None
ANTICIPOS ECONÓMICOS

El default es sólo uno de los problemas

El default en el que cayó la Argentina empujada por la Justicia norteamericana es sólo uno de los problemas que afectan al país, ya que a la gente de a pie le preocupan cuestiones más vinculadas con su día a día, como inflación, desempleo y pérdida de poder adquisitivo.  
Es que la Argentina atraviesa desde hace varios años un proceso de declive en sus principales indicadores socioeconómicos que obligan a mirar más allá de la discusión casi semántica de si el país está o no en default.
Si bien la cesación de pagos -de a más tardar cinco meses- que sufre el país podría traer consecuencias de alto impacto en caso de que los tribunales continúen jugando en contra de las pretensiones de la Argentina y den vía libre a un hipotético aluvión de reclamos de bonistas, no es el único flanco al que debería prestar atención urgente la Argentina.   
Es que, como dijeron la presidenta Cristina Fernández y su ministro en ascenso, Axel Kicillof, la vida sigue a pesar de que no haya acuerdo con los fondos buitre.
El problema es que lo que siguen son también las dificultades cada vez más indisimulables que tiene el país: escenario recesivo, inflación, pérdida de empleos, caída del consumo, falta de crédito, déficit en las cuentas públicas y dólar desdoblado, que ponen en una encrucijada a los argentinos desde hace tiempo.
Los problemas son de vieja data pero tienen una fecha simbólica, el 31 de octubre de 2011, cuando Cristina, ya liberada de la presión electoral y con la reelección definida, echó mano del cepo cambiario para tratar de apaciguar la sangría de divisas.
La fuga de capitales se había profundizado desde al menos dos años antes, cuando los argentinos decidieron que ante un escenario inflacionario creciente una de las formas de resguardar sus ahorros era, otra vez, convertirlos a dólares.
La falta de inversión extranjera directa hizo el resto: las reservas del Banco Central comenzaron a menguar y obligaron a adoptar una medida que será una de las grandes desgracias que heredará el gobierno que suceda al actual en diciembre de 2015.
Para el cuadro de situación socioeconómica, con una pobreza que afecta a un cuarto de la población, los 16 meses que faltan para el final de este gobierno son una eternidad en tiempos económicos.
La jefa de Estado defendió la forma en que se negoció la deuda con los fondos buitre con el argumento de que no le iba a dejar una hipoteca imposible de levantar al gobierno que viene.   
Pero mientras tanto los posibles candidatos a sucederla se están preocupando por los desajustes que ya está dejando, en un cóctel explosivo de emisión para financiar el gasto público, enorme demanda de dólares para afrontar el desbalance energético,  desconfianza de los inversores, caídas en la industria y la construcción, freno al consumo y otras complicaciones.  
Si bien no constituyen las “Siete plagas de Egipto” sobre las cuales siempre ironizan la jefa de Estado y el ministro de Economía para desacreditar a los “agoreros”, se parecen mucho a un conjunto de virus que a mediano plazo pueden ser letales para la salud de la economía.   
El gobierno se niega a admitir estos problemas pero la dificultad mayor es que tampoco tiene muy claro qué se puede hacer para solucionarlos.
La existencia de un dólar paralelo es una causa de dificultades económicas que el equipo de Kicillof se ha empecinado en negar, o cuyo poder de daño parece incapaz de comprender.    
Sin embargo, el dólar blue es una de las claves que explican el paráte de la economía, porque quien puede ahorrar prefiere posicionarse en dólares -sea al tipo de cambio oficial más el 20% de penalidad, que alcanzó un récord en julio- o en el segmento blue.    
A la hora de analizar las inversiones externas, tiene lógica que haya casi desparecido después del cepo cambiario.    
Nadie va a traer dólares a la Argentina para que el Banco Central se los liquide a $ 8,20, cuando el mercado marginal los opera por encima de $ 12,50.
Es una brecha cambiaria que viene orillando el 50 por ciento desde hace más de dos años, y según los manuales de economía ese esquema no hace más que horadar los puntales de cualquier modelo.    
A esto se suma que, según el último estudio elaborado por la UCA, la Asignación por Hijo fue parcialmente eficaz para contener la indigencia, pero poco pudo hacer frente a la pobreza, que se mantiene en el 25 por ciento de la población desde hace años.
Un trabajo de Ecolatina -consultora cercana a Sergio Massa- advierte que “en el frágil contexto económico actual (recesión con elevada inflación), si perdura el cierre de los mercados financieros, se potencia la escasez de dólares profundizando las tendencias recesivas”.    
El menor nivel de actividad elevaría el déficit fiscal, forzando un mayor financiamiento con emisión del BCRA, lo que a su vez exacerbaría las presiones cambiarias e inflacionarias.   
Por ello, en el corto plazo los analistas están previendo una caída de reservas, luego de que se termine de liquidar la cosecha, que en el caso de la soja alcanzó un récord de 55,5 millones de toneladas.
En un contexto de crecientes presiones cambiarias y mayor emisión para financiar al fisco, el BCRA se vería forzado a intensificar el cepo cambiario -ya lo está haciendo al reducir las autorizaciones de compra de divisas a través de la AFIP- y la suba de tasas de interés para evitar una corrida cambiaria.     
Pero ambas medidas impactarían negativamente sobre el proceso productivo, afectando la provisión de insumos importados y el acceso al crédito a tasas de interés razonables, elevando la morosidad y estirando la cadena de pagos.
Arreglar el problema de la deuda es un desafío enorme para el país, pero emergen dificultades en la economía real cuya solución no está a la vista, y preocupan todavía más.


COMENTARIOS