Mauricio Macri transita por el período de mayor debilidad en el cargo y hasta sus propios aliados piden que decline su intento de ir por la reelección presidencial.
Mauricio Macri transita por el período de mayor debilidad en el cargo y hasta sus propios aliados piden que decline su intento de ir por la reelección presidencial.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

La crisis acelera el rearmado de la oposición

Cristina envía señales para consolidar su candidatura y Lavagna depondría su resistencia a la PASO, mientras Macri soporta una fuerte presión para aceptar el “Plan V”.

“El Prócer va a tener que entender que una cosa es el liderazgo y otra el autoritarismo”. Con esta frase, un dirigente de vasta trayectoria en el peronismo, que ahora apoya la candidatura presidencial de Miguel Pichetto, da a entender que Roberto Lavagna tendrá que reconsiderar su postura de no ir a las PASO contra otros postulantes opositores, si es que pretende ungirse como una alternativa potente en las urnas este año.
En una charla de sobremesa, el dirigente aclara que su fórmula ideal sería Lavagna-Pichetto, puesto que el jefe del PJ en el Senado estaría dispuesto a acompañar al ex ministro de Economía. Pero advierte, mientras toma un café, que no se pueden voltear de facto las candidaturas de Sergio Massa y Juan Urtubey. Recomienda, eso sí, que el tigrense y el salteño alcancen una síntesis. “Si hay cuatro candidatos, es porque no hay ninguno”, afirma.
El ordenador de esta interna será el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, pero no de candidato a presidente como se rumoreó sino como “primus inter pares” entre los gobernadores peronistas, mucho más afirmado si obtiene una gran victoria en el distrito en el que, en las presidenciales, el PRO obtuvo una gran victoria. “El Gringo”, como apodan al mandatario cordobés, está en camino a ser reelegido el 12 de mayo, ya que Cambiemos se partió en el distrito. La desafortunada intervención de Elisa Carrió en la campaña de Mario Negri fue otra contribución en ese sentido.
Al igual que Lavagna, Schiaretti mantiene una alianza política con los socialistas que gobiernan Santa Fe, donde este domingo tendrán lugar las PASO tanto a nivel provincial como municipal. Los números que proyectaron las encuestas son malos para Cambiemos: sus candidatos saldrían terceros detrás del oficialismo local y de las distintas vertientes del peronismo. Por eso esta noche tendrán más para festejar Lavagna y el kirchnerismo que la Casa Rosada.
Cristina Kirchner hizo en la provincia litoraleña un acuerdo con Omar Perotti y bajó a sus propios candidatos a la Gobernación. La ex presidenta viene adoptando decisiones sumamente pragmáticas –por necesidad superó el dogmatismo que la caracterizó- en pos de consolidar su propia candidatura nacional. Antes, había retirado de competencia a sus postulantes en Córdoba. Y desde hace meses está detrás de un acuerdo con Massa en territorio bonaerense.

