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Surgen escollos que superan la coyuntura

Fracasó Kicillof o aún hay tiempo para remontar la situación económica? ¿Qué queda de la impronta renovadora de Capitanich? ¿La presidenta Cristina Kirchner seguirá ausente? La posta de urgencias que pasó del 2013 al 2014 luce complicada. El nivel de actividad está en descenso, la inflación en ascenso y, por lo ocurrido en diciembre, han quedado a la vista escollos que exceden la coyuntura, como el franco deterioro de la infraestructura en energía, el transporte, la fuerte involución social y educativa o el enorme engorde de un Estado incapaz de atender cuestiones básicas como la seguridad.


Deterioro


 El año pasado mientras el gasto creció al 40%, los ingresos por recaudación mejoraron algo arriba del 21%. Según estimaciones privadas los precios de los alimentos que componen la canasta básica subieron 43% en el 2013 y las proyecciones de inflación para enero de este año rozan el 4%. En el último trimestre (octubre/diciembre) la aceleración de precios fue superior al 10%. ¿Hay dudas sobre el creciente agujero fiscal y el enorme problema de la inflación? Las respuestas oficiales lucen no solo inconexas, sino también incomprensibles: frente a la crisis eléctrica, el ministro De Vido responde aplicando multas a las empresas concesionarias y ante la escalada inflacionaria, Kicillof implementa un acuerdo de precios “voluntario”. En otro de los frentes de tormenta, la pérdida de reservas del Banco Central, las respuestas oficiales se repiten: encarecer los viajes al exterior o profundizar el cepo a las importaciones. ¿Hay chances de ideas o planes más coherentes y efectivos frente a las dificultades económicas? Hacia adentro del Gobierno, las discrepancias y la ausencia de la Presidente de los temas económicos, que los desconoce o le resultan ajenos e incomprensibles, profundizan las internas y la sensación de falta de rumbo. 


Dogma


El “service” que requiere la economía implica abandonar el modelo ponderado por Cristina Kirchner y elevado a dogma en el kirchnerismo. Ajustar el dólar de una vez y administrar el tipo de cambio más a tono con el mercado parece más lógico que las devaluaciones diarias a tasas anuales del 60% o más Acordar con el FMI, renegociar con los holdout y el Club de París, aparece como una vía rápida para acceder al mercado de créditos internacionales y recomponer el nivel de reservas, pero esas decisiones colisionan con el relato oficial. Ajustar el dólar de una vez y administrar el tipo de cambio más a tono con el mercado parece más lógico que las devaluaciones diarias a tasas anuales del 60% o más, con tasas de interés negativas que retroalimentan la inflación y las peores expectativas. Pero esto choca con la idea presidencial de no ceder a la corporación devaluacionista, o de reconocer que se abandonó el modelo de tipo de cambio alto. El rumbo gradualista elegido como salida de la actual encrucijada luce cada días más inviable y lejano de obtener resultados. En los pliegos del poder se asegura que Kicillof ha regresado con su idea de desdoblar el mercado cambiario. ¿Tendrá éxito en esta oportunidad? ¿Y qué sucede con el empleo y el nivel de ingresos? 


Inflación 


La inflación de los últimos meses está afectando el consumo y ha retrotraído la situación social de los sectores más bajos a niveles de subsistencia o de marginalidad. Nada indica que esa pérdida de ingresos pueda ser recuperada en este año. Las paritarias, en el mejor de los casos, lograrán mantener los salarios reales de los sectores en blanco y mejor sindicalizados. ¿Y el resto? El “modelo” hoy en desarrollo ajusta por el nivel de empleo. Esa es la impronta que lleva implícito la manera en que el team de Kicillof está administrando la economía. ¿Otra paradoja de la historia? En el final de la gestión kirchnerista, como lo fue en los últimos años de los ’90, el desempleo aflora como otra endemia económica.

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