Las pequeñas y medianas empresas representan una abrumadora mayoría, invisible para quienes toman las decisiones gubernamentales.
Las pequeñas y medianas empresas representan una abrumadora mayoría, invisible para quienes toman las decisiones gubernamentales.
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¿Y de las pymes quién se ocupa?

Las decisiones en el ámbito de la macroeconomía no suelen acompañar a la iniciativa emprendedora de los pequeños y medianos empresarios.

En nuestro país existen 856.300 pymes, encargadas de dar empleo al 70% de la población económicamente activa. Creyendo en sí mismos y en su capacidad de generar trabajo y riqueza, esos cientos de miles de hombres y mujeres que -por necesidad o por elección- enfrentan el desafío de crear un negocio, deben sortear a su vez un segundo y más complejo obstáculo: el de sostener ese negocio en el tiempo. Efectivamente, siete de cada diez de ellos cerrará sus puertas antes del octavo año de vida.
A pesar de su relevancia para el desarrollo económico nacional, las pequeñas y medianas empresas representan una abrumadora mayoría, aparentemente invisible para quienes toman las decisiones gubernamentales. La disonancia entre sus intereses y las acciones de gobierno es evidente: las decisiones en el ámbito de la macroeconomía no suelen acompañar a la iniciativa emprendedora de los empresarios pymes; más bien todo lo contrario.
Haciendo un rápido repaso de nombres de funcionarios de gobierno, es fácil dilucidar a qué sectores de la actividad económica representan según sus experiencias previas y la formación que han recibido: las grandes empresas de los sectores financiero, energético, agrícola-ganadero, industrial y de servicios están (sobre)representadas. En varias ocasiones, esos sectores tienen intereses contrapuestos y, en no menos de ellas, esos intereses contrapuestos provocan fuertes cimbronazos hacia el interior de nuestra economía. Sin embargo, ahí están. Y siguen estando. Y de las pequeñas y medianas empresas, ¿quién se ocupa?
Dos son los elementos imprescindibles y excluyentes para que las pymes puedan reinventar diferenciales de manera constante, y así perdurar: el capital y el conocimiento. Sin embargo, muchas tienen dificultades para sostenerse en el tiempo, al no poder acceder ni a uno ni a otro. Y aunque se suele hablar de la necesidad de capital, se hace poca referencia al conocimiento, que no es algo abstracto o inalcanzable, sino práctico y concreto.
A modo de ejemplo: si una empresa sólo recurre a una de las dos formas tradicionales de fijación de precio (sumándole al costo el margen de beneficio o sondeando el precio de la competencia), se pierde la oportunidad de recurrir a una de las otras tres formas de hacerlo. El hecho de desconocer que existen, en efecto, cinco maneras de fijar un precio, representa una desventaja comparativa y, por ende, hace mermar la posibilidad de crear diferenciales para constituirse como empresa perdurable.
Se dice que el Gobierno está poblado de empresarios, pero maticemos: está poblado de grandes empresarios (o pequeños empresarios, devenidos medianos empresarios que, por su origen, nunca sufrieron de la falta de capital o conocimiento). ¿Qué funcionario del Gobierno atravesó la experiencia de atraer nuevos clientes, de construir diferenciales, de adaptarse a los nuevos patrones de la tecnología o a los cambios en los hábitos de consumo, para pagar un sueldo en las condiciones como las que un dueño pyme debe hacerlo?
Existe una conducta esperable -y deseable- por parte de los tomadores de decisión a nivel gubernamental. El Estado debe fomentar las condiciones para la creación de empresas, sin dudas, pero mucho más bregar por la perdurabilidad de las mismas. Debe tener claro que sin reinvención no hay perdurabilidad; pero también comprender que, sin conocimiento, no hay reinvención posible.
Nos encontramos en un momento propicio para reflexionar profundamente en torno a este asunto: la construcción de diferenciales es el camino para transitar la perdurabilidad. Para lograrlo, se precisa de una enérgica transmisión de información y una eficiente circulación del conocimiento entre todos los actores que conforman el sector: desde el más grande hasta el más pequeño.

(*) Fundador y CEO de Materiabiz.

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