El cuaderno de Cristina
La publicación del libro “Sinceramente”, cuya tapa se asemeja a un cuaderno Rivadavia –en contraposición a los Gloria del chofer Centeno- es otra señal en la misma dirección. Con la colaboración de una periodista que hizo las veces de “ghostwriter”, la ex presidenta movilizó así a sus seguidores sin tener que aparecer en actos ni dar entrevistas. La demanda del texto en las librerías provoca además un efecto que la mantiene en la centralidad política y se constituyó en un exitoso lanzamiento de campaña, haya sido o no la intención.
El propio Gobierno hizo todo lo posible porque así sea, apelando a una polarización extrema por la que ahora paga las consecuencias ante los mercados, pero en rigor lo que sucede es que una parte de la población comparte la mirada y el estilo político de Cristina. Y soslaya su desapego por las formas institucionales, como lo demuestra que haya considerado un acto de “rendición” el deber de entregar los atributos del mando presidencial en 2015. De ahí su insólita negativa.
Son rasgos de su personalidad que no tienen que ver con el populismo. Un ejemplo bien concreto lo ofrece Evo Morales. El presidente boliviano dejó a un lado sus diferencias ideológicas con el ultraderechista Jair Bolsonaro y asistió a la asunción del presidente de Brasil. Los países tienen que responder a sus intereses permanentes, antes que a las ideas del momento. Y Bolivia exporta a Brasil buena parte de su producción de gas. Morales dio una lección de geopolítica.
Cristina Kirchner nunca tuvo eso tan claro. El pacto con Irán, al que calificó como una “ingenuidad” en su libro, también lo demuestra. La ex presidenta está siendo informada de las repercusiones en Cuba, donde permanecerá hasta fin de mes junto a su hija Florencia, sobre cuyo estado de salud hay versiones contrapuestas: en los tribunales de Comodoro Py sospechan de una maniobra dilatoria, mientras que en el kirchnerismo dicen que llegó a pesar solamente 37 kilos.
De ahí que un par de semanas atrás crecieran los rumores sobre un posible “renunciamiento histórico” de la ex presidenta, que ahora se acallaron con el libro, las encuestas favorables –incluso las que maneja en forma reservada el Gobierno- y la información de que mantuvo reuniones con directivos de empresas de primera línea para conocer su visión de la economía y de paso tantear cómo reaccionarían en caso de que ella vuelva a la Casa Rosada.
La ex presidenta cuenta con apoyatura sindical: el martes harán paro las dos CTA, los camioneros de Moyano y los bancarios que respaldan su candidatura. También los docentes bonaerenses al comando de Roberto Baradel. A todos ellos se los verá en un acto en Plaza de Mayo; no así a los Gordos de la CGT, que ponen sus fichas a Lavagna. Moyano pidió a los intendentes del PJ del Conurbano –asado mediante- que aporten a la concentración.

La fragilidad de Macri
El Gobierno monitorea todos los movimientos de la oposición. Incluso el Presidente se permitió elogiar el discurso de Pichetto en un paso reciente por Estados Unidos: “Es un estadista”, lo definió ante sus ministros luego de que el senador afirmara que la Argentina tiene que cumplir con el pago de la deuda y el acuerdo con el FMI. Macri quisiera que ese discurso se repita entre los radicales, pero entre ellos son notorios los cuestionamientos al rumbo económico.
El descontento de la mayoría de los argentinos con la situación económica puso al Presidente en un tobogán de popularidad que inquieta a sus aliados políticos. A tal punto, que el titular de la UCR, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, llegó a plantear el Plan V en la mesa política de Cambiemos. Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y la propia María Eugenia Vidal salieron a rechazarlo, pero la presión existe. Y se incrementará si no hay una vuelta de campana.
A esta altura de su mandato, a Macri no le es suficiente transmitir un mensaje de tranquilidad a la población –que viene haciendo malabares para llegar fin de mes y conoce de sobra cómo transitar una crisis-, sino que tiene que esforzarse para lograr que los mercados no agudicen un escenario de inestabilidad. Eso se hace con decisiones políticas internas y con gestiones en el exterior: de las primeras no hay noticias; sobre las segundas el Gobierno actúa en el campo diplomático.
Por eso el Presidente recibió a una delegación de legisladores estadounidenses encabezada por un republicano que responde a Donald Trump. Y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, viajó a Río de Janeiro para reunirse con Paulo Guedes, el hombre fuerte de la administración Bolsonaro. La tercera pata del plan de estabilización es el FMI: el Gobierno necesita que Christine Lagarde autorice una mayor intervención del Banco Central para frenar la suba del dólar.
Los analistas del mercado advierten que sería un grave error del Gobierno dejar trepar el dólar hasta el techo de $51,45 que fijó el BCRA, puesto que eso tendrá un costo inflacionario –que atentaría contra el alivio de los bolsillos que se pretende en la antesala electoral- y se profundizará la sensación colectiva de que Macri no logra controlar la situación. Los nervios de la última semana bastan para justificar esa sugerencia, de la que se hizo eco el propio Jaime Durán Barba.
El principal asesor del Gobierno sabe cómo ganar elecciones. Ya lo probó en 2015 y también en 2017. Antes lo había demostrado apuntalando la ascendente carrera política de Macri en la ciudad de Buenos Aires. Su intervención en materia económica –puertas adentro del palacio- es un presagio de que no habrá destino para el Presidente, ni para Cambiemos, si persiste la inestabilidad.

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