharon que les diera "cátedra como su estuviera en la universidad" e insistieron en cuestionar la reforma de la Ley de Abastecimiento.
El próximo miércoles será, en este punto, un día clave para el tratamiento de la iniciativa en el Senado, donde también se desarrollan los debates sobre la ley de "pago soberano" de la deuda. Allí, el economista Guillermo Nielsen -uno de los cerebros del canje de 2005 junto a Roberto Lavagna- se lamentó porque el Gobierno castigó al Banco de Nueva York por acogerse a la sentencia de Griesa, cuando él mismo había vencido la reticencia de la entidad a participar de la operación.
En forma paralela, el Gobierno festejó los cambios anunciados por la Asociación Internacional de Mercados de Capitales para evitar que una minoría de acreedores pueda bloquear acuerdos de canje de deuda, como sucede en la actualidad con la Argentina. También anunció un viaje a Nueva York para buscar en la ONU el respaldo del G77 más China -el bloque de países emergentes- a una moción destinada a establecer una Convención que le dé marco legal a futuras reestructuraciones.

Al dólar blue

Todo esto sucederá mientras circulan informes que advierten que en los últimos 30 días más de 3.000 millones de dólares salieron de los depósitos bancarios para saltar al dólar blue, lo cual explica la suba en su cotización por arriba de los 14 pesos. El titular de la Bolsa, Adelmo Gabbi, dijo que "si los argentinos invierten en dólares, es porque no confían en Kicillof". Y el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, sostuvo que el discurso del ministro "le parecería antiguo hasta a Marx".
El funcionario del Gobierno que más poder acumuló en los últimos años viene dando muestras de que tiene aptitud para la batalla política, pero sabe que su gestión será evaluada exclusivamente por el comportamiento de la economía. En ese terreno, el kirchnerismo transita por un camino cada vez más estrecho entre las críticas que recibe por derecha y por izquierda. Y el protagonismo histriónico de Sergio Berni tiene el efecto de una aspirina que no alcanza para curar la enfermedad de fondo.
El secretario de Seguridad deberá sobrevolar en helicóptero muchas veces la Capital y el Gran Buenos Aires porque la caída de la actividad industrial y la persistencia de la inflación no hacen más que pronosticar una etapa de protestas que se podría agudizar en el último tramo del año.

COMENTARIOS