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EL PAIS | ANÁLISIS POLÍTICO DE LA SEMANA

Tiempo de incertidumbre

Al final de una larga jornada, signada por las marchas y contramarchas del Gobierno, el jefe de Gabinete tomó el teléfono celular para hablar con una persona de su máxima confianza. Las palabras de Jorge Capitanich no solamente transmitieron su bronca por las desinteligencias oficiales, sino también cierto desaliento en su estado de ánimo. El mismo que invadió al kirchnerismo en el inicio de un 2014 en el que los errores de gestión se tornaron evidentes.
Capitanich mantuvo esa conversación a la salida de la Casa Rosada uno de esos días en que terminó siendo desmentido por el ministro de Economía, Axel Kicillof, por distintos anuncios que hizo en sus conferencias matinales que finalmente no se concretaron. Uno de ellos fue la modificación del impuesto a los Bienes Personales -un episodio que incluyó al cuestionado titular de la AFIP, Ricardo Echegaray- y otro se refirió a la posibilidad de importar tomates de Brasil, para abaratar su costo.
En ambos casos, el ministro coordinador quedó mal parado, aunque no habría que adjudicarle una conducta improvisada, sino más bien considerarlo la primera víctima del extravío del rumbo gubernamental, que se agudiza con la prolongada ausencia de la presidenta Cristina Kirchner. Esta inquietante situación se corporiza pese a que los funcionarios se esfuerzan por hacer notar que la mandataria es la que “toma las decisiones” y reparte las órdenes para que sean implementadas.
Pero al parecer, las instrucciones resultan contradictorias con el paso de unas pocas horas. O bien algún ministro -como el cada vez más influyente Kicillof- logra convencer a la Presidenta de que una medida no tendrá buen resultado. Así lo hizo en el caso del gravamen a los Bienes Personales, cuya posible modificación provocó un impacto negativo en distintos sectores económicos y productivos, algo que fue rápidamente interpretado por el jefe del Palacio de Hacienda.
Kicillof viene ganando posiciones en el kirchnerismo, a tal punto que a algunos de sus dirigentes -como el diputado nacional Edgardo Depetris- ya lo suman a la grilla de los presidenciables del sector. La misma que pasó a integrar Capitanich cuando fue designado en la Jefatura de Gabinete, relegando a otros gobernadores kirchneristas como el entrerriano Sergio Urribarri y afectando los planes del mejor posicionado de los mandatarios oficialistas, el bonaerense Daniel Scioli.

Candidatos en problemas

De todos modos, ningún candidato que provenga del arco oficialista -ya sea un dirigente más radicalizado como Kicillof o uno moderado al estilo de Scioli- tendrá chance de suceder a la Presidenta si antes el Gobierno no logra contener la inflación. De acuerdo a los últimos datos disponibles, la suba de precios de noviembre, diciembre y lo que se espera para enero estaría cercana al 50% si se la considera en forma anual. Una estadística más que preocupante.
El gobernador bonaerense viene escuchando estos datos de boca de economistas de prestigio como Mario Blejer y Miguel Bein, a quienes consulta de forma cada vez más frecuente. La carencia de un rumbo económico claro lleva a otros presidenciables, como Sergio Massa, a mostrarse muy seguido con los especialistas que logró aglutinar en el Frente Renovador, entre quienes se destaca Roberto Lavagna. Tanto unos como otros quieren saber de qué manera actuar si “explota el modelo K”.
Massa, que se anotó un poroto al proponer que la paritaria docente bonaerense comience este mismo mes, tampoco descuida el armado político. Mientras transita por los partidos de la Costa, le da rienda suelta a su nueva obsesión: sumar dirigentes radicales a su fuerza. Y para ello no vacila en pergeñar golpes de efecto, como el que seguramente provocará una próxima reunión con Julio Cobos, quien viene de ganar ampliamente las elecciones legislativas en Mendoza, su provincia.
Cobos encaja con el perfil que busca Massa entre la dirigencia radical, en la cual quedó relegado tanto en los cargos partidarios como legislativos. Pero el target ideal para el líder del FR lo configura el intendente de la ciudad capital de Córdoba, Ramón Mestre, quien se sumará a los viajes que los próximos 17 y 18 de enero Massa realizará a las localidades turísticas de Jesús María y Carlos Paz. Luego, volverá a visitar al gobernador radical de Corrientes, Ricardo Colombi.
A su vez, el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, centrará sus incursiones políticas de verano en la Costa atlántica bonaerense, donde aparecerá acompañando a María Eugenia Vidal el próximo fin de semana en una recorrida por Pinamar. La vicejefa capitalina busca instalarse en la carrera hacia la Gobernación, lo mismo que algunos dirigentes de cuño kirchnerista, como Martín Insaurralde, Fernando Espinoza y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez.
Aunque las pretensiones del jefe de los diputados parecen ser más elevadas y por ello ya se inició una campaña en la vía pública con la leyenda “Domínguez 2015”, jugando con una ambigüedad entre una eventual candidatura presidencial y la carrera por la Gobernación. Como parte de la misma estrategia, el oriundo de Chacabuco acaba de proponer el traslado de la Capital a Santiago del Estero, en un interesante proyecto de rediseño del país por regiones que merece ser debatido.

Llamativa inseguridad

Las propuestas a largo plazo suelen ser desplazadas, sin embargo, por las urgencias de la coyuntura cotidiana. Aunque se atenuaron, los cortes de luz siguen siendo un dolor de cabeza para porteños y bonaerenses, lo mismo que la inseguridad. Dos casos llamaron la atención en los últimos días: el robo a la lujosa vivienda de la modelo Valeria Maza en San Isidro y el ingreso de ladrones a casas de familia en Lomas de Zamora, en una zona diametralmente opuesta del Gran Buenos Aires.
La respuesta del Estado frente a la indefensión ciudadana fue totalmente distinta: en el distrito del norte del Conurbano, aumentó considerablemente la cantidad de policías bonaerenses para cubrir patrullajes en la zona. En el del Sur, en cambio, la notoria ausencia de las autoridades fue suplida por el ofrecimiento de seguridad privada a los vecinos asustados. La sospecha de que las fuerzas de seguridad apelan a la vieja metodología de liberar zonas se repite en la región metropolitana.
El ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, pareció más atento al Operativo Sol costero y a la candidatura presidencial de Scioli, que a esos hechos que asolan el Conurbano. A su vez, el Gobierno nacional sigue convencido de que un sector de la prensa -especialmente los diarios Clarín y La Nación- agitan los problemas como la inflación y la inseguridad. Esta semana propuso la instauración de un “tribunal de ética” para juzgar la calidad de la información que publican.
El vocero de ese reclamo oficial, el secretario Oscar Parrilli, se ha tomado por costumbre emitir comunicados para desmentir noticias que terminan validando sus propios textos. Además, Parrili justificó el silencio presidencial y aseguró que Cristina Kirchner volverá a hablar en público “cuando lo considere oportuno”. La jefa de Estado será la que en definitiva elegirá el momento para hacerlo, luego de haberlo descartado -mostrándose distante- en un par de ocasiones en los últimos días.
Mientras tanto, en el Senado ya comenzaron las especulaciones sobre quién debería asumir la presidencia provisional del cuerpo, en reemplazo de la tucumana Beatriz Rojkes de Alperovich. La votación tendrá lugar en febrero próximo, cuando se elegirá al segundo eslabón de la cadena presidencial después del vice Amado Boudou. Justamente por eso el acto parlamentario tendrá mucha importancia desde lo institucional. Y marcará el ritmo del tiempo político que viene.

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